Fecha de publicación: 26/11/2012
Artículo de opinión
Violencia, feminismo y políticas de igualdad. María Silvestre Cabrera
Un estudio publicado recientemente en la American Political Science Review (nº 106) afirma, después de analizar 70 países a lo largo de cuatro décadas, que el factor que más incide en los cambios sociales y políticos que son efectivos para combatir la violencia contra las muje...res, es la existencia de movimientos feministas. Este factor es más influyente que la preeminencia de partidos de izquierda o la mayor presencia de las mujeres en los Gobiernos. El artículo muestra, además, que la existencia de estos movimientos produce un impacto duradero en las políticas contra la violencia de género, a través de la institucionalización de las ideas feministas en las normas internacionales.
Reconozco que el hallazgo, si bien me ha alegrado, no me ha sorprendido, y es que cualquier persona que haya estado en contacto con el movimiento feminista y asociativo de mujeres en su entorno más cercano, sabrá del trabajo que realizan de forma activa, voluntaria y vocacional a favor de la igualdad de mujeres y hombres y, con ello, de los esfuerzos y el empeño personal por atender, asesorar y mejorar la vida de las mujeres..
Lo que sí me sorprende, sin embargo, es que en nuestra sociedad la mera mención de la palabra feminismo frecuentemente genere malestar, resistencia y que muchas mujeres se vean ante la necesidad de explicar que “ellas no son feministas”, porque declararse como tal en algunos contextos se interpreta como un signo de radicalidad, locura o intransigencia.
Feministas fueron las que exigieron el derecho a la educación de las mujeres, feministas fueron quienes consiguieron el derecho al voto y lucharon por la igualdad de las personas ante las leyes, feministas fueron las que reivindicaron la presencia de las mujeres en el mercado laboral, feministas han sido las que han introducido las medidas de representatividad en los parlamentos y gobiernos y feministas las que están reclamando una mayor presencia de las mujeres en los Consejos de Administración de las empresas.
El feminismo ha promovido legislaciones a favor de la igualdad y leyes a favor de una vida libre de violencia, ha propiciado la entrada en las agendas políticas de las políticas de igualdad y de las medidas contra la violencia de género, legitimando el uso de recursos públicos para prevenir dicha violencia y para atender a las mujeres que la sufren, porque la violencia que se ejerce contra las mujeres (violencia física psicológica, sexual, económica o social) es una manifestación de la desigualdad entre mujeres y hombres. Esta definición es también un logro del feminismo, no solo su formulación, sino la legitimidad social y política de que la violencia contra las mujeres es desigualdad y que es un problema social y público de primera magnitud al que deben dedicarse recursos.
No, no me sorprende que la existencia de movimientos feministas autónomos sea un factor clave en la institucionalización de las medidas para luchar contra la violencia ejercida sobre las mujeres. Decía recientemente Ana María Pérez del Campo en el Feminario celebrado en Córdoba que “ser mujer y no ser feminista es, en si mismo, una contradicción”. Y yo diría más, cualquier persona, mujer u hombre, que crea en los principios éticos y políticos de la libertad, la igualdad y la justicia social debiera afirmarse feminista, puesto que no es posible ejercer la libertad sin garantizar previamente la igualdad y la justicia social.
No quisiera resultar ingenua o fuera de la realidad al realizar estas afirmaciones, ya que creo saber por qué el feminismo tiene tan mala prensa a pesar de ser un movimiento pacífico que siempre ha luchado a favor de una sociedad más justa e igualitaria. Se trata de una ideología emancipatoria que cuestiona la realidad vigente y que, por tanto, genera fuertes resistencias entre quienes se niegan a admitir el cambio social.
Y al otro lado, entre quienes buscan este necesario cambio social se encuentran, entre otras, todas las instituciones, asociaciones, organizaciones y personas que han utilizado y mostrado el punto lila como símbolo del rechazo a la violencia contra las mujeres. Gracias a todas.