Suelo

El suelo es un recurso natural y un hábitat. En una escala temporal humana, se considera un recurso no renovable.

El suelo es la capa de transformación de la corteza sólida terrestre, formada bajo el influjo de la vida y de las condiciones ambientales y sometida a un constante cambio estacional y a un desarrollo peculiar, función de su situación geográfica. Aparece como resultado de un conjunto de procesoso físicos, químicos y biológicos sobre el medio rocoso original (roca madre) denominados genéricamente meteorización.

Los fenómenos más intensos de meteorización tienen lugar en un espesor limitado, los dos primeros metros de la superficie donde se asienta la actividad biológica. Los factores que condicionan las características de la meteorización y por lo tanto, la evolución de un suelo, son el clima, la topografía, los organismos vivos, la roca madre y el tiempo transcurrido. El resultado es la formación de un perfil de suelo, sucesión típica de capas horizontales que denota el conjunto de factores que han intervenido en su formación.

Desde el punto de vista de su composición, el suelo es un material complejo compuesto por sólidos (materia mineral y materia orgánica), líquidos (sobre todo el agua, que en ocasiones, es un componente más de las rocas) y gases (aire y vapor de agua, esencialmente). A su vez, los gases y los líquidos llevan sustancias disueltas o en suspensión que pueden adherirse a la matriz sólida.

La génesis del suelo es un proceso extremadamente lento. La formación de una capa de 30 cm de suelo puede durar de 1.000 a 10.000 años. Desde este punto de vista, se debe considerar el suelo como un recurso no renovable y por lo tanto un bien a proteger.

Existen numerosas e importantes variaciones que conducen a la existencia de distintos grupos de suelos. En este sentido, la Clave de Clasificación adoptada por la FAO-UNESCO llega a establecer la existencia de nada menos que 26 unidades y 103 subunidades de suelos. Es de señalar, en este punto, que prácticamente la mitad de estas unidades de suelo tienen representación, en grado muy distinto, en el territorio de la Comunidad Autónoma del País Vasco.

Hábitat y soporte biológico

El suelo constituye junto con el agua, el aire y la luz solar, el fundamento de la vida en los sistemas ecológicos terrestres. El suelo proporciona hábitat biológico para numerosos organismos y microorganismos, además de ser una reserva genética. Es el punto de partida y destino final de la mayor parte de las actividades desarrolladas por los seres humanos.

Un descenso en la calidad del suelo contribuye generalmente a un descenso en la biodiversidad, con las consecuencias, muchas veces irreversibles, de pérdidas de especies y ecosistemas que esto implica.

Componente del ciclo natural

El suelo es un protagonista activo en los ciclos químicos de vital importancia en el equilibrio de la naturaleza. Lleva a cabo funciones centrales de regulación dentro de los ecosistemas.

En el ciclo del agua el suelo ocupa una posición fundamental. El agua que llega al suelo vía precipitación, pasa a través de éste bien en forma de escorrentía superficial, bien en forma de flujo subterráneo, o indirectamente a través de los fenómenos de evotranspiración o transpiración.

Otra función muy importante que tiene el suelo como protagonista principal es la generación y transporte de sustancias nutritivas para las plantas y microorganismos del suelo. Su intervención en los ciclos de carbono, azufre, nitrógeno y fósforo es fundamental para el equilibrio de los ecosistemas.

La intervención humana en el suelo altera estos ciclos biogeoquímicos y da origen a problemas ecológicos de carácter global. En el ciclo del agua, por ejemplo, se considera que las alteraciones humanas que más influyen son el fenómeno de la desertización inducida que anula la evapotranspiración e influye en el régimen de lluvias.

Elemento filtrante, amortiguador y de reflexión

La propiedad que posee el suelo como filtro y amortiguador de retener sustancias mecánicamente o fijarlas por adsorción, contribuye de manera decisiva a proteger las aguas subterráneas y superficiales contra la penetración de agentes nocivos, evitando la transmisión de dichos agentes al ciclo de alimentación: plantas, animales y seres humanos.

Además de ello, el suelo consigue transformar determinados compuestos orgánicos, descomponiéndolos o modificando su estructura, consiguiendo así la mineralización de numerosas sustancias. La capacidad del suelo para compensar influencias de agentes químicos es, no obstante, limitada; su alteración conduce a la reducción o al colapso de importantes funciones naturales del suelo. La sobrecarga de su capacidad de acumulación convierte al suelo en un foco emisor de sustancias químicas y contaminantes que lixiviarán afectando a las aguas.

Yacimientos de materias primas no renovables

El suelo es una fuente de materias primas no renovables; por un lado, de minerales no metálicos de interés primordial para la construcción (piedra, mármol, caliza, yeso, pizarras, arenas) por otro lado, de minerales metálicos (blenda, galena, siderita, pirita) y finalmente de combustibles fósiles como el carbón. La explotación racional y sostenida de los yacimientos ayuda a la protección del recurso suelo.

En Bizkaia la zona minera por excelencia se concentró principalmente en la zona de las Encartaciones. Se trataba de explotaciones a cielo abierto, principalmente de minerales de hierro con destino a la industria siderúrgica. En Gipuzkoa no existe una zona minera específica, sino que se tratan de explotaciones puntuales y en la mayoría de los casos de filón. Destacar por su antigüedad la mina Arditurri, pues ya era explotada por los romanos. En Araba apenas han existido explotaciones mineras de relevancia, destacar por su carácter diferencial las Salinas de Añana.

Actualmente estas explotaciones mineras son instalaciones inactivas pero en su entorno han quedado numerosos restos de la actividad extractiva, pudiendo éstos originar importantes procesos de erosión, contaminación hídrica y degradación de la calidad ambiental y de los sistemas bióticos.

Asimismo, en la Comunidad Autónoma del País Vasco también han tenido gran importancia las explotaciones mineras de minerales no metálicos, canteras, realizadas a cielo abierto. Muchas de estas instalaciones permanecen aún activas. La implicación que puede suponer para el medio ambiente es la destrucción del medio natural, quedando como resto más llamativo la destrucción del paisaje.

Fuente de materias primas renovables

La mayor parte de la producción de alimento, forraje y otras materias primas renovables está relacionada con el suelo, con el suministro de nutrientes, aire, agua y con su función de soporte. La actividad del sector agrario en su conjunto (agrícola, ganadero y forestal) utiliza el 85,21% de la superficie total de la Comunidad Autónoma del País Vasco.

Actualmente, el País Vasco es la Comunidad Autónoma con mayor porcentaje de superficie arbolada, representando el 54% de su territorio. Las tierras de cultivo representan el 20% de la superficie total, alcanzando una mayor importancia en el Territorio Histórico de Araba con el 45%.

Destacar que las prácticas actuales de agricultura intensiva y la aplicación excesiva de abonos y fertilizantes, junto con la erosión y la compactación, son las principales amenazas a una agricultura sostenible ambientalmente.

Emplazamiento de viviendas e infraestructuras

El suelo es también un medio físico para el desarrollo de infraestructuras –viviendas, edificios industriales, carreteras, áreas de recreo, áreas de deposición de residuos-. Las características físicas, químicas y mecánicas del suelo condicionan en gran medida la viabilidad técnica y económica de estas infraestructuras.

Las áreas edificadas cubren alrededor del 5% del área total del territorio de esta Comunidad Autónoma frente a un 2% en Europa. La accidentada orografía vasca ha dado lugar a que la mayor parte de la población se concentre en unos pocos núcleos urbanos, con altas densidades de población.

Las instalaciones industriales han ocupado, tradicionalmente, gran parte del territorio. En muchos casos se encontraban ubicadas en las propias ciudades, o quizá sería más correcto decir que las ciudades crecieron en torno a las grandes industrias. El sellado de la superficie junto a su compactación derivados de la creciente urbanización provocan una reducción de la cantidad de oxígeno disponible en los suelos y por lo tanto de la actividad biológica de los mismos.

Archivo histórico

El suelo conserva los restos de su historia evolutiva y de las influencias que sobre él han venido ejerciendo los seres humanos. Es un archivo histórico de la naturaleza y de la cultura y como tal su salvaguarda es fundamental.

En la Comunidad Autónoma del País Vasco existen numerosos restos arqueológicos, patrimonio cultural que permite conocer numerosos datos sobre la forma de vida de épocas anteriores y entender el proceso evolutivo que ha sufrido nuestro entorno. Desde el arte rupestre desarrollado en el Paleolítico por los primeros habitantes del País Vasco en un reducido grupo de cuevas: Ekain en Gipuzkoa y Santimamiñe en Bizkaia entre otros, hasta los restos dejados en un pasado no muy lejano en las viejas fábricas de principios de siglo, el suelo es un testigo mudo del paso del tiempo.

El aumento de asentamientos humanos y de infraestructuras, principalmente para las industrias y el transporte, el vertido de residuos, la extracción de minerales y la agricultura intensiva, entre otros, han ejercido y siguen ejerciendo una gran presión sobre el sistema suelo.

La degradación del suelo es un proceso degenerativo que reduce la capacidad actual o futura de los suelos para seguir desempeñando sus funciones características. Esto puede obedecer tanto a causas naturales como a causas antrópicas.

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