Departamento de Economía, Trabajo y Empleo

Informe trimestral de la economía vasca

2026 - Trimestre 2

En el primer trimestre de 2026, la economía vasca creció un 2,2% en tasa interanual, lo que supone una ligera desaceleración respecto al trimestre anterior, aunque mantiene un tono de crecimiento sólido. En términos intertrimestrales, el avance se situó en el 0,5%, en el mismo nivel que el trimestre previo, en un contexto marcado por el incremento de la incertidumbre internacional tras el estallido del conflicto en Oriente Próximo. Esta tasa coincide con la previsión de la Dirección de Economía, pese al cambio brusco del entorno. En comparación con otras economías europeas, el dinamismo relativo de Euskadi sigue siendo elevado, apoyado en la fortaleza de la demanda interna, frente a una zona del euro que muestra una marcada debilidad.

Desde el punto de vista de la oferta, la industria volvió a mostrar el comportamiento más desfavorable, con una ligera caída interanual y un deterioro más acusado en términos intertrimestrales, especialmente en las manufacturas. Esta evolución se enmarca en un contexto de debilidad de la demanda exterior, que afecta a los bienes de equipo e intermedios, y en un entorno de incertidumbre que sigue condicionando la actividad industrial. Los principales indicadores coyunturales prolongan este tono negativo, aunque con alguna señal puntual de mejora reciente.

Por su parte, la construcción mantuvo un crecimiento interanual positivo, aunque evidenció una desaceleración mayor de la anticipada y un retroceso respecto al trimestre anterior. Esta evolución responde al peor comportamiento de la ingeniería civil, no compensado por la mayor resistencia de la edificación, en un contexto además de repunte de costes. En contraste, los servicios consolidaron su papel como principal motor del crecimiento, con un avance cercano al 3% y una evolución estable. Destacó el dinamismo del comercio, la hostelería y el resto de servicios de mercado, mientras que las actividades públicas mantuvieron un crecimiento más contenido. En conjunto, se mantiene el patrón reciente, con los servicios sosteniendo el crecimiento frente a la debilidad industrial y la moderación de la construcción.

Desde la perspectiva de la demanda, el crecimiento se apoyó de forma clara en la demanda interna, que se aceleró hasta el 3,5%, compensando el deterioro del sector exterior, cuya aportación negativa ascendió a 1,3pp. Dentro de la demanda interna, el consumo de los hogares continuó siendo el principal soporte, con un incremento del 2,7%, en línea con los registros recientes y favorecido por la evolución del empleo. La inversión también mostró un comportamiento dinámico, con una tasa del 4,8%, impulsada principalmente por los bienes de equipo, aunque su moderado crecimiento intertrimestral sugiere una posible pérdida de impulso asociada al aumento de la incertidumbre. El consumo público destacó por su intensidad, con un incremento del 4,1%, vinculado al aumento del gasto de personal. En cuanto al sector exterior, las exportaciones registraron una caída del 1,4%, mientras que las importaciones crecieron un 0,5%, lo que dio lugar a una contribución negativa significativa.

El mercado de trabajo, por su parte, mantuvo una evolución favorable. El empleo, medido en puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo, aumentó un 1,3% interanual, lo que supone la creación de más de 12.400 empleos en el último año y permite consolidar el nivel por encima del millón de puestos de trabajo. El crecimiento se concentró en los servicios, mientras que la construcción también aportó de forma positiva y la industria registró una ligera caída del empleo. La tasa de paro descendió hasta el 6,7%, tres décimas menos que un año antes, en un contexto de aumento de la población activa, especialmente entre las mujeres, y de mejora progresiva de la ocupación. En concreto, la ocupación de las mujeres mostró un mayor dinamismo, con un avance del 2,6% interanual, frente al 1,2% registrado por los hombres, lo que permitió elevar la tasa de ocupación de las mujeres y avanzar en la convergencia con los hombres. Asimismo, la tasa de paro de las mujeres se redujo hasta el 6,9%, mientras que la de los hombres descendió hasta el 6,6%, acortándose la brecha entre ambos.

En lo referente a los precios, los indicadores muestran una evolución contenida en el inicio del año, aunque con un repunte en los meses más recientes. La inflación se situó en el 2,7% en el primer trimestre y aumentó hasta el 3,2% en mayo, impulsado por el encarecimiento de los carburantes y la persistencia al alza los precios de los servicios. La inflación subyacente también repuntó moderadamente, lo que apunta a una cierta extensión de las presiones inflacionistas. Por su parte, el deflactor del PIB se mantuvo estable en el entorno del 2,6%, con comportamientos diferenciados por componentes. En este contexto, la evolución futura de la inflación presenta un elevado grado de incertidumbre, condicionado en parte por la retirada progresiva de las medidas de apoyo sobre los precios energéticos.

Finalmente, la evolución de los costes laborales muestra una clara aceleración. El coste laboral total creció un 7,1% interanual en el primer trimestre, impulsado principalmente por los costes salariales, aunque con un peso relevante de componentes no ordinarios. El coste salarial ordinario creció a un ritmo inferior (4,6%) pero superior a la inflación, lo que permitió una ligera ganancia de poder adquisitivo. Este incremento fue especialmente intenso por hora trabajada (8,6%) debido a la reducción de las horas efectivas.

En cuanto a las previsiones macroeconómicas, con la información coyuntural disponible y las nuevas hipótesis sobre el entorno, la Dirección de Economía mantiene la estimación de crecimiento del PIB para 2026 en el 1,9% y revisa ligeramente al alza la correspondiente a 2027 hasta el 1,7%. Esta revisión para 2027 responde fundamentalmente a la expectativa de un escenario exterior algo más favorable, con una mejora del crecimiento de las economías europeas, que reduciría el impacto negativo del sector exterior. El crecimiento seguirá apoyándose principalmente en la demanda interna, mientras que el mercado laboral mantendrá un avance moderado, con incrementos del empleo del 1,1% en 2026 y del 0,9% en 2027, que supondrán la creación de aproximadamente 11.000 y 9.000 puestos de trabajo, respectivamente.

La reciente escalada de tensión en Oriente Próximo ha provocado un alza inmediata del precio del petróleo y del gas natural, en la medida en que el conflicto afecta a una región de enorme relevancia en la exportación de productos energéticos, con especial atención al estrecho de Ormuz.

Antes de analizar las vías de impacto de este shock energético en la economía vasca, resulta conveniente poner en perspectiva algunos hechos relativos a crisis energéticas pasadas. Durante la década de los setenta, marcada por la guerra del Yom Kippur (1973) y la revolución iraní (1979), el precio del barril se multiplicó por tres, alcanzando en términos de poder adquisitivo actual unos 170 dólares, todavía por encima de los de 100 dólares por barril observados en estas primeras semanas de conflicto.

En esta misma línea, en la crisis energética más reciente el precio del gas natural ya se había multiplicado por cinco incluso antes de la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Hasta el momento, el incremento acumulado de los precios del gas ronda el 100%. Además, existían previamente fuertes presiones inflacionarias, la inflación en enero de 2022 era ya del 6%, los tipos de interés eran del 0% y existían problemas en las cadenas de suministro globales tras la reapertura de las economías tras la pandemia.

Otra cuestión relevante es que las economías desarrolladas dependen cada vez menos, en términos relativos, de los combustibles fósiles, tanto para el consumo como para el proceso productivo. No obstante, el avance de la electrificación sin sustitutos renovables también puede implicar una mayor exposición a los precios del gas natural.

Algunos estudios sugieren que, además de este último factor, determinadas mejoras institucionales han reducido las consecuencias negativas de los shocks en los precios del petróleo. En primer lugar, una menor rigidez de los salarios reales contribuiría a evitar largos periodos de estanflación. En segundo lugar, la mayor credibilidad de la política monetaria, en particular, un mejor anclaje de las expectativas de inflación al objetivo del banco central habría amortiguado estos efectos.

En lo que respecta a la economía vasca, una primera aproximación al impacto inmediato del alza de los precios del petróleo y del gas consiste en analizar su relación con el grupo de productos energéticos del IPC. Como se observa en el gráfico inferior, las fuertes variaciones en el precio del barril Brent (convertido a euros) se trasladan con menor intensidad a los precios de los productos energéticos. Esto implica una elasticidad a corto plazo inferior a la unidad, que históricamente se sitúa en torno a 0,16, es decir, cada incremento del 10% en el precio del petróleo se traduce en un aumento de algo menos del 2% en el conjunto de los precios energéticos. Aunque es cierto que, tomando una muestra más restringida, en el episodio de hace unos años la elasticidad se situó en torno al 0,30 debido al crecimiento descontrolado del precio del gas natural, algo que, hasta el momento, no ha sucedido.

De esta forma, dado que el peso de estos productos en la cesta de la compra en Euskadi es de aproximadamente el 7,9%, el IPC general aumentaría en torno a 0,13 puntos porcentuales por cada incremento del 10%. A finales de marzo, fecha de cierre de este estudio, el precio del barril fluctúa entorno al 40% por encima del nivel de febrero, lo que implicaría, solo por esta vía directa, un aumento de la inflación de cinco décimas en marzo. En este sentido, las fuertes medidas adoptadas respecto a las rebajas de IVA del 21% a 10% para la electricidad, carburantes y gas, además de los impuestos sobre la producción de energía eléctrica o el impuesto especial de hidrocarburos podrían mitigar temporalmente el impacto en los precios siendo internalizando el coste por el sector público.


La traslación de este incremento de los precios a la actividad real a corto plazo es más incierta en su magnitud. La elasticidad de la demanda de las importaciones de crudo respecto al precio es baja a corto plazo. Tras el proceso de refino, aproximadamente dos tercios de la producción se exporta, principalmente al resto del Estado, un 23% sirve a la demanda intermedia y casi un 10% termina directamente en el consumidor final y no puede rechazarse que el impacto inmediato sea diferente para cada uno de estos grupos. Además, la extensión temporal del conflicto, en ausencia de distorsiones en los precios, podría incidir en una menor demanda o una mayor sustitución de los elementos más afectados por el incremento de los precios.