El viernes 17, en el Club de los Cuentistas, el frío y el ruido de la calle quedaron fuera más quizás que otras veces; tuvimos una sesión marcada por el recuerdo y lo hermoso de la vida. Y es que, en recuerdo de ROMÁN MARZANA, once contadores y contadoras le hicieron su pequeño homenaje, al que asistió su viuda, conmovida.
TXEFE dio el tono leyendo un expresivo texto propio, en el que recordó la vitalidad y campechanía de un hombre que contaba historias como si estuviera realmente en una tasca, y que se fue “sabiendo que no hay cuentos más allá”, marchándose para volver con otro cuento.
ANABEL R. se metió en la piel del contador ausente y contó uno de sus relatos, ambientado en unos años en que la cultura del miedo sembraba el odio a todo lo árabe o musulmán. El cuento tiene humor, cercanía y un final feliz, no exento de añoranza, pero en pro de un mundo mejor.
MANUEL I., que no conoció apenas al finado, sí destacó la huella tan grande que deja y contó “El árbol de los recuerdos” de Brita Teckentrupp, que ni pintado para la ocasión: los árboles crecen más y más cada vez que recuerdan lo bueno que dejó aquí cada habitante del bosque.
A continuación, MIREN recuperó uno de los textos más bellos de la literatura castellana, “Amor constante”, de Quevedo, y con las palabras del poeta nos recordó que aunque la vida sea finita puede tener sentido, que “polvo será, más polvo enamorado”.
FÉLIX nos llevó a una isla en la que un náufrago bautiza a sus cuatro palmeras “Norte, Sur, Este y Oeste”, y los domingos escucha los partidos de fútbol en una radio a pilas, con dos amigos: el Tiempo como alimento de la vida; y la Vida, que da sentido al tiempo.
SONYA declamó un texto propio en el que una niña y un viejo comparten sus vidas en una isla, hasta que la niña decide marcharse pues “una vez que conoce las estrellas quiere conocer el universo”, quedando el anciano a cargo de un faro que no se apaga nunca.
NYANGA había preparado, como MANUEL, “El árbol de los recuerdos”, pero en una versión con matices diferentes y que como público creo que todos disfrutamos. No en vano la misma historia resurge renovada cada vez que la retoma un cuentista.
IÑIGO recordó a ROMÁN, y en particular una de sus historias sobre un vasco que, en la Isla de Pascua y gracias a un brebaje “como sangría, pero dulce”, descubre que el número PI y los logaritmos neperianos tienen una razón de ser, pues son la llave del corazón y del Cielo.
ANA APIKA nos hizo acompañar a un padre y su hijo de cacería por el Congo “en tiempos de antes de los mecheros”. A punto de ser devorados por un león de ojos como brasas ardientes, un sapo resuelve la situación apelando al miedo del león. Se lo oiréis contar a ANA en otros espacios.
ERNESTO nos llevó a las escaleras de una fuente en la que los niños rodean a su tía Lili mientras les cuenta la película que no han podido ver en el cine, mágico, recién abierto en su pueblo. ROMÁN, dijo, sería su contador favorito para llenarle los sueños de aventuras.
De postre, ANABEL MURO, veterana contadora que sí trató mucho a ROMÁN, recuperó un relato de Atxaga -“La cebra”- que el contador le escuchó hace más de una década en el Oráculo de los Cuentos, pidiéndole permiso para incluirlo en su repertorio. Como el protagonista del cuento, sabe que, aunque lejos, tiene un amigo para siempre.
En las fotos y el video de TXEMA veréis que no faltaron ni la bufanda ni el himno del Athletic. Y es que, siendo para ROMÁN, tenía que ser así.
La crónica de hoy ha sido redactada por AURELIO.
Las fotos, el montaje y el vídeo son obra de TXEMA G.
