Berdindu · Orientación sexual · Bisexualidad
Bisexualidad
La bisexualidad, al igual que la homosexualidad y la heterosexualidad, se enmarca dentro de concepto genérico de orientación sexual. Entendemos por orientación sexual la atracción emocional, física y/o sexual que una persona puede sentir por otra. Así pues, la bisexualidad sería la atracción que una persona siente hacia ambos sexos, una orientación permanente, si bien el relacionarse con ambos sexos puede estar limitado a un periodo en particular. Tanto los hombres como las mujeres pueden ser bisexuales.
Muchos sexólogos aceptan hoy día la bisexualidad como una orientación tan genuina como la heterosexualidad y la homosexualidad. Es importante reconocer, en cualquier caso, que son pocos los estudios científicos sobre la misma y que las descripciones de bisexualidad se basan mucho en generalizaciones y aproximaciones.
Fue a mediados del siglo XX, y a través de la figura de Alfred Kinsey y su famoso informe sobre sexualidad, estudio científico publicado en los libros Comportamiento sexual del hombre (1948) y Comportamiento sexual de la mujer (1953), cuando quedó de manifiesto la gran complejidad y diversidad de la sexualidad humana. Dicha investigación se realizó entrevistando a más de 20.000 hombres y mujeres acerca de sus prácticas sexuales. Las conclusiones del estudio provocaron un gran impacto en la visión que hasta la fecha se tenía de la sexualidad ya que dinamitó la dicotomía homosexualidad/heterosexualidad para contemplar una gran diversidad entre ambas que refleja de manera más certera la realidad sexual.
A pesar de que la bisexualidad ha sido una constante a través de los tiempos y en distintas culturas, lo cierto es que ha sido una realidad no reconocida como tal, quizá, por romper con las categorizaciones absolutas y dicotómicas imperantes en el ámbito de la sexualidad y abrir espacios intermedios menos determinantes. Aún hoy en día son muchas las personas que niegan su existencia aferrándose a la dualidad heterosexualidad/homosexualidad y consideran la bisexualidad como un estado transitorio o de indefinición sexual. Gran parte de las personas bisexuales no perciben, sin embargo, la necesidad de definirse como heterosexuales u homosexuales.
No acaba, por tanto, de encontrar la bisexualidad un lugar preciso en el imaginario colectivo referido a la sexualidad. Se ha visto continuamente relegada a una especie de limbo o indefinición que persiste hoy en día y que debe combatirse. Es por ello que la visibilidad se constituye a este nivel como importante reto de futuro. Y este es el principal objetivo que trata de conseguir el Día Internacional de la Bisexualidad, que se celebra el 23 de septiembre: visibilizar la comunidad bisexual y eliminar así la bifobia.
Bifobia
Entendemos por “bifobia” la aversión, rechazo o temor patológico e irracional a las personas bisexuales, a la bisexualidad o a sus manifestaciones. Se trata de un concepto relativamente nuevo, debido a que hasta hace muy poco la bisexualidad no tenía la importancia y representación pública que tiene en estos momentos. Es ahora, pues, ante una mayor visibilización del colectivo, cuando algunas personas han comenzado a manifestar su rechazo.
Como ya se señaló en el apartado correspondiente, probablemente sea el término “bisexualidad” uno de los peor entendidos en el ámbito que nos ocupa, lo cual genera, en consecuencia, las más variadas reacciones de repulsa provenientes de distintos frentes.
Resulta clásica, en este sentido, la asignación a la misma de una serie de estereotipos bifóbicos que incluyen, entre otros, la promiscuidad, poligamia, intercambio de parejas así como la indefinición y confusión personal. En algunos casos, se acusa a las personas bisexuales de haber sido agentes de transmisión de infecciones sexuales tanto a la comunidad heterosexual como a la comunidad LGBT. Estereotipos al margen, lo cierto es que la bifobia ha encontrado y continúa padeciendo en la actualidad las más variadas manifestaciones de repulsa. Partiendo de la propia negación de su existencia, manifestación quizá más sutil pero absolutamente extendida de bifobia, observamos cómo las personas bisexuales deben hacer frente, además, al rechazo, tanto de algunas personas heterosexuales como homosexuales. Así, las primeras, atribuyen a la bisexualidad estereotipos basados en la homofobia mientras que las segundas les acusan de indefinición y de adoptar un posicionamiento evitativo ante su propia homosexualidad y el estigma a la misma asociado. Desde este punto de vista, pasarían a ser consideradas como agentes que de una forma encubierta contribuyen al mantenimiento social de las actitudes homófobas.
Quizá en el fondo de la cuestión se encuentre esa incapacidad del ser humano para aceptar todo aquello que vaya más allá del heterosexismo y, en su caso, de la dicotomía homosexualidad/heterosexualidad. La experiencia, que es real, de que una persona se sienta atraída por ambos sexos a la vez contradice esta visión, genera conflicto y cierra la puerta al amplio abanico de la diversidad. Quizá fuera más correcto revisar los propios esquemas personales, pero también más complicado. Resulta más sencillo negar y arremeter contra aquello que desconocemos y, en consecuencia, produce malestar. La bifobia no sería otra cosa que una manifestación más de dicho principio general.