Gelatxoa
Instalación, técnica mixta
250 x 250 x 200 cm
1998
En la frontera entre ficción y realidad
La frontera entre el objeto real y el artístico es hoy débil. En este caso, a través del color (del no color, más exactamente), un recurso del pintor, los objetos reales desaparecen y se convierten en instalaciones artísticas.El blanco uniforma todo el espacio. Se fusionan los objetos y el espacio que ocupan, pero no desaparecen, siguen siendo volúmenes, pues hay tenues sombras que así lo indican.Cuando el espacio blanco ha desmaterializado los objetos, se hace aún más intenso el juego visual entre lo real y la ficción, y entramos en el campo del arte, es decir, en la frontera que existe entre la certeza y la broma. Es en esa frontera dudosa donde se encuentra el éxito del arte: indentificamos la realidad, pero sabemos que no es real.Además, en este caso, el espectador se encuentra con un espacio muy corriente, pero que ha sido "limpiado": es un espacio transparente, ligero y que posee ya la capacidad de crear sensaciones extrañas, o al menos inhabituales: malestar, miedo, risa o extrañeza; parece un lugar donde ha ocurrido algo grave.Como si una capa inidentificable lo hubiera dejado todo vacío. La persona ha desaparecido del espacio que ella misma ha creado o en el que ha vivido, y eso produce cierta preocupación, cierto desasosiego.Así, los objetos se nos han convertido enimágenes de cosas, imágenes de los objetos mismos, y el espacio es ahora imagen de la persona. Sombra de lo que ha sido o capacidad de lo que será