Vuestra asociación Piper Txuriak, y tú en particular, os dedicáis desde hace años a trabajar sobre la masculinidad con varones adolescentes dentro de las aulas. ¿Cómo nace esa necesidad, qué mueve a los centros o a las familias a
organizar este tipo de trabajo?
¿Los chicos jóvenes ya no son como los hombres de antes, han superado esa masculinidad tipo Rambo, han dejado de ser machistas? ¿Los jóvenes de hoy en día siguen repitiendo conductas negativas de esa masculinidad tradicional? ¿Cómo puedo ayudar a mi hijo varón o a mis alumnos chicos en su proceso de “hacerse hombres”? Estas son preguntas que a menudo escuchamos y que suelen ser la motivación para realizar actividades sobre género, igualdad o violencia dirigidas a los chicos varones.
Poner el foco en ellos igual que hasta ahora lo hemos puesto en ellas, entender que también necesitan revisar su identidad de género, y que es fundamental hacerlo. ¿Pero de qué manera? Parece que hay una creciente demanda de herramientas pedagógicas con perspectiva de género con la que enfocar este trabajo y las relaciones con los chicos. Razón por la que es habitual que centros de enseñanza pidan colaboración a asociaciones como la nuestra.
¿Podrías explicarnos de qué manera introduces este tema a los chicos en tus talleres?
Cuando nacemos se nos pone un traje que condicionará lo que será nuestra vida. Además, según crecemos el traje se irá haciendo más y más estrecho, con lo que limitará cada vez más nuestros movimientos. Hasta que llega un momento en el que ya no sabemos diferenciar cuál es el traje y cuál nuestra piel. Se nos ha pegado tanto, que nuestra piel queda tapada, y creemos que ese traje es lo “natural”. Y a esta “piel postiza” se le asigna un valor y unas funciones a nivel social. Esto significa el género.
Con la excusa de una mera característica física se nos clasifica como hombres o como mujeres…el criterio es así de simple y de reducido. Sin embargo, conlleva que recibimos una tremenda carga social y familiar. Tiene la fuerza suficiente como para construir sobre esa base un enorme y pesado castillo que determinará nuestros gustos, hábitos, decisiones, pensamientos, sentimientos, gestos corporales, formas de hablar, vestimenta, nuestros juegos y juguetes, las películas que nos gusta ver, los estudios y la profesión que elegimos. De ahí la primera y más persistente pregunta que nos hacemos, "¿es niña o niño?", sin haber aún nacido. Esto es una cuestión tan determinante que ni siquiera el lenguaje castellano tiene un concepto para referirse a “personas” de manera neutra.
¿Qué te ha motivado a dedicarte a esta labor?
En realidad, disfruto relacionándome con la gente joven, y siempre me parece un lujo y un regalo tener esta posición privilegiada de entrar en las aulas y en los grupos de jóvenes a través del rol que yo tengo. Aprendo muchísimo averiguando cuál será la manera eficaz de que mi mensaje les llegue, atravesando sus resistencias y desconfianzas, y aprendo mucho también escuchando sus vidas y pensamientos sobre estos temas. Es un trabajo enriquecedor y cada minuto que invierto en él me transforma como persona, y me ayuda a comprender mejor la realidad de los hombres. Me aterriza…con ellos no valen los tecnicismos ni los discursos académicos. Me obligan a ser auténtico, íntegro y claro, ese es su filtro para abrirme la puerta.
¿Puedes contarnos algo de ti con respecto a tu trayectoria en el área de la igualdad y la masculinidad?
Fundamos la Asociación de Hombres por la Igualdad `Piper Txuriak’ en el año 2009, y desde entonces me he dedicado a coordinar la asociación, atender las distintas de peticiones que nos llegan, e impartir una gran variedad y cantidad de actividades de sensibilización y concienciación. En paralelo he trabajado como agente de igualdad para el Módulo de Asistencia Psico-Social de Deusto-San Ignacio enfocado en el trabajo de eliminación del sexismo dirigiendo programas dirigidos a hombres.
