Los observatorios culturales en el mundo, el aprendizaje de experiencias


Un observatorio cultural es el organismo que se encarga de generar, sistematizar y tratar toda aquella información relativa al ámbito cultural de un determinado territorio y al análisis de aspectos generales, sectoriales o territoriales vinculados a la cultura en su sentido más amplio. El uso del término “observatorio” muestra que el acento se sitúa en la acción de “observar”, en el hecho que este organismo se dedica a analizar detenidamente una realidad, los fenómenos que se dan en ella, etc. Evidentemente, éste es el mínimo común denominador de lo que es un observatorio cultural. Si nos remitimos a las iniciativas que se han puesto en marcha en todo el mundo, nos damos cuenta que los modelos que se han aplicado son bastante distintos, con la particularidad que mantienen este referente común.

En general, pues, los observatorios se dedican a generar (de forma propia o a través de encargos) toda la información estadística, sistematizarla y tratarla, del sector cultural. Ésta es la principal función que deben desarrollar ya que la escasez de datos, por un lado, o la dispersión, por el otro, es la tónica común la mayoría de las veces. El sector cultural es uno de los ámbitos peor abastecidos de información estadística fiable y regular en el tiempo y de aquí que uno de los hitos que se quiere conseguir con la puesta en marcha de un observatorio es la homologación del sector cultural a otros sectores de actividad en cuanto a la consistencia y recopilación de datos. Para cumplir con este cometido, son frecuentes las alianzas que se establecen con los institutos de estadística con el fin no sólo de sumar recursos para el estudio de la realidad cultural, sino para garantizar el rigor y la aplicación de metodologías correctas.

Los observatorios también se encargan de elaborar información de tipo cualitativo, a través de estudios centrados en analizar las cuestiones más inexploradas, de carácter transversal o más estratégico. Esta vertiente viene a reforzar el trabajo que se hace en torno a las estadísticas, con el valor añadido de ir generando un corpus argumental y teórico importante. En definitiva, la misión de un observatorio es la de convertirse en el servicio de información cultural de referencia para un territorio determinado.

Los observatorios culturales puestos en marcha hasta el momento se han ido desarrollando sobre estas bases mínimas, situando el acento en un aspecto u otro de su organización o mandato. A partir de aquí se pueden trazar modelos en función del ámbito territorial al que dan abasto, el peso de la función estadística sobre el conjunto de su actividad, la estructura organizativa, la titularidad, etc.

La mayoría de los observatorios culturales existentes se encuentran en países próximos a la tradición europea continental (Francia, Italia y Canadá son los países que han acogido un mayor número de experiencias), mientras que los países de la órbita anglosajona han tendido a desarrollar otras fórmulas vinculadas a los Arts Council o directamente dependientes de los Ministerios de Cultura. En estos últimos casos la función de “observar” se encamina la mayoría de las veces al conocimiento del entorno para tomar las decisiones acertadas sobre el reparto de los recursos. Es por lo tanto una observación muy intencionada, que responde a una finalidad concreta.

Además, existen un buen número de organismos que, si bien se autodenominan observatorios culturales, sólo ejercen alguna de sus funciones secundarias: centros universitarios, centros que coordinan e implementan proyectos europeos, centros que ponen en relación la iniciativa local con otras iniciativas internacionales o agencias de investigadores que trabajan desde una perspectiva comparativa a nivel supranacional.

El peso de la función estadística dentro de la actividad del observatorio es significativo a la hora de establecer una tipología. Algunos observatorios ponen, de forma muy clara, en el centro de su actividad la labor estadística, mientras que otros a pesar de generar y usar estudios estadísticos se decantan más por una función de apoyo a los distintos sectores culturales, a través de proporcionarles claves de análisis cuantitativas y cualitativas.

Efectivamente, los observatorios que ponen el acento en su labor de servicio estadístico desde sus inicios establecen relaciones con los Institutos de Estadística correspondientes o pasan a ser el brazo ejecutor de los trabajos estadísticos. Éste es el caso del observatorio de Québec o del DEPS en Francia. El observatorio quebequés se constituyó, desde su fundación, en un servicio estadístico con poder de encuesta, por el hecho de ser considerado como unidad administrativa del Instituto de Estadística de Québec. De la misma manera, el DEPS por delegación del Instituto de Estadística francés es el encargado de producir y difundir los datos estadísticos en el ámbito cultural.  

En cambio, existen otros observatorios que, generando información más de tipo cualitativo, concentran sus acciones en el apoyo y la relación con los sectores culturales. Éste sería el caso del observatorio cultural del Piemonte (Italia) o de ARTECA (Francia), los dos creados para impulsar la cooperación cultural local. Se puede, pues, establecer una cierta correspondencia entre los observatorios de carácter nacional, que ponen el acento en la vertiente estadística, y los de tipo local que, al estar más próximos al territorio, tienden a desarrollar su vertiente más relacional.

Otra de las características que singulariza a un tipo u otro de observatorio es su titularidad o estructura jurídica. Vaya por delante que en todos los casos la función y vocación de los observatorios es pública, pero lo que varía (y los diferencia en mayor medida) es la presencia, o no, de agentes de tipo privado, en la mayoría de los casos no lucrativos, dentro de su estructura. Existen observatorios totalmente públicos y sin ningún grado de autonomía respecto a la administración (este es el caso del DEPS, en Francia, dependiente del Ministerio de Cultura francés) u observatorios que se han constituido como patronatos, dejando de esta forma abierta la puerta a agentes privados (el Observatorio del Piemonte está formado por las administraciones locales de la región, fundaciones bancarias e institutos de investigación públicos y privados).

Hecho el repaso de la situación de los observatorios culturales en el mundo, a modo de conclusión cabe plantearse qué aprendizaje se subyace de todas estas experiencias. Puede decirse que un observatorio cultural debe mantener el equilibrio, tanto en su mandato como en su funcionamiento, entre el rigor metodológico a la hora de generar conocimiento y el vínculo a establecer con los distintos sectores. Seguramente una función no puede entenderse sin la otra y las dos se retroalimentan constantemente para obtener los resultados óptimos. Un observatorio cultural debe, pues, partir de la construcción de unos fundamentos sólidos -el establecimiento de un marco estadístico a partir del cual se desarrollarán sus estudios- contando en todo momento con la participación de los agentes y sectores directamente relacionados con su mandato -las distintas administraciones y organismos públicos, universidades, sectores culturales-.

Una de las principales conclusiones que se puede obtener del análisis de las experiencias internacionales es la correlación entre la madurez de las políticas culturales y la existencia de un observatorio de la cultura. Este hecho se explica desde una doble relación de causalidad complementaria. Un observatorio sólo tiene lugar en un contexto maduro desde la perspectiva de la política cultural y de los sectores culturales. Sólo desde dicha madurez es posible generar la necesidad y las condiciones de posibilidad de un observatorio. Pero a su vez, los observatorios analizados, no sólo tienen una vocación pasiva de análisis de la realidad. Su labor de observación incide en la realidad, la transforma. Los observatorios generan información, conocimiento, innovación; y estos elementos son, por definición, factores de cambio y de desarrollo.

Xavier Fina
Eulàlia Formiguera

Fecha de la última modificación: 23/02/2007