Y llegó el mes de octubre, y con él el calorcito del Club de los Cuentistas, que inicia una nueva temporada para todos los amantes de las historias contadas de viva voz.
Empezamos con las pilas a tope, las orejas limpias y las palabras bien peinadas, como quedó claro en esta sesión que acogió a siete narradores y narradoras, un público dispuesto a disfrutar, el Señor de las Afotos –Embajador de Canon- y este cronista, que se reengancha un año más.
Rompió el hielo SERGIO, con la increíble historia de un Romeo Neanderthal y una Julieta Cromañón, con un final feliz que no tiene el drama de Shakespeare, pero también sin sus versos.
ANABEL R., con la colaboración de Rober y texto de JAVI R., nos hizo partícipes de la desmemoria y las angustias de alguien con tanta resaca que le toca la lotería sin saber qué fue de los décimos que le encargaron…
A continuación, FÉLIX entonó un entusiasta Carpe Diem, animándonos –y animándose- a disfrutar de lo bueno y de todo lo que nos hace felices como forma de hacer frente a la soledad, que acabará por llegar.
MANUEL I. consiguió unir la cara del dado que tocó para esta sesión con los avatares de un soldado americano de la 2ª Guerra Mundial, al que acompañamos mientras logra ascender a base ocurrencias y ni un solo tiro.
IÑIGO nos recitó la carta de Josefa a su hijo Bartolo, divertida de principio a fin. Ella le cuenta que no le manda dinero con la misiva “porque ya había cerrado el sobre”. El sobre contiene, eso sí, sinsentidos memorables.
NYANGA narró una cuento de Sike, con el que redescubrimos que los niños prefieren las historias en las que los personajes repelentes acaban mal –¡vivan los lobos!- poniendo a sus progenitores en apuros.
De postre, con ANABEL MURO supimos que busca la manera de mejorar sus ingresos pero no con oficios del pasado –pastora de cometas, pensadora- sino vendiendo el tintineo de las monedas pues son cada vez más virtuales.
La sesión del próximo 17 de noviembre estará dedicada al cuentacuentos ROMÁN, fallecido recientemente. Queremos que sus familiares se sientan acogidos en un espacio que también fue el suyo muchos años.
