La exposición temprana y masiva a la pornografía es hoy uno de los principales desafíos educativos para quienes trabajan con infancia, adolescencia y juventud. El acceso ilimitado a contenidos sexuales a edades cada vez más tempranas, sin acompañamiento adulto y sin recursos educativos previos, está influyendo en la construcción del imaginario erótico de las personas jóvenes y en su manera de entender los cuerpos, las relaciones y el consentimiento.
Ante esta realidad, desde el Observatorio Vasco de la Juventud consideramos imprescindible ofrecer espacios formativos que permitan analizar este fenómeno en profundidad y aportar herramientas para una intervención educativa rigurosa, crítica y actualizada.
En esta ocasión contamos nuevamente con la colaboración de Emaize Sexologia Zentroa-Centro Sexológico, referente en Euskadi en el ámbito de la educación sexual, el asesoramiento y la formación a profesionales. Sus más de treinta años de trayectoria avalan un trabajo comprometido con una visión positiva, integral y respetuosa en la atención a las sexualidades.
La formación correrá a cargo de dos profesionales con amplia experiencia en el acompañamiento a jóvenes en centros educativos y espacios de asesoramiento, y en formación de agentes educativos, incluidas familias: Raúl Marcos Estrada, psicólogo y sexólogo, que impartirá el curso en Bilbao, y Miren López de Arregi Lakuntza, trabajadora social y sexóloga, responsable de la edición en Donostia. Ambos aportarán una mirada especializada sobre el papel educativo de la pornografía, su influencia en el desarrollo erótico y las claves para intervenir desde una perspectiva pedagógica, preventiva y basada en el consentimiento.

1. Esta es la tercera ocasión en la que el Observatorio Vasco de la Juventud organiza esta formación sobre pornografía y adolescencia. ¿Qué cambios detectas en el debate social desde la primera edición?
En estos años he notado un cambio claro: hablamos más de pornografía, pero no necesariamente hablamos mejor. Sigo viendo mucha alarma y, al mismo tiempo, mucha desorientación educativa. La pornografía mainstream se ha vuelto un tema recurrente en medios, en centros escolares y en familias, pero continúa faltando un marco pedagógico sólido que nos permita situarla en su contexto.
Este curso vuelve a ser necesario precisamente por eso: necesitamos pasar del escándalo a la educación, del miedo a la comprensión. Y ahí es donde tratamos de aportar claves prácticas tanto Miren (en Donostia) como yo (en Bilbao).
2. Se habla cada vez más del papel educativo de la pornografía. ¿A qué te refieres cuando planteas esta idea en la formación?
Cuando digo que la pornografía está cumpliendo una función educativa, no lo digo como elogio, sino como advertencia. Está “educando” porque nosotras y nosotros no lo estamos haciendo lo suficiente.
La pornografía ofrece un relato muy uniforme sobre los cuerpos, los roles de género, el placer y el consentimiento. No busca enseñar, pero las y los jóvenes la usan con ese objetivo. Por eso, más que demonizarla, lo que propongo es eliminar su papel como herramienta de aprendizaje. El porno pierde poder cuando ofrecemos a niñas, niños y adolescentes referentes eróticos sanos, materiales adecuados y espacios seguros para expresarse.
La pregunta clave no es: “¿Cómo evitamos que la vean?”, sino:“¿Qué necesitan para no tener que aprender solo desde ahí?”.
3. En el curso de este año vais a profundizar en la relación entre pornografía y agresiones sexuales. ¿Cómo abordas un tema tan sensible sin caer en simplificaciones?
Lo primero es evitar el titular fácil. La pornografía no es "la causa" del aumento de agresiones sexuales, pero sí es un factor que influye en cómo los chicos aprenden a situarse en el mapa del deseo, la masculinidad y el consentimiento.
Muchos vídeos normalizan dinámicas de dominio, borran el deseo femenino y presentan la violencia como un matiz erótico. Y cuando eso se convierte en el manual de referencia, se generan ideas distorsionadas sobre lo que es “normal”.
En la formación ponemos mucho énfasis en enseñar a leer críticamente esos contenidos y, sobre todo, en cómo introducir conversaciones sobre consentimiento erótico desde edades tempranas. La prevención real pasa por acompañar, no por prohibir.
4. ¿Qué claves educativas ofrecéis a las y los agentes que participan en la formación? ¿Qué pueden hacer en su trabajo cotidiano?
Una de las claves es dejar de hablar de la pornografía como si fuera un monstruo que llega de fuera. Tenemos que hablar de deseo, de cuerpos reales, de límites, de vínculos, de fantasías…, porque si no lo hacemos, lo hará la pornografía en nuestro lugar.
Proponemos herramientas concretas: cómo abrir conversaciones sin generar vergüenza; cómo trabajar la alfabetización mediática erótica; cómo ofrecer alternativas educativas ajustadas a cada edad; cómo introducir la ética del consentimiento desde los 6-7 años, o cómo acompañar a quienes ya consumen pornografía, sin culpabilizar.
A nivel práctico, el curso ofrece ejemplos de dinámicas, materiales audiovisuales, casos reales y pautas para intervenir en centros educativos, servicios sociales y espacios comunitarios.
5. ¿Qué te gustaría que se llevaran las personas participantes de esta tercera edición?
Me gustaría que salieran del curso menos asustadas y más preparadas. Que entiendan que el objetivo no es “combatir” la pornografía, sino acompañar a las personas jóvenes en la construcción de un imaginario erótico propio, plural y ético.
Si logramos que cada agente educativo pueda convertirse en una referencia fiable, accesible y serena, la pornografía dejará de ser ese libro de instrucciones que tanta confusión genera.
Y me gustaría que se llevaran la idea de corresponsabilidad. Miren y yo ofrecemos claves, pero la transformación depende de cómo traslademos estas conversaciones a las familias, a los centros y a la comunidad. La educación sexual integral no es un lujo: es una necesidad.

