Entrevista a Rafa Pérez, abogado del Servicio de Mujer del Módulo Psicosocial de Deusto-San Ignacio
“Nada cambiará si los hombres no se implican, no caben cambios estructurales a espaldas del 50 % de la población”

1. ¿Qué hace un hombre trabajando como abogado en el Servicio de la Mujer del Módulo Psicosocial de Deusto-San Ignacio?
Mi llegada al Módulo fue casual, ya que tuvo lugar en 1.982, cuando las asociaciones de vecinos tenían fuerza. Yo militaba en una de éstas asociaciones, y me pidieron que ayudara en el Módulo aunque no sólo en temas de “mujer”, sino en todos los ámbitos, e incluso como asesor de la propia entidad. En aquella época, no existían como hoy subvenciones, la militancia era gratis, y yo me tomé la intervención en el Mólulo, como parte de esa militancia. Con el tiempo, la situación se consolidó.
2. ¿Qué trabajos y servicios se prestan desde el Módulo Psicosocial? ¿Con qué equipo cuenta?
Los módulos se crearon para suplir todas las lagunas de necesidad social, que las instituciones tenían desatendidas. Ocupaban (y ocupan) por tanto, espacios marginales, que las administraciones no quieren o no pueden atender, como es el caso de las drogodependencias, anticoncepción, asesoramiento jurídico, etc. Con el tiempo, las instituciones públicas han ido reconociendo la labor, y subvencionando las actividades.
3. Desde hace ya varios años habéis organizado jornadas en las que la reflexión sobre los hombres y la igualdad ha tenido un papel central ¿Por qué este interés en reflexionar sobre las masculinidades e implicar a los hombres?
El área de la igualdad, se ha planteado tradicionalmente con un “problema de mujeres”, siendo por tanto éstas las que debían afrontarlo. En el Módulo, venimos desarrollando actividades de sensibilización, dirigidas a distintos colectivos (enseñantes, adolescentes, etc), pero consideramos prioritario implicar a los hombres, porque no podemos afrontar un problema estructural como el que nos ocupa prescindiendo del 50 % de la población.
En nuestra actividad hay mucha dosis de militancia personal, compromiso y voluntad. La circunstancia de ser yo hombre, realizar como parte de nuestro trabajo actividades de sensibilización, militar en un grupo de “hombres por la igualdad”, y percibir el respaldo institucional, determina nuestra linea, que consideramos pionera, quizás por la dificultad de motivar a los hombres en éste ámbito, o por la falta de acciones institucionales específicas para hombres.
4. Se suele decir que la violencia contra las mujeres es un problema de los hombres que sufren las mujeres… ¿Estarías de acuerdo con esta afirmación?
La violencia es estructural, por tanto no es patrimonio de uno sólo de los sexos, aunque sólo los hombres (algunos) la practiquen de forma sistemática. La violencia tiene sus raices en una relación asimétrica de poder, y su ejercicio responde a situaciones de oportunidad, y capacidad de ejercicio, normalmente relacionadas con un sentimiento de posesión o al menos de dominación. Todos/as somos responsables de la educación en igualdad, y todos/as sufrimos la violencia, aunque esta se descargue sobre una persona concreta (normalmente mujer). La sociedad en su conjunto debe poner los medios para evitar la desigualdad, que constituye la premisa de la violencia sexista, resultan necesarias políticas educativas y de sensibilización en general, que permitan el empoderamiento de las mujeres y la corresponsabilidad en todos los ámbitos.
5. ¿Qué papel consideras que pueden tener los hombres en la lucha contra la violencia hacia las mujeres?
Nada cambiará si los hombres no se implican, no caben cambios estructurales a espaldas del 50 % de la población, y ello suponiendo que el otro 50% -las mujeres- estuviera por la labor, lo que tampoco ocurre al menos de forma activa.
Resulta por otra parte difícil obtener un rol activo de los hombres en su conjunto para lucha por la igualdad, pero si que existe un consenso generalizado en la repulsa de la violencia, lo que no ocurria hace algunos años.
Por otra parte, no podemos desconocer que la proliferación de los grupos de hombres que luchan por la igualdad, se ve a veces eclipsada por las asociaciones o movimientos de hombres que pretenden la perpetuación de sus privilegios, cuando no la justificación de la violencia. Campañas como las que pretenden la existencia de violencia por parte de la mujer, denuncias falsas, síndrome de alienación parental, etc, pretenden tan sólo la intoxicación del problema, unas veces porque el problema es incierto, y en otras, porque pretenden elevarse a generales, situaciones excepcionales, como si éstas justificaran el problema general del maltrato.
6. ¿Cómo valoras que existan políticas públicas de igualdad dirigidas específicamente a los hombres?
Debemos tener en cuenta que esas políticas prácticamente no existen. Resulta en todo caso plausible el esfuerzo institucional en iniciativas como “Gizonduz”, o la “tarjeta roja al maltratador” puesta en marcha por el gobierno central, pero es difícil que veamos cambios importantes a corto plazo. Las políticas de sensibilización van calando, pero es difícil apreciar posturas activas por la igualdad en el colectivo de hombres.
7. Planteaba Simone de Beauvoir que “lo personal es político”. ¿Pasa el cambio de los hombres a favor de la igualdad por la trasformación de lo personal?
Los grupos de hombres por la igualdad, tratamos precisamente de trabajar internamente “lo personal”, porque sin un cambio de actitud propia e individual, no puede cambiar la conciencia colectiva. Los valores masculinos, siempre se han asociado a la violencia, al dominio y a la seguridad, hasta el punto de que en algunos ámbitos se relaciona el rechazo a esas conductas con la homosexualidad, dificultando así que los hombres podamos abrazar otros valores, porque con independencia de la orientación sexual de cada cual, a nadie le gusta sentirse “fuera del rebaño”.
Si no trabajamos, sobretodo en el ámbito educativo, la validez de modelos de masculinidad no violentos, y de respeto hacia todos y todas, poco cambiará.
8. Respecto a lograr mayores cotas de igualdad en nuestra sociedad ¿Eres optimista? ¿Pesimista?
Nadie puede negar que la sociedad está avanzando en ámbitos de igualdad. La generalización del repudio social hacia el maltrato, constituye un avance evidente. La promulgación de leyes de paridad en cargos públicos o de represión del maltrato, son pasos necesarios, pero su propia existencia denota la ausencia de igualdad, porque resulta evidente, que ésta sólo existirá cuando no resulte necesario obligar a los cargos públicos a realizar listas paritarias o dejen de resultar necesarios juzgados o instituciones específicas para proteger a la mujer.