Berdindu · Identidad de género · Intersexualidad
Por intersexualidad se entienden aquellas situaciones que, hace años, eran llamadas hermafroditismos. Tiene que ver con el estado de los genitales de una persona al nacer y consiste en una situación donde el aspecto de los genitales no permite dilucidar a qué sexo pertenece el bebé. Existe multitud de diferentes condiciones de intersexualidad.
En sus condiciones más serias, incide en un 0,018% de la población y, sumando las situaciones más leves, a un 1% de todos los nacidos. En todos los casos son situaciones congénitas, lo que significa que no han sido provocadas voluntariamente por la persona.
La identidad de género o identidad sexual no tiene nada que ver con los genitales. Algunas mujeres nacen con pene y algunos hombres nacen con vagina. Al llegar a la edad adulta, reasignan sus cuerpos conforme a su identidad. Los genitales no informan sobre nuestra identidad sexual. Cualquier persona transexual nos puede dar ejemplo de ello. De la misma manera aunque en sentido contrario, nacer con unos genitales “indefinidos” no conlleva ninguna identidad sexual “indefinida” ni “intermedia”.
No debemos confundirlo (ni permitir que otros/as/xs lo hagan) con lo que, en todo caso, debería denominarse “personalidad intergénero”, ya que la intersexualidad es algo biológico, congénito y no responde a ningún activismo político ni a posicionamiento filosófico alguno que use el cuerpo como exponente del activismo personal. El debate sobre si se debe o no intervenir en los genitales de los bebés nacidos con una intersexualidad, en qué casos sí y en qué casos no, quedó cerrado, tras años de trabajo, en el documento “Consensus Statment on Management of Intersex Disorders” en cuya redacción participó un grupo numeroso de activistas intersexuales. Este documento se publicó en la revista Pediatrics en 2006.
Las intervenciones no se hacen meramente por cosmética. Por ejemplo, un bebé nacido con ambigüedad genital cuyos testículos inguinales no se hagan descender, correr un riesgo muy alto de que éstos se deterioren y que se dificulte su maduración sexual en la pubertad así como que su calidad de vida futura se vea afectada (descenso de la líbido, osteoporosis temprana, cáncer de próstata, etc.).
Plantear la intersexualidad como un ejemplo de cómo la “naturaleza de la sexualidad no es dicotómica” es éticamente cuestionable y científicamente insostenible.
Sobre la vida cotidiana de las personas nacidas con una intersexualidad, Anne Fausto-Sterling en su libro “Cuerpos sexuados” realiza una revisión de los estudios sobre personas nacidas con una intersexualidad publicados entre 1950 y 2000, y recoge dos conclusiones importantes:
- Las personas nacidas con una intersexualidad se adaptaban perfectamente a su situación y mantenían relaciones sexuales y afectivas satisfactorias y felices.
- De las 83 personas referidas en esta revisión, el 86% estaba a gusto con el sexo que se le asignó al nacer. El 14% solicitó una reasignación. El 0% (ninguno/a) dijo que no se sintiese o bien hombre, o bien mujer. Los datos parecen indicar que el ser humano sí está muy dicotomizado por naturaleza.
[Información tomada del "Manifiesto por una intersexualidad saludable", por Gabriel J. Martín (activista LGBT nacido con una intersexualidad del tipo 46XY con unos genitales externos de aspecto femenino que virilizaron en la pubertad y, hasta entonces, fue criado como niña). (Publicado en "Gehitu magazine", nº 64, pag. 10 http://doc.gehitu.org/magazine/Gehitu%20Magazine%2064.pdf)]