Departamento de Cultura y Política Lingüística

80. Barrio de Errenteria (Gernika-Lumo)

ETAPA 5: MARKINA-XEMEIN • GERNIKA-LUMO

Una fundación privada

Durante a Edad Media, si la comparamos con los siglos XVI y XVII, se fundaron escasos conventos y montasterios en el País Vasco cantábrico. En los casos en los que se llegaron a constituir, son conocidas las rencillas que surgieron con el clero de las parroquias de la localidad. El tema de discordia no era otro que el de los ingresos que perdían los sacerdotes cuando los vecinos que podían pagar por ello testaban que se les enterrara en los conventos. De alguna forma, pensaban que enterrarse entre frailes o monjas les iba a garantizar un mejor futuro en el Más Allá. Sin embargo, esto significaba que sus entierros y misas fúnebres se realizarían también en los monasterios y, por lo tanto, los clérigos seculares de las parroquias notarían un descenso en sus rentas.

A partir de fines del siglo XV esta tendencia comenzará a cambiar y se iniciará un período en que personajes de la élite social, por su enriquecimiento comercial o por haber ocupado puestos en la administración de la Corte, por ejemplo, comienzan a fundar sus propios conventos. En estos casos, además, los fundadores se garantizaban el privilegio de enterrarse en sepulcros e incluso con sarcófagos que se situarían en los lugares más visibles. En otros casos, especialmente cuando la fundadora era una mujer, la intención era el retiro espiritual de la fundadora al enviudar o dar una salida a sus hijas dentro del mundo religioso.

Algo similar sucedió en el barrio de Errenteria de Gernika, antiguamente Ajangiz. En las inmediaciones de la casa solar de su esposo ya difunto (Juan Íñiguez de la Renteria o Arteaga), María Sáez de Portuondo (o Iturburu) fundó el convento de monjas mercedarias de San Bartolomé, en 1625, donde, a pesar de los avatares del tiempo, aún se encuentra.

En el lugar, en el cruce de caminos que queda ante el puente, se ubica además un crucero, que recuerda la batalla ocurrida en 1468 entre los linajes señoriales de la comarca. Así, aunque actualmente la zona se encuentre muy urbanizada, antiguamente el convento y la cruz conmemorativa (de factura posterior a la Edad Media) quedarían enfrentados dentro de este meandro del río Oka.

El convento de la Merced

Actualmente, la iglesia es lo que se conserva del complejo conventual anterior, ya que fue destruido tras la Primera Guerra Carlista (1833-1839), tras haber quedado maltrecha.

De planta basilical y una sola nave, presenta un ábside recto. Se cubre con bóvedas de crucería que frente al presbiterio, componen una cúpula decorada con los escudos de la orden de las mercedarias. Los vanos que permiten la iluminación son de medio punto. El acceso desde la calle es una portada de sobria factura con arco de medio punto y frontón triangular partido por una hornacina, que hoy no contiene ninguna imagen.

Es destacable el retablo neoclásico, el primero de Bizkaia, datado en 1783 y obra de José Antonio Bengoetxea y Domingo Laka. Combina las partes doradas con la imitación a piedras duras, propia del estilo. También conserva la sillería del coro conventual.

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