
(Artículo publicado en el periódico DEIA el 31 de julio 2026)
Itziar Fernández Marrón
Directora de Política Económica y Cohesión Europea del Gobierno Vasco
Cuando hablamos de Europa, a menudo pensamos en grandes instituciones, decisiones políticas o estrategias internacionales. Sin embargo, una parte esencial del proyecto europeo se materializa muy cerca de nuestro entorno: en los centros educativos y sanitarios que utilizamos, en las empresas que innovan, en los programas de formación y empleo, o en las actuaciones que protegen nuestro entorno. Esa es la realidad cotidiana de la Política de Cohesión Europea.
Desde sus orígenes, la cohesión ha ocupado un lugar central en la construcción europea. Su objetivo es claro: promover un desarrollo equilibrado entre territorios y garantizar que el progreso económico y social llegue a todas las personas. En Euskadi, esta política constituye mucho más que una fuente de financiación. Es una herramienta estratégica para transformar el territorio, reforzar nuestra competitividad y avanzar hacia una sociedad más innovadora, sostenible e inclusiva.
La Política de Cohesión conecta las prioridades de la Unión Europea con las necesidades reales de las regiones. Gracias a esta colaboración, Euskadi puede convertir grandes retos globales, como la transición digital, la transición energética o la inclusión social, en proyectos concretos que generan resultados tangibles para la ciudadanía.
Y esos resultados están más cerca de lo que a veces pensamos. Los fondos europeos contribuyen a financiar actuaciones en ámbitos tan diversos como la investigación, la digitalización de los servicios públicos, la mejora de la eficiencia energética de edificios públicos, la protección frente a inundaciones, la restauración de ecosistemas, la formación para el empleo o el apoyo a personas en situación de vulnerabilidad. Detrás de cada proyecto hay una misma finalidad: mejorar la calidad de vida de las personas y fortalecer el futuro de Euskadi.
En el periodo 2021-2027, esta labor se articula principalmente a través de dos instrumentos fundamentales: el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) y el Fondo Social Europeo Plus (FSE+). Aunque actúan en ámbitos diferentes, ambos comparten un mismo objetivo: construir una Euskadi más cohesionada, competitiva y preparada para afrontar los desafíos del futuro.
El programa FEDER del País Vasco movilizará inversiones superiores a 352 millones de euros, de los cuales más de 165 millones proceden de financiación europea. Su principal misión es impulsar la innovación, la digitalización y la transición ecológica.
Una parte muy significativa de estos recursos se dirige a fortalecer la investigación y el desarrollo tecnológico, en línea con la estrategia de especialización inteligente RIS3 Euskadi 2030. Programas de apoyo a la I+D empresarial, iniciativas vinculadas a tecnologías estratégicas o proyectos de gran potencial transformador, como los relacionados con la computación cuántica, reflejan la apuesta de Euskadi por consolidar una economía basada en el conocimiento y la innovación.
La digitalización constituye otro de los grandes ámbitos de actuación y, al mismo tiempo, el FEDER desempeña un papel clave en la transición verde. Las inversiones destinadas a mejorar la eficiencia energética en centros educativos y sanitarios, prevenir riesgos naturales, proteger la biodiversidad o fomentar una movilidad más sostenible contribuyen a construir un territorio más resiliente frente a los efectos del cambio climático.
Si el FEDER representa la inversión en infraestructuras, tecnología e innovación, el Fondo Social Europeo Plus simboliza la dimensión más humana de la cohesión. Su razón de ser es sencilla pero esencial: garantizar que nadie quede atrás.
El programa FSE+ del País Vasco prevé actuaciones por valor de más de 197 millones de euros, con una aportación comunitaria cercana a los 79 millones. Se estima que sus iniciativas beneficiarán a más de 90.000 personas a lo largo del periodo de programación.
El empleo y la formación ocupan un lugar prioritario. El programa financia actuaciones de Lanbide dirigidas a personas desempleadas, jóvenes con baja cualificación y trabajadores que necesitan adaptarse a los nuevos perfiles profesionales surgidos de la transformación digital y ecológica. También impulsa ayudas para favorecer la primera contratación de jóvenes en empresas y entidades locales.
Sin embargo, el alcance del FSE+ va mucho más allá del mercado laboral. El programa constituye una herramienta fundamental para avanzar en la lucha contra la pobreza infantil, promover la igualdad de oportunidades y reforzar la inclusión social.
En esta tarea resulta especialmente valiosa la colaboración con las entidades del tercer sector, que desarrollan itinerarios de inserción para colectivos vulnerables, proyectos de autoempleo, iniciativas de creación de microempresas y programas orientados a la retención del talento. Se trata de una labor que demuestra que la cohesión no es únicamente una política pública, sino un esfuerzo colectivo sustentado en la cooperación entre instituciones, agentes económicos y organizaciones sociales.
Los buenos resultados obtenidos hasta ahora reflejan también la capacidad de Euskadi para gestionar estos recursos con eficacia, rigor y transparencia. El cumplimiento de la senda financiera prevista para los programas FEDER y FSE+, incluida la exigente regla N+3 establecida por la Comisión Europea, confirma la solidez de un modelo de gestión basado en la planificación, la coordinación y la orientación a resultado, así como un modelo de gobernanza compartido entre organismos gestores (diputaciones, ayuntamientos, sociedades, empresas...) que reflejan nuestro marco de colaboración multiagente.
Pero quizá el principal valor de la Política de Cohesión sea otro: su capacidad para convertir prioridades políticas en mejoras reales para la ciudadanía. Porque los fondos europeos no son un fin en sí mismos. Son la herramienta que permite apoyar a quien busca empleo, impulsar a una empresa innovadora, proteger nuestro entorno natural, modernizar los servicios públicos o preparar a las nuevas generaciones para los desafíos del mañana.
En un momento decisivo para el futuro de Europa, Euskadi reafirma así su compromiso con una Política de Cohesión fuerte, capaz de seguir impulsando la competitividad, la sostenibilidad y la igualdad de oportunidades. Una política que sitúa a las personas en el centro y que demuestra, cada día, que Europa se construye también desde los territorios. Y que, cuando la cooperación funciona, los resultados llegan mucho más lejos que la propia financiación.