Este mes de noviembre nos reunimos en viernes 13 para disfrutar de una nueva sesión del Club de los Cuentistas. Y como la fecha no pasó desapercibida, iniciamos la sesión con una divertida lectura de “El fantasma con asma” en la que a los participantes nos correspondía adivinar las palabras que formaban la “terrorífica” rima. Como no podía ser de otra manera, superamos la prueba con holgura y gracejo.
MANUEL I. fue el encargado de abrir la contada, y lo hizo ataviado con una máscara a través de la cual contemplaba cuanto le rodeaba. Todo le parecía bien, salvo lo que había tras la propia máscara……
ANABEL R. nos contó la insólita renuncia al cargo que el mismísimo Diablo le presentó a Dios. Y es que no hay duda de que el amor lo puede todo. Bueno, casi todo. Porque si se le hace esperar más de la cuenta puede que se busque otras opciones.
TXEFE recurrió a Aristófanes y su Lisístrata para mostrarnos que, a veces, supuestos avances humanos en realidad no son tales.
IÑIGO nos proporcionó diversión por partida triple. Ni corto ni perezoso, se atrevió con tres historias tres, que en las actuales circunstancias pandémicas fueron muy bien recibidas. Empezó con Pepe, el triste espantapájaros que quería ser amigo de los pájaros. Su trágico final pasto de las llamas motivó que los cuervos fueran negros a partir de entonces.
La segunda historia nos llevó al antiguo Japón. Un samurái regala a su mujer un espejo en el que acabará reflejándose su hija.
En la tercera conocimos a Óscar, quien puso fin a su vida para escapar de las voces que le atormentaban.
ANABEL MURO puso el colofón a la contada con la historia de Wendes, rey de una tribu africana que pierde el anillo que le hacía invulnerable. Lo recuperará gracias a la astucia de su hechicero, y a la incontinencia verbal de las mujeres.
Y de este modo dimos por concluida la sesión, de nuevo mediatizada por la pandemia. Esperemos no tener que esperar demasiado para retomar la normalidad de este entrañable Club. ¡Saludos, Cuentistas!
