Tasa rosa: cuando ser mujer sale más caro

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Diversos estudios constatan que, aun contando con formación y responsabilidades equiparables, las mujeres perciben, de media, salarios inferiores a los de los hombres

Tasa rosa: cuando ser mujer sale más caro

A esta brecha salarial se suma otra realidad menos visible, pero igualmente relevante: en determinados ámbitos de consumo, las mujeres pueden llegar a pagar más por productos y servicios equivalentes.

Acciones cotidianas como hacer la compra, adquirir productos de higiene personal o acudir a determinados servicios no son neutras desde el punto de vista económico. Cuando existen diferencias tanto en los ingresos como en los precios de algunos bienes y servicios en función del género, el consumo adquiere una dimensión social que merece atención.

La mayor presencia de mujeres en sectores con menor remuneración, la parcialidad involuntaria y la menor representación en puestos de alta responsabilidad influyen en su capacidad adquisitiva. Estas circunstancias repercuten en la posibilidad de ahorro, en el acceso al crédito y, a largo plazo, en la cuantía de las pensiones.

En este contexto se sitúa también el fenómeno conocido como “tasa rosa” o pink tax, que hace referencia al sobrecoste detectado en algunos productos y servicios dirigidos específicamente al público femenino. En ocasiones, la diferencia se limita al diseño, al color o a la estrategia de marketing, sin que existan variaciones sustanciales en la composición o en la calidad.

Este fenómeno se ha observado, principalmente, en:

  • Productos de cuidado personal: determinados cosméticos, cremas, champús o artículos de higiene presentan precios superiores en sus versiones dirigidas a mujeres.
  • Ropa y complementos: algunas prendas femeninas pueden tener un precio más elevado en comparación con artículos similares destinados a hombres.
  • Servicios personales: en determinados establecimientos, servicios como el corte de pelo u otros tratamientos pueden presentar tarifas diferenciadas.

Un estudio publicado en 2015 por el New York City Department of Consumer Affairs concluyó que, en una amplia muestra de productos, los artículos dirigidos a mujeres tenían, de media, un precio superior al de los equivalentes masculinos.

Por otra parte, existen gastos específicos vinculados a la salud menstrual —como productos de higiene y medicamentos para el dolor— que suponen un coste adicional sostenido a lo largo de la vida fértil.

Los hábitos de consumo no se generan de manera aislada, sino que forman parte de un proceso de socialización en el que influyen los roles y expectativas sociales. La publicidad y las tendencias de mercado pueden reforzar determinados patrones de compra, especialmente en ámbitos como la imagen personal o la moda.

Al mismo tiempo, distintos análisis señalan que las mujeres desempeñan un papel clave en la toma de decisiones de consumo en los hogares. Esta posición otorga una importante capacidad de influencia en el mercado.

Desde la perspectiva de la protección de las personas consumidoras, la información y la comparación son herramientas fundamentales para evitar sobrecostes injustificados. No todos los productos presentan diferencias de precio, y estas no siempre responden a criterios objetivos de calidad.

Antes de realizar una compra, se recomienda:

  • Comparar el precio por unidad (€/kg, €/l, €/ml).
  • Revisar la composición y las características reales del producto.
  • Valorar si el diseño o el marketing justifican la diferencia de precio.
  • Contrastar versiones comercializadas para distintos públicos.

Un consumo responsable, crítico e informado contribuye no solo a una mejor gestión de la economía personal y familiar, sino también a fomentar prácticas de mercado más transparentes y equitativas.