Departamento de Cultura y Política Lingüística

Siete cosas de consumo que (quizá) llevas haciendo mal toda la vida

autor: Kontsumobide, 

Lo llevas haciendo mal toda la vida. Y lo sabes. Lo has leído en uno de esos listados que te explican cómo debes verter el líquido del tetrabrik o cómo puedes sujetar una pajita en la pestaña de la lata de refresco. Y seguro que te han hecho ruborizar al constatar todas esas cosas que (presuntamente) haces mal. Ya puestos, Kontsumobide te repasa siete aspectos de consumo que (quizá) también deberías replantearte:

  • Comprar un producto sin preguntar si se puede devolver. Craso error. Es probable que en tu infancia te taladraran el cerebro con la cancioncilla de "si no queda satisfecho, le devolvemos el dinero", pero los comercios solo tienen obligación de aceptar una devolución si el objeto es defectuoso. Si se encuentra en buenas condiciones y permiten el cambio, es pura política comercial, sujeta a sus condiciones.
  • No exigir el ticket o no guardarlo. Total, ¿para qué? ¿Para llenar la cartera de papeles? Pues para poder reclamar. Y, de paso, si lo pides, para asegurarte de que han registrado la venta y de que tu compra se reflejará en su contabilidad.
  • Aceptar las condiciones de las aplicaciones que te instalas sin leerlas. Y, ya puestos, permitir su acceso a tus contactos, mensajería instantánea, agenda, imágenes, archivos, cámaras de fotos, métodos habilitados de pago… Así. A lo loco. Como si no hubiera mañana.
  • Comprar en una web sin mirar si es una plataforma de intermediación entre particulares. Luego vienen los disgustos, cuando te acercas a Consumo a reclamar porque el producto no funciona, o no te ha llegado, o el cargo es superior... Entonces no pueden hacer nada porque hiciste una transacción con otro particular y ese ámbito no es competencia de Consumo, sino de los tribunales civiles.
  • Ignorar el etiquetado. Así acabas con la cesta de la compra rellena de espárragos cultivados en China o en Perú, pero enlatados en Navarra. O con camisetas que solo pueden lavarse en seco. O con alimentos que son puro azúcar o que contienen aceite de palma a pesar de anunciarse como artesanales o naturales.
  • No repasar con lupa la letra pequeña de la factura del teléfono. Si tu compañía decide subirte la tarifa o cambiarte las condiciones del contrato, debe comunicártelo con al menos un mes de antelación. En este caso, puedes rescindir el contrato sin penalización alguna, aunque te hayas comprometido a un periodo de permanencia. La mayoría cumple con esa obligación a través de la inclusión de un aviso en la factura, pero, claro está, tú no lees la factura, sea electrónica o en papel. Compruebas la cuantía y ya. Y tu compañía telefónica, encantada de haberte conocido.
  • Olvidar revisar la prima del seguro antes de que venza la póliza. Y permitir que tu aseguradora te incremente el recibo de forma unilateral, sin que tú rechistes lo más mínimo, porque no recuerdas cuánto te cobro el año anterior y cuando te da por mirar los cargos ya es demasiado tarde.

Y ya sabes... Nunca es tarde, si la dicha es buena.