Departamento de Economía, Trabajo y Empleo

Informe anual 2025

Presentación de Mikel Torres

El año 2025 fue un año exigente para Euskadi. Nuestra economía tuvo que desenvolverse en un contexto internacional marcado por la incertidumbre geopolítica, el aumento del proteccionismo, la debilidad de la industria europea y la persistencia de tensiones en precios todavía visibles para las familias y las empresas. No fue, por tanto, un ejercicio sencillo. Las reglas del comercio internacional se volvieron más inciertas, los principales mercados europeos mantuvieron una evolución débil y la industria vasca afrontó un entorno exterior poco favorable. Aun así, la economía vasca volvió a demostrar capacidad de resistencia, adaptación y avance.

El PIB real creció un 2,3% en 2025 y el empleo alcanzó registros históricos, confirmando que Euskadi mantuvo una senda de crecimiento estable en un escenario complejo. Esa evolución positiva no fue fruto de la inercia, sino de una base económica sólida y de una respuesta colectiva basada en el esfuerzo de las empresas, las personas trabajadoras, las instituciones y el conjunto de la sociedad vasca. La demanda interna sostuvo el crecimiento, apoyada en el consumo de los hogares, en la recuperación de la inversión y en una mejora progresiva de las condiciones financieras. Los servicios y la construcción contribuyeron de forma decisiva al avance de la actividad, mientras que la industria, pese a su debilidad coyuntural, siguió siendo un elemento esencial de nuestro modelo económico y uno de los ámbitos donde se concentran los principales retos de competitividad, innovación y productividad.

El mercado de trabajo fue uno de los principales activos de 2025. Euskadi siguió creando empleo, superó por primera vez el millón de personas ocupadas según la PRA y redujo la tasa de paro hasta el 6,4%, en niveles ya muy próximos a los de la zona euro. También las cuentas económicas de Eustat situaron el empleo equivalente a tiempo completo en el registro más elevado de la serie. Estos datos reflejan una economía capaz de generar oportunidades, pero también nos recuerdan que el reto del empleo está cambiando: ya no se trata solo de crear más puestos de trabajo, sino de preparar el talento que Euskadi necesitará en los próximos años, mejorar la adecuación entre formación y necesidades empresariales, acompañar el relevo generacional y reforzar la calidad del empleo.

El informe muestra también que el crecimiento debe analizarse siempre desde la perspectiva de la cohesión. La inflación se moderó, pero no desaparecieron todas las presiones sobre los hogares, especialmente en energía, alimentos no elaborados y determinados servicios. Al mismo tiempo, los indicadores sociales de pobreza y desigualdad recuerdan que Euskadi mantiene una posición comparativamente favorable, pero que persisten vulnerabilidades muy concretas en hogares con menores, familias monoparentales y población extranjera. Por eso, el crecimiento económico solo es plenamente satisfactorio si se traduce en empleo de calidad, mejores oportunidades, protección frente a la vulnerabilidad y capacidad real de progreso para el conjunto de la ciudadanía.

De cara a los próximos años, las previsiones apuntan a una etapa de crecimiento más moderado. El PIB real avanzaría un 1,9% en 2026 y se situaría después en tasas próximas al 1,6%-1,7% anual hasta 2030. Este escenario obliga a actuar con visión de medio plazo. Euskadi deberá sostener la inversión, reforzar su productividad, mejorar la competitividad de su industria, aprovechar mejor la innovación y la tecnología, y responder al reto demográfico desde la formación, la cualificación y la integración laboral. La transformación de Lanbide, la orientación hacia el talento y la conexión entre personas y empresas serán piezas fundamentales para afrontar una década en la que el reemplazo generacional y las nuevas necesidades productivas tendrán un peso decisivo.

El balance de 2025 es, por tanto, positivo, pero también exigente. Euskadi creció, creó empleo, mantuvo una posición fiscal sólida y siguió demostrando capacidad para responder a un entorno adverso. Pero el informe apunta con claridad hacia los desafíos que tenemos por delante: crecer más y mejor, ganar productividad, fortalecer nuestra industria, consolidar empleo de calidad y garantizar que el progreso económico llegue al conjunto de la sociedad. Ese es el compromiso que guía la acción del Departamento de Economía, Trabajo y Empleo: impulsar una economía competitiva, inclusiva y arraigada en Euskadi, capaz de afrontar la incertidumbre sin renunciar a la cohesión social ni al bienestar.

Mikel Torres Lorenzo
Vicelehendakari Segundo y Consejero de Economía, Trabajo y Empleo
Gobierno Vasco
Síntesis de la economía vasca

La economía mundial mantuvo en 2025 un tono expansivo, aunque en un entorno más incierto que el de los años anteriores. El crecimiento global se mantuvo estable en el 3,4%, apoyado en la resistencia de la demanda, la mejora gradual de las condiciones financieras y el dinamismo de algunas actividades vinculadas a la tecnología. Sin embargo, ese avance convivió con un fuerte aumento de la incertidumbre comercial, derivado principalmente del giro arancelario de Estados Unidos, que alteró las decisiones de producción, comercio e inversión de muchas empresas. Parte del crecimiento del comercio mundial respondió, de hecho, al adelantamiento de exportaciones antes de la entrada en vigor de nuevos aranceles, por lo que la recuperación de los intercambios debe interpretarse con cautela. Las exportaciones mundiales de mercancías crecieron un 4,7% y las importaciones un 4,4%, pero con un comportamiento muy desigual por áreas: Asia y Oriente Próximo fueron las zonas más dinámicas, mientras que Europa volvió a mostrar una evolución mucho más débil, especialmente en el ámbito industrial.

Por grandes bloques, las economías emergentes siguieron creciendo a ritmos superiores a los de las economías avanzadas, con China manteniendo un crecimiento elevado, aunque todavía muy apoyado en el sector exterior, e India como una de las grandes economías más dinámicas. Entre las economías avanzadas, Estados Unidos volvió a crecer por encima de Europa, aunque con una cierta desaceleración respecto al año anterior, mientras que la zona del euro mejoró de forma moderada, sin abandonar una situación de fragilidad. España volvió a destacar dentro del entorno europeo, con un crecimiento claramente superior al promedio del área, apoyado en la demanda interna, el empleo y la inversión. En conjunto, 2025 fue un año de crecimiento sostenido, pero condicionado por la debilidad industrial europea, las tensiones comerciales y una incertidumbre geopolítica que siguió limitando la visibilidad del ciclo económico.

En ese contexto, la economía vasca mantuvo una trayectoria positiva. El PIB real creció un 2,3%, una décima más que en 2024, lo que confirma una fase de avance moderado, pero estable, una vez agotado el impulso extraordinario asociado a la recuperación posterior a la pandemia. Desde una perspectiva cíclica, el crecimiento efectivo se situó muy próximo al crecimiento potencial, estimado también en el 2,3%, por lo que la brecha de producción se mantuvo prácticamente estable y en terreno positivo. En términos nominales, el PIB alcanzó los 103.156,6 millones de euros, un 5,0% más que en 2024, el menor incremento de los últimos cuatro años, en un contexto de mayor moderación de los precios respecto a los ejercicios de mayor tensión inflacionista.



Desde el punto de vista de la oferta, el crecimiento de la actividad económica volvió a apoyarse fundamentalmente en los servicios, mientras que la industria mantuvo un comportamiento débil. El sector servicios incrementó su valor añadido real un 2,8%, apenas una décima menos que en 2024, y volvió a ser el principal motor de la actividad y del empleo. Dentro del sector, destacaron el comercio, la hostelería y el transporte, con un crecimiento del 3,3%, y el resto de servicios, que avanzó un 2,9%, en tanto que las actividades vinculadas a la administración pública, la educación, la sanidad y los servicios sociales mostraron un perfil más moderado. La construcción también registró un comportamiento favorable, con un aumento del valor añadido del 3,7%, apoyado en la recuperación de la actividad y en una mejora de la productividad, aunque la oferta residencial siguió mostrando limitaciones, con descensos tanto en las viviendas iniciadas como en las terminadas.

La industria, por el contrario, solo creció un 0,4% en términos reales, en un entorno condicionado por la debilidad de los principales mercados europeos, el aumento de las barreras comerciales y la incertidumbre asociada a la política arancelaria estadounidense. Aunque el sector consiguió situarse ligeramente por encima del nivel de actividad previo a la pandemia, el empleo industrial continuó por debajo de los registros de 2019 y la productividad apenas avanzó un 0,1%. La producción industrial mostró un perfil heterogéneo: las ramas más vinculadas a la inversión resistieron mejor, mientras que actividades relevantes como la metalurgia, los productos metálicos, la química o el refino registraron descensos. Este comportamiento confirma que la industria vasca cerró 2025 todavía inmersa en una coyuntura compleja, muy condicionada por la atonía industrial europea y por la debilidad de la demanda exterior.



Por el lado de la demanda, la demanda interna volvió a ser el principal soporte del crecimiento y compensó la aportación negativa del sector exterior. El consumo privado aumentó un 2,7%, ligeramente por encima del registro de 2024, favorecido por la creación de empleo, el aumento de las rentas salariales, la moderación gradual de la inflación y el descenso de los tipos de interés. El consumo público, en cambio, moderó su ritmo hasta el 1,7%, reflejando la retirada progresiva del impulso extraordinario de los años anteriores. La formación bruta de capital aceleró hasta el 4,0%, con un avance algo mayor de la inversión en bienes de equipo, que creció un 4,3%, y una evolución también positiva del resto de la inversión, que aumentó un 3,8%. Esta mejora de la inversión se produjo en un contexto financiero menos restrictivo y con apoyo de los proyectos vinculados al Mecanismo de Recuperación y Resiliencia.

La demanda externa, en cambio, restó seis décimas al crecimiento del PIB. Este resultado refleja que el dinamismo de la demanda interna impulsó las importaciones con más intensidad que las exportaciones, en un contexto en el que la economía vasca siguió acusando la debilidad de sus principales mercados exteriores, especialmente europeos. La evolución del comercio exterior se vio además condicionada por la reordenación de flujos comerciales internacionales y por una competencia más intensa en algunos mercados industriales. Por tanto, a diferencia de otros ejercicios en los que el saldo exterior tuvo un comportamiento más neutral, en 2025 volvió a actuar como freno parcial al crecimiento, aunque sin alterar el tono expansivo general de la economía vasca.



El crecimiento de la actividad volvió a trasladarse al mercado laboral, aunque con una intensidad algo más moderada que en ejercicios anteriores. Tomando como referencia las cuentas económicas de Eustat, el empleo total aumentó un 1,4% en 2025 y alcanzó los 998.931 puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo, el registro más elevado de la serie. Además, en el cuarto trimestre se superó por primera vez el millón de puestos equivalentes a tiempo completo. Por sectores, los servicios continuaron concentrando la mayor parte del avance, con un incremento del empleo del 1,7%, mientras que la construcción recuperó dinamismo y creció un 1,9%. En cambio, la industria mostró un comportamiento mucho más contenido, con un aumento de apenas el 0,3%, coherente con la debilidad de su actividad, y el sector primario volvió a reducir empleo, aunque de forma moderada. La PRA de Eustat confirma esta evolución favorable del mercado laboral: la ocupación aumentó un 1,3% y superó por primera vez el millón de personas ocupadas, mientras que la tasa de paro descendió hasta el 6,4%, con descensos tanto entre los hombres como entre las mujeres.

En materia de precios, 2025 confirmó la moderación del deflactor del PIB, que pasó del 2,8% en 2024 al 2,6%. La desaceleración se explicó principalmente por el menor avance de los precios en los servicios y en la construcción, cuyos deflactores descendieron al 2,3% y al 2,4%, respectivamente. En cambio, la industria registró un repunte del deflactor hasta el 1,7%, en línea con el aumento de algunos precios energéticos e intermedios. El IPC medio anual se situó en el 3,0%, prácticamente en línea con el 3,1% del año anterior, pero todavía por encima del objetivo del 2,0%. La inflación subyacente mostró una evolución más favorable, al descender hasta el 2,6%, gracias a la moderación de los bienes industriales y de los alimentos elaborados, aunque los servicios mantuvieron tasas todavía elevadas. La inflación residual, por su parte, repuntó hasta el 5,2%, impulsada por la energía y los alimentos no elaborados.

En este contexto, la productividad aparente del factor trabajo volvió a mejorar, aunque de forma limitada. El PIB real creció por encima del empleo, lo que permitió una nueva ganancia de productividad, aunque algo inferior a la registrada en 2024, pero todavía condicionada por la debilidad industrial. El contraste sectorial fue significativo: la construcción registró una mejora de la productividad del 1,8% y los servicios del 1,0%, mientras que la industria apenas avanzó un 0,1%. Esta evolución pone de manifiesto que la economía vasca mantiene capacidad para generar actividad y empleo, pero que la mejora de la productividad sigue dependiendo en buena medida de la recuperación de la industria y de su adaptación a un entorno internacional más competitivo e incierto.

Las previsiones para los próximos años apuntan a una moderación gradual del crecimiento de la economía vasca, en línea con el escenario previsto para las economías del entorno. Tras el avance de 2025, el PIB real crecería un 1,9% en 2026 y se situaría posteriormente en tasas próximas al 1,7% en 2027 y 2028, para acercarse al 1,6% al final del horizonte de proyección. Este menor dinamismo se producirá en un contexto de creación de empleo más contenida, con incrementos que pasarían del 1,1% en 2026 al entorno del 0,8% en los últimos años del periodo. La tasa de paro se mantendría ligeramente por encima del 6% durante buena parte del horizonte, aunque descendería hasta el 5,7% en 2030, mientras que la productividad aparente del trabajo avanzaría a ritmos moderados, cercanos al 0,8%-0,9% anual.

Desde la óptica de la demanda, el crecimiento seguirá descansando fundamentalmente en la demanda interna. El consumo privado continuará siendo el componente con mayor aportación al PIB, mientras que el consumo público mantendrá una contribución más estable y la formación bruta de capital permanecerá en niveles relativamente elevados, en torno al 24,5% del PIB, impulsada sobre todo por la inversión en equipo. En cambio, la demanda externa mantendría una aportación negativa a lo largo del horizonte de previsión, condicionada por unos flujos comerciales globales contenidos, especialmente en bienes, y por la pérdida de cuota europea en los mercados de exportación. No obstante, hacia el final del periodo podrían recuperarse algunas ganancias de competitividad en el saldo con el resto del mundo, aunque el saldo con el resto del Estado seguiría mostrando una contribución negativa.