María Jesús San José: "Quienes planificaron, ejecutaron y aplaudieron aquel asesinato hurtaron a Yoyes, hace cuarenta años, la posibilidad de realizar el mismo camino que muchos de ellos están transitando ahora"

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  • La consejera de Justicia y Derechos Humanos ha participado esta mañana en la presentación de la exposición ‘Yoyes’, organizada por Gogora
  • La exposición estará ubicada en la plaza Aita Barandiaren de Ordizia, hasta el 16 de octubre

 

La consejera de Justicia y Derechos Humanos, María Jesús San José ha presentado esta mañana en Ordizia la exposición ‘Yoyes’ realizada por Gogora, cuando se acaba de cumplir el 40 aniversario de su asesinato. Le han acompañado, Alberto Alonso, director del Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos−Gogora, y Adur Ezenarro, alcalde de Ordizia. 

María Jesús San José ha comenzado su intervención destacando dos ideas  fundamentales: una, la sinrazón de matar a otro ser humano “nada, puede justificar el uso de la violencia” y la otra, el derecho a la disidencia “la conciencia es libre, por eso esta exposición hablar de personas que decidieron decir la verdad, que soñaron con poder vivir libremente, construir un nuevo futuro, aun a costa de terminar perdiendo su vida a manos de quienes se empeñaban en imponer por la fuerza su proyecto político”.

En este sentido, la consejera de Justicia y Derechos Humanos ha querido subrayar que “hoy sabemos que quienes planificaron, ejecutaron y aplaudieron aquel asesinato hurtaron a Yoyes la posibilidad de realizar, hace cuarenta años, el mismo camino que muchos de ellos están transitando ahora”.

María Jesús San José también ha hecho referencia a un hecho, la respuesta del pueblo de Ordizia y el entorno de Goierri al asesinato de Yoyes, que ocupa también un lugar destacado en la exposición: “habla del momento en el que el valor y el hartazgo de una parte de la sociedad logró superar el miedo” y a su vez, del peso del silencio “el silencio fue y es un gran lastre que sigue arrastrando a la sociedad vasca cada vez que mira a su pasado”.

Tras las intervenciones, Alberto Alonso, director de Gogora, ha acompañado a las personas asistentes en la visita a la exposición.

‘Yoyes’

Dolores González Katarain nació el 14 de mayo de 1954 en Ordizia. El nombre por el que la llamaba su familia, allegados y se le conoce, ‘Yoyes’, proviene del balbuceo infantil intentado pronunciar ‘Dolores’.

Su recorrido en ETA comenzó en los primeros años 70 y, a finales de 1973 huyó a Iparralde. Asumió cargos de cierto peso en ETA militar a partir de septiembre de 1974 y fue ganando influencia hasta llegar a ser la primera mujer en acceder, brevemente, a su Comité Ejecutivo. En 1979 abandonó la organización tras un proceso de reflexión personal complejo y se trasladó a México donde cursó la carrera de Sociología.

El 4 de noviembre de 1985 regresó a Euskadi ya sin cuentas pendientes con la justicia. Visitaba la feria agrícola de Ordizia con su hijo cuanto ETA la asesinó, era el 10 de septiembre de 1986. Su asesinato supuso un hito en el pasado traumático de Euskadi.

La exposición

Está compuesta por cuatro paneles dobles dispuestos en forma de X, respetando el lugar que recuerda a Yoyes, allí donde fue asesinada el 10 de septiembre de 1986.

Esta exposición, se compone principalmente, por fotografías de fotoperiodistas de diferentes medios, hemeroteca y una tercera fuente con mucha presencia e importancia: extractos de los diarios de Yoyes, que la familia y personas allegadas publicaron en el libro ‘Yoyes, Desde su ventana’ (la primera edición es de 1987).

Uno de los paneles explica la doble instrumentalización de la que fue objeto. El Gobierno Central y los medios de comunicación la presentaron como arrepentida y reinsertada, si bien, ella no tenía causas pendientes con la justicia y, por tanto, no se acogió a ninguna medida de reinserción.

Explotaron su condición de mujer y madre para construir una narrativa que escondía por completo su pensamiento político, y presentaron su alejamiento de ETA como una simple derivada sentimental de la maternidad, y no como el resultado de una profunda y madura reflexión intelectual.

Por su parte, ETA la señaló como traidora, además de colaboracionista. La organización terrorista ignoró y/o escondió que Yoyes no colaboró de forma alguna con el Gobierno, y manipuló su regreso decretando primero su muerte social y después su muerte física.

Visualmente, se pueden ver las informaciones de la época, así como alguna de las pintadas acusándola de ‘traidora’ y el comunicado de ETA publicado en prensa reivindicando el atentado, días después de su asesinato. Es especialmente llamativo el extracto de su diario en el que ella misma es consciente de las mentiras que, desde uno y otro lado, se vierten sobre ella.

Consciente del riesgo

En uno de los paneles se puede leer la carta manuscrita por la propia Yoyes, fechada en París, el 8 de octubre de 1985, diez meses antes de su asesinato y anterior a su regreso a Euskadi, en ella declara haber sido amenazada por ETA al enterarse de su intención de regresar del exilio para vivir junto a su familia.

Afirma que “la responsabilidad de mi muerte corresponde a ETA”, “es inaceptable que una organización que se dice revolucionaria utilice tácticas fascistas o stalinistas, como más guste, con los miembros que en algún tiempo (lejano en mi caso) formaron parte de ella. El silencio es cómplice”.

La muestra dedica un notable espacio a reflejar la evolución que experimentó Yoyes en sus convicciones sociales, políticas y éticas, a través de los extractos de su diario personal. Convicciones que no se ajustaban a los parámetros de unos y otros en aquel momento.

Respuesta social e institucional

En Ordizia y la comarca del Goierri el asesinato de Yoyes generó una notable conmoción. Se produjeron marchas y concentraciones de protesta y al día siguiente se convocó una huelga general de protesta que tuvo un amplio seguimiento, pero también hubo miedo y silenciamiento, y también quien lo justificó.

Los partidos políticos condenaron el atentado, a excepción de Herri Batasuna, y lo mismo ocurrió en el pleno del Ayuntamiento, donde PNV, PSOE y EE acordaron una moción de condena expresa del atentado a la que HB votó en contra.

La exposición también recoge en este apartado las diferentes campañas que surgieron en contra de este asesinato. La campaña ‘Con Yoyes por la libertad’ comenzó con la firma, con nombre y dos apellidos, de 23 personas y se cerró con más de 8.000, de ellas, 1.500 eran de vecinos y vecinas de Ordizia.

Asimismo, se puede leer una carta manuscrita, firmada por Agustín Ibarrola, fechada el 15 de octubre de 1986, y que comienza así: “En nombre de Euskadi pido paz. Pido el derecho a ser vasco libremente sin imposiciones de ningún modelo ideológico”. Se recoge también el comunicado remitido a la prensa firmado por antiguos miembros de ETA de la zona de Goierri, “nos consideramos reinsertados por haber renunciado en su momento a seguir militando en ETA para defender nuestros ideales por medios pacíficos”; textos publicados en prensa en relación a este asesinato; la campaña ‘Contra el silencio’ que meses después, ya en 1987, que diferentes colectivos y asociaciones pro-derechos humanos puso en marcha ligada al asesinato de Yoyes. Jorge Oteiza colaboró con esta campaña diseñando la imagen.

Algo más que un concierto

Una plataforma ciudadana organizó un concierto el 18 de octubre de 1986 en Ordizia, un homenaje popular y musical masivo en memoria de Yoyes. Fue una muestra de rechazo social a su asesinato y un acto de valentía cívica frente a quien apoyaba a ETA y amenazaba explícitamente a las personas participantes: Imanol Larzabal, Karlos Giménez, Amaia Zubiria, Txomin Artola, el grupo Ganbara, y los bertsolaris Andoni Egaña, Xabier Euzkitze y Jon Sarasua.

Además, durante el concierto se leyeron diversos textos y poemas de Gabriel Aresti, Felipe Juaristi, Agustín Ibarrola y Xabier Lete. Todo transcurrió en un ambiente de gran tensión y presión.

Algunas personas pagaron un precio muy alto por participar. Fue el principio de la violencia de persecución que durante años padecería, por ejemplo, el cantante Imanol. En la actualidad, sabemos que no fue el único.

En la exposición se pueden leer algunos de los bertsos que Egaña, Euzkitze y Sarasua cantaron aquel día; una muestra del valor y la valentía con la que lo hicieron.

La muestra rescata también el concierto celebrado dos años después, con Imanol y Karlos Giménez al frente del elenco.

Un alegato final

Un último panel recuerda el sentido de las políticas públicas de memoria en una sociedad democrática, reconociendo a todas las víctimas de vulneraciones de derechos humanos, en base a la verdad, la justicia y la reparación.

Apela también a la valentía para enfrentar un pasado doloroso, evitando mirar hacia otro lado y olvidarlo, en aras a construir una sociedad justa y digna, con una ciudadanía firmemente comprometida con los derechos humanos y la convivencia.

 

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