El 8,3 % de la juventud de Euskadi de 15 a 29 años padeció algún problema de ansiedad y/o depresión el año pasado
Fecha de publicación:
10 de octubre. Día Mundial de la Salud Mental
Todos los años el 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental. Por eso, desde el Observatorio Vasco de la Juventud vamos a aportar algunos datos relativos a la salud mental de la juventud de Euskadi.
Según los datos de la Encuesta de Salud de la Comunidad Autónoma Vasca (ESCAV) que el Departamento de Salud ha proporcionado al Observatorio Vasco de la Juventud, en 2018 el 8,3 % de la juventud de Euskadi de 15 a 29 años padeció algún problema de ansiedad y/o depresión en las cuatro semanas previas a ser preguntada. El porcentaje de jóvenes que afirman haber tenido problemas de ansiedad y/o depresión ha descendido respecto a años anteriores.
Si atendemos a las diferencias entre hombres y mujeres vemos que son más las mujeres de esa edad (15-29 años) que reconocen haber padecido alguno de estos problemas que los hombres que afirman haberlos tenido (11,4 % y 5,1 %, respectivamente, en 2018). Estas diferencias entre hombres y mujeres jóvenes se constatan en los cuatro años de la serie.

Entre las personas jóvenes el porcentaje de quienes han vivido episodios de ansiedad y/o depresión el pasado año 2018 es menor al registrado en el total de la población de Euskadi (8,3 % de la juventud frente al 13,1 % del total de población). Y también en la población general se aprecia una mayor prevalencia de estos problemas entre las mujeres (16,5 %) que entre los hombres (9,3 %).

En 2019 el tema central de este Día Mundial de la Salud Mental es la prevención del suicidio. Por ello, también vamos a abordar la prevalencia del suicidio en la juventud de Euskadi.
Según los datos que el Servicio de Registros e Información Sanitaria del Departamento de Salud del Gobierno Vasco proporciona anualmente al Observatorio Vasco de la Juventud, en 2017 (último dato disponible) 11 jóvenes de entre 15 a 29 años fallecieron en Euskadi por suicidio o lesiones autoinfligidas.
Todas las personas jóvenes fallecidas por suicidio en 2017 fueron hombres, y echando la vista atrás se aprecia que en todos los años analizados las cifras de hombres jóvenes fallecidos por suicidio son mayores a las de las mujeres.

La tasa de mortalidad por suicidio o lesiones autoinflingidas se calcula a partir del número de casos por cada 100.000 personas de ese mismo grupo de edad. En Euskadi en 2017 la tasa de mortalidad por suicidio entre la juventud de 15 a 29 fue del 3,9 por cada 100.000 personas de esa edad. Entre los hombres jóvenes fue del 7,6 por 100.000, mientras que entre las mujeres jóvenes fue 0,0 debido a que no se registró ningún caso.
Si comparamos la tasa de la juventud con la de la población general, vemos que entre las personas jóvenes esta tasa es menor (3,9 por 100.000 frente al 8,3 por 100.000 en la población general), pero también en el conjunto de la población se registra mayor tasa de suicidio entre los hombres (12,7 por 100.000) que entre las mujeres (4,1 por 100.000).

Una explicación a estas mayores tasas de suicidio entre los hombres, cuando los hombres reconocen en menor medida tener problemas de ansiedad y depresión, es que en muchas ocasiones la depresión no está diagnosticada en los hombres. Tal y como argumenta Anne Maria Möller-Leimkühler, doctora en psiquiatría y profesora del Departamento de Psiquiatría y Psicoterapia de la Universidad Ludwig-Maximilian de Múnich, autora del libro The Gender Gap in Suicide and Premature Death or: Why Are Men So Vulnerable? , las normas generalizadas de la masculinidad funcionan a través de expectativas sociales y del autoconcepto y estas normas dictan que los hombres siempre tienen que ser fuertes, racionales, autónomos, independientes, activos, competitivos, poderosos, invulnerables, positivos, etc. Y, por tanto, las emociones como la tristeza, la ansiedad, la impotencia, la incertidumbre o la indecisión deben ser controladas y compensadas. Sin embargo, estos estándares masculinos no son realistas, por lo que los hombres tienden a enfrentarse a los conflictos emocionales externalizándolos con mucha actividad en el trabajo, haciendo deporte, asumiendo riesgos… para intentar disminuir su ansiedad y para mantener la fachada masculina. La búsqueda de ayuda se ve como un indicador de la falta de masculinidad, así que muchos hombres se convencen de que tienen que resolver sus problemas por ellos mismos y no hablan de lo que sienten. Como consecuencia, la depresión es poco diagnosticada entre hombres y eso hace más alto el riesgo de suicidio.



