Departamento de Economía, Trabajo y Empleo

Informe trimestral de la economía vasca

2026 - Trimestre 3

En el segundo trimestre de 2026, la economía vasca creció un 2,3% en tasa interanual, una décima más que en el trimestre anterior, y avanzó un 0,7% respecto a los tres primeros meses del año. Este resultado es más favorable que la suave desaceleración anticipada por la Dirección de Economía y muestra la resiliencia de la actividad frente a un entorno exterior que se ha vuelto más adverso por el encarecimiento de la energía, la incertidumbre comercial y el aumento de los costes de financiación. En comparación con las economías del entorno, el crecimiento vasco superó el 1,2% registrado por la zona del euro, aunque se mantuvo por debajo del 2,6% alcanzado por la economía española.

Desde la perspectiva de la oferta, la industria dejó atrás el estancamiento del trimestre anterior y retomó la débil senda de crecimiento observada durante el año 2025. Su valor añadido aumentó un 0,5% interanual, porcentaje que se elevó hasta el 0,7% en las manufacturas, gracias especialmente a los bienes de equipo y al refino de petróleo. No obstante, la actividad continúa condicionada por la fragilidad de la industria europea y el encarecimiento energético. Por su parte, la construcción moderó su crecimiento hasta el 1,7% y prolongó su tendencia de desaceleración. La edificación evolucionó mejor que la ingeniería civil, mientras que la compraventa de viviendas disminuyó un 4,1% y encadenó dos trimestres de descensos.

La evolución contenida de estas ramas fue compensada por la solidez de los servicios, que continuaron siendo el principal motor de la economía vasca. Su valor añadido aumentó un 3,0%, una décima más que en el primer trimestre. El grupo de comercio, hostelería y transporte aceleró hasta el 3,6%, favorecido por las ventas minoristas y el turismo, pese al encarecimiento de los combustibles. A su vez, el resto de los servicios avanzó un 3,2%, con una evolución especialmente favorable de las actividades profesionales, científicas y técnicas. Las actividades ligadas al sector público mostraron un ritmo más moderado, aunque todavía significativo, del 2,1%.

Por el lado de la demanda, el crecimiento volvió a descansar en la demanda interna, que aumentó un 3,3% interanual, dos décimas por debajo del ritmo registrado el trimestre precedente. Por el contrario, el saldo exterior restó cerca de un punto al crecimiento del PIB, puesto que las exportaciones aumentaron un 0,9% y las importaciones un 2,3%. Con todo, las ventas exteriores dejaron atrás tres trimestres consecutivos de caídas. En el comercio de bienes con el extranjero, las exportaciones crecieron un 2,1%, apoyadas en los combustibles minerales, los metales comunes y el plástico y caucho. Con ello, registraron su primera tasa positiva desde el primer trimestre de 2025.

Frente a esa aportación negativa del sector exterior, los componentes de la demanda interna mantuvieron una evolución sólida. El gasto en consumo final creció un 3,1%, con un aumento del 2,9% en el consumo de los hogares, a pesar del repunte de la inflación, y del 3,7% en el de las administraciones públicas. La formación bruta de capital también registró un crecimiento elevado, del 3,9%, pese a la incertidumbre y al encarecimiento de la financiación. Dentro de la inversión, la realizada en bienes de equipo aumentó un 4,5%, mientras que el resto de la inversión, que incluye la vinculada a la construcción, avanzó un 3,5%.

La fortaleza de la actividad continuó trasladándose al mercado de trabajo. Los puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo aumentaron un 1,3% interanual, la misma tasa que en el trimestre anterior. Este incremento supone la creación de más de 13.200 empleos netos durante el último año y eleva el total hasta cerca de 1.018.000, máximo de la serie histórica. La mayor parte del empleo se generó en los servicios, que crecieron un 1,7%, mientras que la construcción y la industria avanzaron un 0,9% y un 0,4%, respectivamente. Como el PIB aumentó más que el empleo, la productividad aparente del trabajo mejoró un 1,0%.

La evolución de los precios fue uno de los elementos menos favorables del periodo. En el segundo trimestre, el deflactor del PIB repuntó una décima, hasta el 2,7%, mientras que el IPC pasó del 2,7% del primer trimestre al 3,2%, y continuó acelerándose hasta alcanzar el 4,5% en agosto. Este incremento se debió fundamentalmente a la energía y los carburantes, en un contexto de retirada gradual de las medidas extraordinarias de apoyo. Por el contrario, la inflación subyacente mostró una evolución más contenida y se situó en el 2,9% durante el segundo trimestre y en el 3,3% en agosto, aunque la persistencia de las subidas en los servicios indica que las presiones internas todavía son significativas. Al mismo tiempo, los costes laborales moderaron su avance desde el 7,1% del primer trimestre hasta el 4,5% del segundo. Los incrementos retributivos fijados en los convenios registrados durante el año 2026 se situaron en el 2,9%, por debajo de la inflación media del trimestre, del 3,2%.

Con la información disponible y la actualización de las hipótesis sobre el entorno, la Dirección de Economía ha revisado al alza sus previsiones. El PIB vasco crecerá un 2,2% en 2026 y moderará su avance hasta el 1,9% en 2027 y el 1,7% en 2028, a medida que pierdan intensidad el consumo y la inversión. Por sectores, la industria cerrará 2026 con un modesto crecimiento del 0,4%, pero se recuperará en 2027 y mantendrá ese mayor dinamismo en 2028. La construcción y los servicios seguirán el perfil contrario y moderarán gradualmente sus tasas, aunque estos últimos continuarán realizando la mayor aportación al crecimiento. El empleo también perderá intensidad, desde el 1,2% de 2026 hasta el 1,0% en 2027 y el 0,9% en 2028, mientras que la tasa de paro descenderá desde el 6,8% hasta el 6,4% y el 6,0%, respectivamente.

La reciente escalada de tensión en Oriente Próximo ha provocado un alza inmediata del precio del petróleo y del gas natural, en la medida en que el conflicto afecta a una región de enorme relevancia en la exportación de productos energéticos, con especial atención al estrecho de Ormuz.

Antes de analizar las vías de impacto de este shock energético en la economía vasca, resulta conveniente poner en perspectiva algunos hechos relativos a crisis energéticas pasadas. Durante la década de los setenta, marcada por la guerra del Yom Kippur (1973) y la revolución iraní (1979), el precio del barril se multiplicó por tres, alcanzando en términos de poder adquisitivo actual unos 170 dólares, todavía por encima de los de 100 dólares por barril observados en estas primeras semanas de conflicto.

En esta misma línea, en la crisis energética más reciente el precio del gas natural ya se había multiplicado por cinco incluso antes de la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Hasta el momento, el incremento acumulado de los precios del gas ronda el 100%. Además, existían previamente fuertes presiones inflacionarias, la inflación en enero de 2022 era ya del 6%, los tipos de interés eran del 0% y existían problemas en las cadenas de suministro globales tras la reapertura de las economías tras la pandemia.

Otra cuestión relevante es que las economías desarrolladas dependen cada vez menos, en términos relativos, de los combustibles fósiles, tanto para el consumo como para el proceso productivo. No obstante, el avance de la electrificación sin sustitutos renovables también puede implicar una mayor exposición a los precios del gas natural.

Algunos estudios sugieren que, además de este último factor, determinadas mejoras institucionales han reducido las consecuencias negativas de los shocks en los precios del petróleo. En primer lugar, una menor rigidez de los salarios reales contribuiría a evitar largos periodos de estanflación. En segundo lugar, la mayor credibilidad de la política monetaria, en particular, un mejor anclaje de las expectativas de inflación al objetivo del banco central habría amortiguado estos efectos.

En lo que respecta a la economía vasca, una primera aproximación al impacto inmediato del alza de los precios del petróleo y del gas consiste en analizar su relación con el grupo de productos energéticos del IPC. Como se observa en el gráfico inferior, las fuertes variaciones en el precio del barril Brent (convertido a euros) se trasladan con menor intensidad a los precios de los productos energéticos. Esto implica una elasticidad a corto plazo inferior a la unidad, que históricamente se sitúa en torno a 0,16, es decir, cada incremento del 10% en el precio del petróleo se traduce en un aumento de algo menos del 2% en el conjunto de los precios energéticos. Aunque es cierto que, tomando una muestra más restringida, en el episodio de hace unos años la elasticidad se situó en torno al 0,30 debido al crecimiento descontrolado del precio del gas natural, algo que, hasta el momento, no ha sucedido.

De esta forma, dado que el peso de estos productos en la cesta de la compra en Euskadi es de aproximadamente el 7,9%, el IPC general aumentaría en torno a 0,13 puntos porcentuales por cada incremento del 10%. A finales de marzo, fecha de cierre de este estudio, el precio del barril fluctúa entorno al 40% por encima del nivel de febrero, lo que implicaría, solo por esta vía directa, un aumento de la inflación de cinco décimas en marzo. En este sentido, las fuertes medidas adoptadas respecto a las rebajas de IVA del 21% a 10% para la electricidad, carburantes y gas, además de los impuestos sobre la producción de energía eléctrica o el impuesto especial de hidrocarburos podrían mitigar temporalmente el impacto en los precios siendo internalizando el coste por el sector público.


La traslación de este incremento de los precios a la actividad real a corto plazo es más incierta en su magnitud. La elasticidad de la demanda de las importaciones de crudo respecto al precio es baja a corto plazo. Tras el proceso de refino, aproximadamente dos tercios de la producción se exporta, principalmente al resto del Estado, un 23% sirve a la demanda intermedia y casi un 10% termina directamente en el consumidor final y no puede rechazarse que el impacto inmediato sea diferente para cada uno de estos grupos. Además, la extensión temporal del conflicto, en ausencia de distorsiones en los precios, podría incidir en una menor demanda o una mayor sustitución de los elementos más afectados por el incremento de los precios.