Departamento de Cultura y Política Lingüística

61. Ermita de Nuestra Señora de Erdotza (Markina-Xemein)

ETAPA 5: MARKINA-XEMEIN • GERNIKA-LUMO

Una ermita en el valle del río Artibai

El fondo del valle del río Artibai aparece jalonado de varios establecimiento religiosos que se romantan a la época medieval, como son la de San Miguel de Arretxinaga, la de Santa María de Xemein, la de San Jacinto y la de Nuestra Señora de las Nieves de Iruzubieta. Quizá al visitante se le presente esta característica como una salvedad por la abundancia de ermitas y parroquias en ubicaciones a mayor altura, dominando una imponente panorámica de los valles del País Vasco. Sin embargo, allá donde el terreno lo permitía, estos templos cristianos también se asentaron en torno al curso de los ríos.

Esto nos indica que posiblemente al comienzo de la Edad Media los recursos del valle tambien eran explotados por las comunidades de la época. Bien gracias a la progresiva adecuación de los terrenos a la actividad agropecuaria, por el aprovechamientos de los recursos pesqueños de los ríos, por la implantación de molinos que, mecánicamente, empleaban la fuerza del agua para mover sus muelas o por su proximidad a vías de comunicación, la realidad es que esta parte del valle del río Artibai fue ocupándose y se fue transformando su paisaje.

En el paisaje religioso de Markina-Xemein son varios los templos de interés, pero de ninguna forma podemos dejar de lado esta joya del gótico rural que es la ermita de Nuestra Señora de Erdotza. Situado al borde del río, su arquitectura nos indica la importancia de este edificio en la vida espiritual y social de los markinarras del final de la Edad Media. Una inversión considerable, desde el punto de vista material, pero también con un gusto estético reseñable caracterizan este monumento.

Una arquitectura monumental

Edificada en torno al 1500, su apariencia se corresponde con una tipología muy extendida de de los templo de su época. De planta rectangular, sus muros están construidos en sillería de caliza de buena factura, en la que se abren una puerta dovelada ojival a los pies y dos ventanas geminadas también apuntadas en el costado sur. El resto de la iglesia se ilumina por medio de estrechas saeteras, incluso el ábside. Su tejado es de dos aguas, en el que hay que detenerse en el sistema con el que se soporta el alero. Consiste en un conjunto de tornapuntas que lo sostienen a su vez apoyados sobre vigas que descansan sobre ménsulas de piedra que sobresalen del muro.

Cabe destacar que solamente el presbiterio cuenta con una bóveda, de cañón, de factura sencilla y de tabla. La nave aparece sin cubrir, por lo que peude verse el sistema mediante el que se sustenta el tejado. También es de reseñar el coro, completamente realizado de madera. En este punto encontramos un doble asiento de piedra, de fábrica, que se ubica en el doble ventanal ojival que acabamos de describir. Resulta llamativo el suelo de la nave, que se compone de ladrillos dispuestos en “espina de pez”.

En cuanto a las imágenes que se guardan en su interior, destacamos una imagen de María Magdalena del siglo XV, aunque la tradición la ha terminado por convertirla en Santa Apolonia. Además, cuenta con dos tallas de San Antonio, además de una figura barroca de Santa Isabel de Hungría.

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