El Observatorio Europeo de Sistemas de Salud (entidad apoyada por la OMS) publica un análisis de los mitos asociados a las consecuencias problemáticas del envejecimiento de la población y la amenaza de este fenómeno demográfico para la sostenibilidad de las sociedades en general y de los sistemas de salud en particular.
La publicación, con afán de inspirar una reformulación de las consecuencias económicas del envejecimiento de la población, recoge de manera sintética la evidencia internacional sobre los efectos del envejecimiento poblacional y los desafíos que plantea para las sociedades actuales al objeto de proceder a desarmar a los tres grandes mitos que proyectan el envejecimiento poblacional como desafío a la sostenibilidad.
El envejecimiento poblacional, ¿por qué se proyecta como un problema?
El estudio sostiene que, pese a que el envejecimiento poblacional es el resultado del crecimiento económico, la atención médica, la salud pública y la política social, con frecuencia se presenta como un fenómeno fiscalmente insostenible y que genera una narrativa de conflicto intergeneracional sobre las prioridades del gasto público.
De hecho, por no pocos/as analistas y responsables políticos/as, el envejecimiento como triunfo de la política pública del siglo XX y triunfo en la historia de la humanidad, es interpretado como un problema que se asocia a las exigencias del cuidado de las personas mayores, convertidas en una carga sobre la fuerza de trabajo formal e informal.
Según esta publicación, pese a la carencia de evidencia que demuestre la condición de carga del envejecimiento, y particularmente de los sistemas de salud y de cuidados de larga duración para las economías, el debate político asume el conflicto intergeneracional y se aleja de un escenario de políticas de ganar-ganar. En esta línea, y pese a la diversidad de políticas de envejecimiento y atención a la salud en Europa, varios son los mitos que sostienen la narrativa del conflicto intergeneracional.
Los argumentos que respaldan estos mitos enfatizan cómo el aumento de los costos de atención médica, combinado con un número cada vez menor de trabajadores/as productivos/as dejará a los gobiernos con menos ingresos generados a través de los impuestos y posiblemente sin la mano de obra necesaria para cuidar a las personas mayores. El resultado temido: un juego de suma cero en el presente donde la ganancia de una generación es la pérdida de otra y, a largo plazo, todos/as empeoran. Este pensamiento común se basa en tres supuestos erróneos al defender que apoyar hoy a las personas mayores de manera equitativa tiene un costo para el futuro colectivo con la asunción de que: 1. Existe una compensación necesaria entre el gasto en salud relacionado con la edad y el gasto en otras prioridades; 2. Las/los votantes mayores votan en función de intereses homogéneos moldeados por su edad en oposición a otros temas como la riqueza, el género, la educación, el origen étnico, la religión, etc.; y 3. Los/as políticos/as presentan políticas en respuesta a sus intereses de acuerdo con lo que se ha denominado “elección pública” o “contabilidad intergeneracional”.
Los tres grandes mitos sobre el envejecimiento y su insostenibilidad para la sociedad y los sistemas de salud y cuidados son:
1. El mito de la insostenibilidad, divulgado pese a la escasez de evidencia empírica que respalde la afirmación de que los sistemas de salud en las sociedades que envejecen son insostenibles. Según este estudio, los costes de la atención a la salud asociados al envejecimiento son relativamente pequeños y pueden reducirse con una política reequilibrada adecuada. Además, las personas mayores contribuyen a la sociedad de muchas maneras, incluso proporcionando una enorme cantidad de trabajo no remunerado en funciones de cuidado (el valor social del cuidado), por ejemplo, u otras contribuciones a la sociedad civil.
La investigación evidencia que los costes del envejecimiento de la población no son tan altos como comúnmente se piensa, y son manejables sin reducir la disponibilidad de servicios para satisfacer las necesidades de las personas mayores. Incluso en el caso de los servicios de cuidados de larga duración, empleados fundamentalmente por personas mayores, los niveles de gasto actuales son bajos. De ahí que incluso con grandes aumentos relativos en el gasto a medida que la población envejece, es probable que estos solo representen aumentos moderados en los gastos en términos absolutos.
En lo que se refiere al gasto en salud, este aumenta para las personas de todas las edades en el período de tiempo antes de fallecer, generalmente por el aumento de las hospitalizaciones y las necesidades de atención (junto con las tendencias culturales hacia los servicios que apuntan a curar enfermedades y prolongar la vida en lugar de mejorar la calidad de vida). Por el contrario, la mala salud entre las personas adultas mayores influye negativamente en las tendencias del gasto en salud y, por lo tanto, lo mejor para las sociedades es invertir en aumentar la cantidad de años de vida saludables que tienen las personas adultas mayores para que puedan convertirse en parte de las personas adultas mayores con buena salud.
2. El mito de la generación egoísta sostiene que las personas mayores apoyan la obtención de mayores beneficios para sí mismos a expensas de las generaciones más jóvenes. Es decir, que las personas mayores apoyan políticas que solo les favorecen, impidiendo la inversión en políticas que beneficien a personas y generaciones más jóvenes.
El estudio defiende que entre las personas mayores votantes existe heterogeneidad y el hecho de envejecer no les hace cambiar automáticamente de orientaciones políticas ni tampoco les convierte en personas particularmente egoístas. La edad es una división política difícil de movilizar y poco estable (de ahí que los partidos políticos de personas jubiladas sean marginales y de corta duración en el tiempo). El/la votante mayor/de edad avanzada no proyecta su voto desde su edad, máxime cuando las familias son núcleo de transferencias intergeneracionales de dinero y trabajo (cuidados, herencias, obsequios, etc.). La narrativa de una “generación egoísta”, que impone su voluntad política y evita/condiciona inversiones en políticas sociales que benefician a otros grupos, es en gran medida resultado de la imaginación colectiva.
Las personas mayores, en general, experimentan el mismo tipo de desigualdades y heterogeneidad que se detectan en otras edades. El estudio pone de manifiesto que la desigualdad entre generaciones va de la mano de la desigualdad dentro de las generaciones. En economías donde muchas personas tienen problemas para llegar a fin de mes durante su vida laboral, estas dificultades pueden prolongarse después de la jubilación, con manifestaciones diversas: desde la inseguridad alimentaria hasta el aislamiento, la vulnerabilidad o la delincuencia. En definitiva, un flujo sustancial de recursos hacia las personas mayores es bastante compatible con la existencia o persistencia de pobreza y desigualdad entre las generaciones mayores o, de hecho, entre cualquier generación. Incluso la probabilidad de sobrevivir hasta la vejez se predice sustancialmente por otras desigualdades conocidas, como ingresos, lugar y raza.
3. El mito de la clase política complaciente, que se ve respaldado por la creencia de que los/as políticos/as complacen a sus votantes mayores ofreciendo beneficios políticos y/o gubernamentales adicionales a expensas de una política eficiente y equitativa. La realidad es que los/las votantes integran el proceso de toma de decisiones políticas del que también forman parte grupos de interés, políticas partidistas y de coaliciones, y las propias limitaciones y necesidades de quiénes formulan las políticas. De hecho, las personas votantes no formulan sus propias listas de demandas políticas y piden a la clase política que las cumpla. Más bien, son los/as políticos/as quienes desarrollan “ofertas” de políticas que equilibran sus intereses electorales con otros temas. Según esta investigación, las divisiones de edad emergen cuando los políticos las ofrecen.
La edad está asociada con patrones de votación de un partido frente a otro en muchos sistemas de partidos europeos, así como a nivel europeo. Sin embargo, pertenecer a un grupo de mayor edad no se traduce necesariamente en patrones distintivos de votación. Y, en cualquier caso, cuando se produce una diferenciación en el voto por grupos de edad, no siempre está claro que la consolidación del apoyo entre los votantes de mayor edad tenga un efecto sobre los resultados políticos de los gobiernos. Esto es consecuencia de la diversidad demográfica de las personas mayores; si bien pueden formar un gran grupo de votantes, no necesariamente actúan como un grupo. Por tanto, pueden tener dificultades para traducir incluso las preferencias políticas que comparten en políticas efectivas.
En definitiva, este estudio explica el papel de las políticas como mecanismo no solo para el trato diverso a generaciones diferentes sino también como vía para la creación de compensaciones intergeneracionales que reduzcan los conflictos que, en ocasiones y tras el análisis de varios casos en Europa, apuntan a conflictos por desigualdades dentro de las propias generaciones y problemas de naturaleza distributiva en el seno de estas.
Estos tres mitos carentes de fundamento, como demuestra la evidencia científica revisada con ocasión del estudio, corren el riesgo, sin embargo, de convertirse en profecías autocumplidas si la política genera un conflicto intergeneracional (como ha sucedido en algunos países con la política de pensiones y la política de vivienda), con la generación de rivalidades intergeneracionales, con la asignación (directa o indirecta) de recursos desproporcionados en función de la edad, etc.
Por tanto, la investigación defiende que “hablar de una crisis de envejecimiento es con frecuencia solo otra versión de argumentos de larga data contra la inversión social pública desde la cuna hasta la tumba.”
Diseño de políticas beneficiosas para todas las personas: políticas de ganar-ganar
Centrarse en la inequidad intergeneracional puede distraer la atención de otras inequidades que afectan a todas las generaciones dado que el problema político real en salud -y en la mayoría de las políticas- no es generalmente la inequidad entre generaciones (inequidad intergeneracional), sino la desigualdad dentro de las propias generaciones (inequidad intra-generacional). De modo que centrarse estrictamente en las desigualdades entre generaciones distrae el foco de las desigualdades sociales a lo largo del curso de la vida y cómo estas producen desigualdades en la salud en la vida posterior, con especial atención a las desigualdades que atraviesan generaciones, reproduciendo un envejecimiento insalubre para cada nueva cohorte.
La clave, por tanto, se encuentra en el desarrollo de políticas de ciclo de vida, para las que todas las etapas de la vida son importantes, están interconectadas y, en consecuencia, se enfocan a inversiones que promuevan la salud y a las contribuciones de personas de todas las generaciones. Los procesos de desarrollo temprano y el entorno ambiental han demostrado un gran impacto en la capacidad máxima de salud y el bienestar general de las personas. La evidencia científica indica que la tasa de disminución de la capacidad de una persona específicamente con la edad no depende únicamente de su estado de salud actual, sino de la capacidad máxima alcanzada a edad temprana en su vida. Así, las intervenciones que utilizan un enfoque de ciclo de vida tienen como objetivo mantener la capacidad máxima durante el mayor tiempo posible y, quizás lo más importante, minimizar la disminución temprana de esa capacidad. La clave para crear políticas basadas en un enfoque de ciclo de vida es ayudar a las personas a mantener el nivel más alto posible de capacidad funcional en todas las etapas de su vida y reducir las desigualdades no solo entre géneros y clases, sino también entre generaciones. Además, mantener la calidad de vida de las personas mayores es muy valioso para las personas más jóvenes que, de otro modo, tendrían que cuidarlas: la buena salud permite el cuidado informal a todas las edades.
Las políticas centradas en el ciclo de vida pueden resultar electoralmente atractivas, porque benefician a personas de todas las edades en vez de satisfacer las demandas del voto en bloque de las personas mayores. Plantear políticas desde la perspectiva del curso de vida fomenta la identificación de acciones que pueden hacer que las personas sean más felices y saludables en todas las edades basándose en el contexto y las circunstancias en las que se produce el envejecimiento. En definitiva, construir coaliciones políticas y aglutinar grupos de interés que pueden desarrollar y apoyar políticas sofisticadas de ciclo de vida puede ayudar a disminuir los desafíos asociados con el envejecimiento y la mala salud para todas las personas.
La publicación concluye con la posibilidad de desarrollar políticas de "ganar-ganar" que produzcan buenos resultados para las personas de todas las edades. La narrativa convencional del conflicto intergeneracional plantea un juego de suma cero entre generaciones. Asume que el dinero que se gasta en las personas mayores es dinero que no se gasta en las personas más jóvenes, que la atención médica para las personas mayores desplaza los gastos en educación u otras políticas de interés para las personas más jóvenes. Sin embargo, en términos de diseño de políticas, una política de “ganar-ganar” significa centrarse en políticas de ciclo de vida, que sugieren formas de hacer política que inviertan en el futuro en cada etapa de la vida de las personas desde antes del nacimiento hasta la muerte, incluyendo cómo una buena atención prenatal puede reducir los problemas de salud posteriores, cómo mejores redes sociales y oportunidades en la edad laboral pueden mejorar la salud después de la jubilación, y cómo mejores oportunidades sociales después de la jubilación pueden prolongar los años de vida saludable.
El estudio subraya finalmente que reemplazar las políticas que crean desigualdad dentro y entre generaciones con políticas que invierten en la salud y el bienestar de las personas a lo largo del curso de la vida puede dar frutos de muchas maneras, desde más tiempo en el empleo remunerado hasta una mayor inversión en capital humano y una mayor riqueza intergeneracional favoreciendo familias más fuertes en las que las personas mayores y jóvenes pueden cuidarse recíprocamente, y en las que los ahorros no se agotan por los costes de la atención.
La vida termina solo con la muerte, al igual que las intervenciones en el curso de la vida.
Si desea ampliar esta información, puede acceder a los contenidos del estudio “Las políticas del envejecimiento saludable. Mitos y realidades” (The Politics of Healthy Ageing. Myths and realities) publicado por el Observatorio Europeo de Sistemas de Salud (European Observatory on Health Systems and Policies), con el apoyo de la OMS.