
- I. Presentación
- II. Introducción
- III. Metodología de la evaluación
- IV. Áreas prioritarias
- V. Conclusiones
- VI. Anexo
- VII. Descarga del documento completo
La esperanza de vida en Euskadi se sitúa entre las mayores del mundo tanto para hombres como para mujeres y, lo que es aún más importante, la esperanza de vida libre de incapacidad ha aumentado en ambos sexos. A pesar de ello, en nuestra sociedad siguen existiendo desigualdades socioeconómicas y culturales que hacen que se produzca más enfermedad y ésta se diagnostique más tardíamente en los grupos más desfavorecidos.
El número de personas fumadoras ha ido descendiendo en estos últimos años y sobre todo en los varones de edad media y nivel socioeconómico medio-alto, sin embargo, aunque hay menos mujeres fumadoras, ellas no están abandonando el hábito tabáquico en igual proporción que los hombres. La exposición al humo de tabaco ajeno ha disminuido de forma relevante.
Hay menos consumo de alcohol que hace diez años, lo mismo pasa con las drogas ilegales. El consumo denominado experimental o de iniciación ha aumentado, hay más población que ha probado el alcohol o las drogas que hace diez años.
La mortalidad por cáncer de mama ha disminuido gracias al programa de cribado que ha permitido su diagnóstico precoz y a unos tratamientos cada vez mas eficaces. La reducción del consumo de tabaco y una menor exposición laboral y ambiental a agentes cancerígenos parece que ha sido determinante en la reducción del cáncer de pulmón en hombres. En la mujer, incorporada desde hace varias décadas al consumo habitual del tabaco, ha aumentado la incidencia del cáncer de pulmón en un 164% El cáncer colorrectal está aumentando, por ello, el cribado poblacional en la población de 50 a 69 años, puesto en marcha en 2009, será determinante para diagnosticar de forma temprana este tipo de cáncer y poder reducir su mortalidad.
Las enfermedades cardiovasculares han seguido aumentando debido a la mayor supervivencia de la población. Son determinantes de esta situación los hábitos no saludables (sedentarismo, incorrecta alimentación, drogas o tóxicos como el tabaco) y los patrones de desigualdad socioeconómica . La mayor dedicación de profesionales en el control de factores de riesgo como la hipertensión arterial y la educación sanitaria entre otros, han reducido su mortalidad.
En cuanto a las enfermedades mentales, en las mujeres aumenta la prevalencia de ansiedad y depresión al descender en la escala social.
En ambos sexos y en todos los grupos socioeconómicos, ha aumentado la obesidad siendo uno de los principales problemas que condicionará la incidencia y prevalencia de la diabetes o las enfermedades cardiovasculares.
Las enfermedades infecciosas han disminuido, en gran parte por una excelente cobertura vacunal. El sida también ha descendido, no así el número de personas infectadas por el VIH que sigue aumentando su incidencia, sobre todo, en aquellos hombres que mantienen sexo con otros hombres.
La primera causa de mortalidad en jóvenes son los accidentes y estos han sufrido una drástica reducción de más del 60% en los accidentes laborales y sobre todo en los de tráfico.
A pesar de los avances sanitarios y las múltiples actuaciones de prevención y promoción nos enfrentamos a nuevos desafíos: envejecimiento, aumento de las patologías crónicas y de las desigualdades sociales en salud. El fomento de hábitos de vida saludables, el enfoque de la salud en todas las políticas y la gestión de la cronicidad serán los retos para este próximo decenio.
III. Metodología de la evaluación
VII. Descarga del documento completo