Informe trimestral de la economía vasca

La reciente escalada de tensión en Oriente Próximo ha provocado un alza inmediata del precio del petróleo y del gas natural, en la medida en que el conflicto afecta a una región de enorme relevancia en la exportación de productos energéticos, con especial atención al estrecho de Ormuz.

Antes de analizar las vías de impacto de este shock energético en la economía vasca, resulta conveniente poner en perspectiva algunos hechos relativos a crisis energéticas pasadas. Durante la década de los setenta, marcada por la guerra del Yom Kippur (1973) y la revolución iraní (1979), el precio del barril se multiplicó por tres, alcanzando en términos de poder adquisitivo actual unos 170 dólares, todavía por encima de los de 100 dólares por barril observados en estas primeras semanas de conflicto.

En esta misma línea, en la crisis energética más reciente el precio del gas natural ya se había multiplicado por cinco incluso antes de la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Hasta el momento, el incremento acumulado de los precios del gas ronda el 100%. Además, existían previamente fuertes presiones inflacionarias, la inflación en enero de 2022 era ya del 6%, los tipos de interés eran del 0% y existían problemas en las cadenas de suministro globales tras la reapertura de las economías tras la pandemia.

Otra cuestión relevante es que las economías desarrolladas dependen cada vez menos, en términos relativos, de los combustibles fósiles, tanto para el consumo como para el proceso productivo. No obstante, el avance de la electrificación sin sustitutos renovables también puede implicar una mayor exposición a los precios del gas natural.

Algunos estudios sugieren que, además de este último factor, determinadas mejoras institucionales han reducido las consecuencias negativas de los shocks en los precios del petróleo. En primer lugar, una menor rigidez de los salarios reales contribuiría a evitar largos periodos de estanflación. En segundo lugar, la mayor credibilidad de la política monetaria, en particular, un mejor anclaje de las expectativas de inflación al objetivo del banco central habría amortiguado estos efectos.

En lo que respecta a la economía vasca, una primera aproximación al impacto inmediato del alza de los precios del petróleo y del gas consiste en analizar su relación con el grupo de productos energéticos del IPC. Como se observa en el gráfico inferior, las fuertes variaciones en el precio del barril Brent (convertido a euros) se trasladan con menor intensidad a los precios de los productos energéticos. Esto implica una elasticidad a corto plazo inferior a la unidad, que históricamente se sitúa en torno a 0,16, es decir, cada incremento del 10% en el precio del petróleo se traduce en un aumento de algo menos del 2% en el conjunto de los precios energéticos. Aunque es cierto que, tomando una muestra más restringida, en el episodio de hace unos años la elasticidad se situó en torno al 0,30 debido al crecimiento descontrolado del precio del gas natural, algo que, hasta el momento, no ha sucedido.

De esta forma, dado que el peso de estos productos en la cesta de la compra en Euskadi es de aproximadamente el 7,9%, el IPC general aumentaría en torno a 0,13 puntos porcentuales por cada incremento del 10%. A finales de marzo, fecha de cierre de este estudio, el precio del barril fluctúa entorno al 40% por encima del nivel de febrero, lo que implicaría, solo por esta vía directa, un aumento de la inflación de cinco décimas en marzo. En este sentido, las fuertes medidas adoptadas respecto a las rebajas de IVA del 21% a 10% para la electricidad, carburantes y gas, además de los impuestos sobre la producción de energía eléctrica o el impuesto especial de hidrocarburos podrían mitigar temporalmente el impacto en los precios siendo internalizando el coste por el sector público.


La traslación de este incremento de los precios a la actividad real a corto plazo es más incierta en su magnitud. La elasticidad de la demanda de las importaciones de crudo respecto al precio es baja a corto plazo. Tras el proceso de refino, aproximadamente dos tercios de la producción se exporta, principalmente al resto del Estado, un 23% sirve a la demanda intermedia y casi un 10% termina directamente en el consumidor final y no puede rechazarse que el impacto inmediato sea diferente para cada uno de estos grupos. Además, la extensión temporal del conflicto, en ausencia de distorsiones en los precios, podría incidir en una menor demanda o una mayor sustitución de los elementos más afectados por el incremento de los precios.

2026 - Trimestre 1

La economía vasca creció un 2,4% interanual en el cuarto trimestre de 2025, lo que permitió cerrar el ejercicio con una variación media del 2,3%. Aunque ligeramente por debajo del avance de 2024, sigue siendo un incremento notable y coherente con un entorno internacional particularmente complejo. El crecimiento combinó dinamismo, constancia y equilibrio al superar con holgura la media de la zona euro, mantener una trayectoria ascendente a lo largo del año y apoyarse de forma proporcional en el consumo privado y la formación bruta de capital.

Desde la óptica de la oferta, la industria volvió a reflejar las mismas tensiones que se observan en otras economías europeas, condicionada por la incertidumbre sobre sectores estratégicos, la polarización geopolítica y la expansión de políticas proteccionistas. Aun así, en 2025 mostró una evolución moderada pero encaminada hacia la estabilización, gracias a la recuperación de los pedidos y la normalización de algunos costes y flujos logísticos. Tras dos trimestres prácticamente planos, el sector repuntó con claridad en el cuarto trimestre, hasta el 0,9%, lo que permitió cerrar el año con una media del 0,4%. La industria manufacturera siguió un patrón similar, con escasa variación en la primera mitad del año y un repunte final del 0,8%, señalando una mejora gradual de las perspectivas.

La construcción destacó por una fortaleza muy superior a la observada en ejercicios previos. Alcanzó tasas superiores al 5% en verano y mantuvo un crecimiento del 4,9% en el cuarto trimestre. Tanto el incremento del Índice Coyuntural de la Construcción, del 6,3%, como el aumento de la afiliación del 2,6% en el último trimestre confirman la solidez del sector y su aportación al conjunto de la actividad.

Los servicios volvieron a ser el principal motor del crecimiento. En el conjunto de 2025 su valor añadido aumentó un 2,8%, con un ritmo estable durante el año y apoyado en los tres grandes bloques de actividad. Destacó el vigor del comercio, la hostelería y el transporte, con un avance del 3,3%, claramente superior al del ejercicio anterior. Las ramas más vinculadas al sector público ofrecieron igualmente un comportamiento sólido y continuado, con crecimientos por encima del 2% durante todo el año.

Por el lado de la demanda, las cuentas económicas confirman que el crecimiento se sostuvo, principalmente, en la solidez de la demanda interna. La pauta observada al inicio del ejercicio se prolongó hasta el cierre del año, con una composición estable entre consumo e inversión y un sector exterior menos favorable que en etapas anteriores. La demanda interna mostró un avance dinámico y continuado, con tasas que pasaron del 2,4% al 3,2% a lo largo del año, lo que permitió cerrar 2025 con un incremento medio del 2,9%. Dentro de este agregado, el consumo final mantuvo un crecimiento regular en torno al 2,5%, apoyado en la moderación de precios y la estabilidad de los servicios públicos. Por su parte, la inversión destacó por su perfil ascendente y por su contribución al ciclo. Este impulso interno compensó el comportamiento del sector exterior, que restó ocho décimas al crecimiento del cuarto trimestre y drenó seis décimas en el balance anual.

La evolución favorable de la actividad se trasladó al mercado laboral, que cerró 2025 con un crecimiento del empleo del 1,4%, solo una décima por debajo del ritmo del año anterior y todavía en niveles sólidos. Este avance se tradujo en la creación de cerca de 14.000 puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo. El perfil trimestral mostró un arranque especialmente dinámico, con un aumento del 1,5% en el primer trimestre, para estabilizarse posteriormente en torno al 1,4% hasta el final del ejercicio. En el cuarto trimestre, el número total de puestos de trabajo superó el millón, alcanzando el nivel más alto de toda la serie estadística, con una parte mayoritaria de la creación de empleo concentrada en los servicios.

En materia de precios, se mantuvo la senda de moderación. El deflactor del PIB pasó del 2,8% en 2024 al 2,6% en 2025. Por su parte, el IPC se situó en el 3,0% de media anual, una décima menos que en 2024, y esta contención se prolongó en los dos primeros meses de 2026.

La información coyuntural más reciente y la actualización de las hipótesis de contexto permiten definir un escenario macroeconómico para 2026 y 2027. El escenario central se elabora bajo supuestos de continuidad, sin incorporar un shock adicional derivado del conflicto. En este marco, el PIB crecería un 2,2% interanual en el primer trimestre de 2026, con una moderación gradual posterior, hasta un crecimiento medio del 1,9% en 2026 y del 1,6% en 2027. El empleo aumentaría un 1,0% en 2026 y un 0,7% en 2027, con una reducción de la tasa de paro hasta el 6,4% y el 6,2% respectivamente. En precios, se prevé que el deflactor del PIB crezca un 2,6% en 2026 y se modere al 2,1% en 2027.

De forma complementaria, se ha realizado un ejercicio específico para evaluar el impacto potencial del encarecimiento de la energía derivado del conflicto en Oriente Próximo. El análisis muestra que un aumento persistente de los precios del petróleo y del gas podría intensificar temporalmente las presiones inflacionarias y, si se prolonga, trasladarse gradualmente a la actividad y a la competitividad de la economía vasca. Los efectos directos serían acotados en el corto plazo, pero su persistencia ampliaría el deterioro a lo largo de 2027. Las medidas aprobadas por el Gobierno Vasco y el Gobierno de España contribuirían a amortiguar parcialmente estos efectos, reduciendo la presión sobre hogares y empresas y moderando la pérdida de renta disponible. En todo caso, el alcance final dependerá de la evolución del conflicto y del comportamiento de los mercados energéticos.