Departamento de Cultura y Política Lingüística

135. Poblado minero de La Arboleda-Zuhaztieta y funicular de La Reineta (Trapagaran)

ETAPA 8: PORTUGALETE • KOBARON

El paisaje del hierro como seña de identidad

Existen lugares que al margen de la belleza del lugar, se dotan de cierto valor identitario debido a que el paisaje donde se ha desarrollado la historia de la comunidad a lo largo de los siglos. En el caso de los vizcaínos en general, y de los habitantes de la Margen Izquierda y Zona Minera en particular, una de esas localizaciones icónicas sería el poblado minero de La Arboleda-Zugaztieta en Trapagaran y su evocador entorno. Una de las pocas evidencias tangibles que la intensa actividad minera nos ha legado.

La presencia de ricas menas de hierro en estas tierras se conoce desde, al menos, la Época romana. En los tratados romanos se alaba la calidad del mineral y, a partir de aquel momento ha sido utilizado durante siglos para alcanzar un hierro metálico de alta calidad. Para ello, en un comienzo se emplearon talleres artesanales al aire libre que funcionaron hasta la llegada de la energía hidráulica en el siglo XIII.

Con la llegada de la industrialización a finales el siglo XIX, se produjo una extracción masiva del hierro de Somorrostro. La zona de La Arboleda-Zugaztieta estaba situaba en el núcleo extractivo de los montes de Triano, conteniendo numerosas concesiones mineras que nos dejaron tanto sus restos constructivos e infraestructuras, como la impronta de su actividad extractiva a través de un “paisaje lunar”. Hoy día, la huella de las explotaciones a cielo abierto está ocupada de nuevo por la naturaleza y por los lagos que han colmatado y dado nueva vida a los antiguos pozos mineros de Parcocha y Ostión, insertos ahora en un paisaje de gran calidad ambiental.

Junto a esos pozos surgió hacia el año 1877 el poblado de La Arboleda en pleno auge de la explotación minera. La “fiebre del hierro” propició la llegada de miles de emigrantes de otros puntos del País Vasco, Galicia, Castilla y León, Extremadura, etc. y barrios mineros como éste daban cobijo precario a la nueva mano de obra. En origen fue un conjunto de chabolas y barracones de madera (por si fuese necesario eliminarlos ante el avance de la explotación minera) construidos en la última arboleda que quedaba en la zona, de ahí su nombre. Sin embargo, en 1911, la mayor parte de las casas eran ya de piedra y vivían unas 3.000 personas. Poco a poco contaron con un entramado de callejas en torno a una plaza central que aún podemos apreciar, escuelas, hospital, iglesia parroquial de San Salvador, cuartel de la guardia civil, economato, círculo de obreros católicos, casa del pueblo y cinematógrafo.

Tras el declive de la actividad minera a mediados del siglo XX, el poblado sufrió una decadencia progresiva que se ha revertido gracias a los usos turísticos y de esparcimiento que han afincado a la población. Actualmente aún conserva el encanto del entramado minero y algunas casas de madera y otras viviendas obreras bifamiliares que promovió la Cía. Orconera Iron Ore.

El funicular de la Reineta

A tan solo dos kilómetros de La Arboleda surgió al calor de las explotaciones de hierro otro poblado minero que se asomaba al valle: la Reineta. Entre los dos barrios llegaron a sumar más de 5.000 habitantes comunicados con el Valle de Trapaga por una tortuosa senda de mulas de más de 7 kilómetros. Era necesario, por tanto, dar solución a los problemas de movilidad de la población obrera de la zona alta del municipio y así surge el funicular de la Reineta, creado con el fin social de dotarla de un medio de transporte ágil y cómodo con el valle. Esto es precisamente lo que le diferencia de los funiculares turísticos del resto del Estado.

El proyecto lo asumió en 1921 la Diputación Foral de Bizkaia y debido a lo complejo de las obras se inauguró cinco años más tarde, el 24 de septiembre de 1926. El funicular enlaza la estación de la Escontrilla a 62 m sobre el nivel del mar con la de la Reineta a 404 m mediante una rampa de hormigón que contiene una vía única salvo en el punto de cruce situado en el centro del trayecto que es donde se cruzan los dos coches del funicular. Estas cabinas circulan arrastradas mediante cables desde la sala de máquinas de la estación superior. En tan solo 10 minutos recorren los 1.180 m. que separan ambas estaciones.

La particularidad de este funicular es el hecho de que las cajas de viajeros son desmontables y están instaladas sobre unas plataformas horizontales, es decir, que en las estaciones, gracias a unas grúas fijas, se puede retirar su carrocería. Así, en el pasado, la plataforma resultante servía para transportar vehículos de todo tipo: desde camiones de ultramarinos a otros servicios, incluido el coche de la funeraria.

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