Departamento de Medio Ambiente, Planificación Territorial y Vivienda

Educación ambiental - Ríos y arroyos

INGLÉS

Una corriente natural de agua que fluye con continuidad y desemboca en otra, en un lago o en el mar. Ésta es la definición que aparece en los diccionarios sobre un elemento natural que quizá sentimos cercano pero que la mayoría no conocemos en profundidad. Los ríos son mucho más que esa corriente, sus cauces sirven como medio de vida para numerosos seres vivos y funcionan, además, como medio de transporte para muchos otros, entre ellos, el ser humano.

Los ríos son un patrimonio de naturaleza que, más allá de desempeñar unas funciones naturales y proporcionarnos agua, son también un bien de interés común y un activo ecosocial. Decía Miguel de Unamuno que "los ríos son el alma del paisaje". Ciertamente los ríos son parte consustancial del alma de los territorios y un punto de referencia en la memoria sentimental de las personas. Los ríos han sido objeto de querencia, por parte del ser humano, desde que éste habita el planeta del agua, la Tierra. Inicialmente los ríos y sus aguas fueron considerados parte integrante del modo de vida de las primeras culturas, muchas de las cuales llegaron a divinizar la bondad de un recurso natural por el que sentían un profundo y místico respeto. El río saciaba la sed, aportaba el alimento y facilitaba el transporte de personas y mercancías por su cauce.

Después, con la aparición de la agricultura, se iniciarían las primeras presiones sobre el bosque de ribera, que en muchos casos comienza a ser deforestado para utilizar las fértiles vegas fluviales. Con el desarrollo de la tecnología agraria, especialmente la asociada al regadío, diversas obras (azudes, canales de riego, acueductos, etc.) van a ir contribuyendo a incrementar los usos del río, especialmente el aprovechamiento de sus aguas, aumentando las presiones y la degradación sobre el ecosistema fluvial. A todo ello debemos añadir la utilización del río como fuente de energía que ha sido una constante a lo largo de la historia de la humanidad, surgiendo un importante legado de infraestructura hidráulica que cambiará el paisaje fluvial: molinos, canales de derivación, batanes, ferrerías y, más tarde, minicentrales hidroeléctricas.

En las últimas décadas el desarrollo socioeconómico, a la vez que ha provocado un progresivo deterioro de la calidad ambiental del medio hídrico, también ha ido diluyendo las vinculaciones que, tradicionalmente, el ser humano ha tenido con los ríos. Se han incrementado los tradicionales usos del río generando importantes afecciones que han desencadenado considerables impactos y han degradado la salud de los ecosistemas fluviales. Al aprovechamiento del río como fuente de recursos (agua, pesca, caza, leña, lavadero, baño y paseo, etc.), medio de transporte y fuente de energía, se ha sumado la función de ser receptor de los desechos que producimos, especialmente, los vertidos domésticos, industriales y agrícolas-ganaderos, muchos de ellos insuficientemente depurados. También las alteraciones hidromorfológicas, la extracción abusiva de caudales, la fragmentación de los cauces por la construcción de presas y azudes, la desaparición del bosque de ribera, la proliferación de especies invasoras, junto con la ocupación de los cauces y las vegas de inundación, han contribuido al deterioro ambiental de los ríos. Y lo peor es que a este panorama desolador hemos llegado casi sin darnos cuenta, perdiendo patrimonios de naturaleza que generan felicidad y que contribuyen al bienestar del ser humano.

Los ríos necesitan agua, sedimentos, crecidas fluviales, espacio y tiempo para ir construyéndose a sí mismos. Y, además, es preciso aplicar medidas que contribuyan a mejorar su estado de salud y alcanzar los objetivos ambientales establecidos en la Directiva Marco del Agua (2000/60/CE). En primer lugar, aplicando medidas que permitan mejorar la calidad de las aguas estableciendo las infraestructuras, que sean necesarias, en materia de saneamiento y depuración. En segundo lugar, se debe frenar el deterioro adoptando medidas de restauración y mejora del estado de las riberas de los ríos y llevando a cabo actuaciones que permitan permeabilizar obstáculos que impiden la migración de la fauna piscícola. En tercer lugar, debemos garantizar abastecimientos seguros y saludables pero también debemos compartir el agua con el ecosistema y, por eso, es preciso establecer medidas para el cumplimiento de los regímenes de caudales ecológicos. Y, en cuarto lugar, la consideración de las crecidas fluviales, fenómenos naturales propios de la dinámica de los ríos que no pueden evitarse, lleva a la necesidad de establecer medidas para la gestión de las avenidas y los episodios de inundación. Para ello, será preciso combinar actuaciones estructurales en los núcleos urbanos consolidados con medidas no estructurales, ordenación de los usos del suelo en las llanuras de inundación y buenos sistemas de prevención y alerta hidrológica.

La clave para instaurar una gestión sostenible del agua y los ríos radica en la búsqueda de un equilibrio entre los usos económico-productivos, el mantenimiento de su función de naturaleza y la salvaguarda y puesta en valor de sus aspectos culturales, lúdicos, escénicos, emotivos, emocionales y estéticos. Valores que, hasta ahora, han escapado a la visión de la hidrología clásica. Es preciso, además, fomentar la educación y la sensibilización ambiental, en materia de aguas, para un cambio de paradigma que permita sentar las bases de un nuevo modelo que deje de devorar el medio natural y cuyo reto sea la conservación. Sin conservación la sostenibilidad es, sencillamente, una entelequia. Sólo desde este principio y apostando por la protección del medio hídrico podremos construir un futuro más sostenible, para nosotros y para las generaciones venideras, donde los ríos sigan siendo lo que siempre han sido, ríos.

Víctor Peñas Sánchez

Dr. Geógrafo. 
Agencia Vasca del Agua

Casi tres décadas separan estas imágenes, tomadas ambas en Euskadi, y como se puede comprobar, poco parece que haya cambiado la situación respecto a las inundaciones. Hoy en día tenemos diversidad de sistemas predictivos totalmente eficientes y grandes posibilidades a la hora de construir infraestructuras que nos facilitan enormemente la prevención de estos fenómenos meteorológicos. Aun así, según corroboran las fotografías, todavía quedan cosas por hacer, ¿serías capaz de proponer alguna iniciativa que creas conveniente para evitar las inundaciones y con ella los problemas y pérdidas que generan?

Entre toda la clase puede que resulte más fácil. ¿Has oído hablar de la palabra 'brainstorming'? Se trata de una lluvia o tormenta de ideas, una herramienta muy utilizada por profesionales de muchas áreas que nos va a permitir elaborar más y mejores propuestas trabajando en grupo. Vamos a ponerlo en práctica: ¿qué podríamos hacer, personas, colectivos, instituciones, etc. para prevenir las inundaciones en nuestros pueblos y ciudades? Cada persona debe aportar las acciones que cree que serían convenientes para resolver este problema. Será necesario, asimismo, que una de ellas asuma la secretaría del grupo y apunte en un cuaderno o en la pizarra todas las propuestas.

Seguro que han surgido numerosas ideas y para poner en marcha muchas de ellas tan sólo es necesario un pequeño esfuerzo individual, como clase, como centro... quizá podamos aportar nuestro granito de arena. Piénsalo.

¿Y todas las demás ideas? ¿Esas que sólo son posibles con la colaboración o el trabajo de nuestro ayuntamiento o diputación? Para que no se queden en eso, sólo en ideas, tenemos la oportunidad de hacérselas llegar a los responsables de las administraciones. Plasmarlas en una carta no nos costará trabajo y aportará a nuestro proyecto una gran difusión y, quién sabe, la posibilidad de ser llevado a cabo. Con ello, habremos logrado, además, echar una mano a nuestros municipios.

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