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José Ángel Lozoya Gómez, miembro del Foro de Hombres por la Igualdad:“A finales de los años 80, el movimiento de hombres por la igualdad cabía en un taxi”

Respecto a la igualdad ¿Cómo te definirías? Hombre igualitario, pro feminista…
Hombre por la igualdad, porque expresa en positivo lo que somos y lo que queremos ser, hombres que nos esforzamos en público y en privado por avanzar hacia la igualdad de derechos, deberes y oportunidades con las mujeres. En su día se hablo también de la posibilidad de llamarnos feministas y anti patriarcales, más tarde los hay que se llaman hombres contra la desigualdad. Lo de feministas, pese a la identificación ideológica con el feminismo y haberlo usado algunos hombres públicos en el pasado, me parece que suena a intento de apropiación de un nombre que considero patrimonio de las mujeres. Lo de pro feministas me sugiere la idea de solidaridad con y me resulta insuficiente, lo de igualitario es presumir de lo que no se es y los anti o los contra los veo poco positivos aunque sean claros en sus objetivos.
¿Qué papel ha jugado la igualdad en tu vida? ¿Ha sido más personal o político?
Pertenezco a una generación a la que le cuesta hacer esta distinción, pero lo cierto es que mi sensibilidad es una mezcla de influencia materna y lucha por la justicia distributiva aliñada con la influencia de mis parejas afectivas y los chicos con los que he compartido proyectos e ilusiones los últimos 30 años. Cuando decidí (en 1985) convocar el primer grupo de hombres para hablar de cómo nos sentíamos ante el impulso del feminismo mi motivación era casi exclusivamente personal, y cuando miro atrás, consciente de la importancia política de nuestro recorrido, lo que más me reconforta es el impacto que ha tenido en mi vida intima. Yo era lo más parecido posible a un revolucionario profesional, sin más aspiración que el cambio social, hoy mi proyecto vital son mi pareja y mi hijo y mi “sinvivir” la lucha por la igualdad.
El año pasado te fue otorgado el reconocimiento a la labor por la igualdad y contra la violencia de género 2010, por parte del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. ¿Cómo lo viviste? ¿Qué rescatarías de ese reconocimiento?
Halagarme me alagó, pero tarde algunos días en comentarlo porque no tuve confirmación escrita hasta unos días antes del acto público y no sabía exactamente como se llamaba la cosa. Luego me agobió la responsabilidad de representar, aunque de forma no oficial, al movimiento de hombres. No sabia muy bien que decir en presencia de una ministra y varias ex ministras, bastantes responsables de los recortes que se estaban produciendo en las políticas de igualdad y un público formado mayoritariamente por mujeres socialistas de cierta relevancia. La verdad es que los nervios no me dejaron disfrutar todo lo que la ocasión merecía pero creo que fue un paso adelante en el reconocimiento social de nuestro movimiento.
Como uno de los “históricos” del movimiento de hombres por la igualdad, ¿Cómo definirías el momento actual del movimiento? ¿Qué ha cambiado?
Si partimos de que a finales de los 80 el “movimiento” cabía en un taxi, y la lucha por la igualdad era una prioridad discutible, tengo que reconocer que hoy se ha convertido en un actor social reconocido por las feministas que cada día despierta menos desconfianzas, un movimiento que se va extendiendo geográficamente y empieza a ser capaz de convocar actos simultáneos en un número significativo de ciudades. Somos una voz que sigue priorizando la lucha contra las desigualdades que padecen fundamentalmente las mujeres pero que empieza a perder el miedo a expresar la necesidad de que se tengan en cuenta las necesidades de los hombres en el camino hacia la igualdad. Hemos conseguido que empiece a ser corriente que se llame hombre por la igualdad a cualquier chico que defienda posiciones igualitarias y nadie nos confunde con los padres despechados.
¿Cuáles serían los retos de futuro del movimiento de hombres por la igualdad?
Avanzar en el terreno de la organización, la proyección pública de nuestras propuestas y la presencia en los espacios en los que se elaboran los discursos y se toman las decisiones relacionadas con la igualdad, pero para eso es necesario crecer y diversificar el discurso a través de la especialización de compañeros que sepan mucho más de temas concretos: educación, economía,...
Sin duda, se han dado avances en la lucha contra la violencia machista ¿Dónde situarías los éxitos y fracasos de las políticas públicas?
Tal vez lo más relevante ha sido su contribución a la deslegitimación social de los agresores y la sensibilización de los y las profesionales que intervienen en el abordaje del fenómeno. Lo que más me cuesta entender es el poco dinero para proteger a las victimas que llega a las mismas y la falta de confianza que muestran las instituciones en su capacidad para gestionar y reorganizar sus vidas. También me preocupa que los agresores puedan crecerse con los últimos retrocesos en las políticas de igualdad.
Se habla mucho de la juventud ¿Cómo ves a los chicos jóvenes en relación a la igualdad? ¿Fue mejor cualquier tiempo pasado?
Creo que cualquier tiempo pasado fue peor. Los chicos son más igualitarios que sus mayores y merecen ser tratados como agentes de igualdad en potencia, capaces de rechazar en su entorno las manifestaciones más sangrantes del machismo y de tener una conducta cada vez más corresponsable. No podemos pedirles nuestro nivel de conciencia y lo receptivos que sean a nuestro mensaje dependerá más de nuestra capacidad para hacerlo entendible y atractivo que de sus resistencias.
Nos consta que viajas con cierta frecuencia a Euskadi, ¿Cómo valoras el trabajo que se está haciendo aquí para implicar a los hombres en la lucha por la igualdad?
Cuando vi a Ibarretxe mostrar en el congreso “Los hombres ante el nuevo orden social” (Donostia, 2001) un interés infrecuente en un dirigente político en la importancia de promover el cambio de los hombres, no imaginé que en diez años Euskadi se habría convertido en el ejemplo con el que habría querido tener cuando monté el programa Hombres por la igualdad en el Ayuntamiento de Jerez (1999). En noviembre visité Bilbao y tuve oportunidad de ver como nos percibe una parte significativa del movimiento de mujeres, el tipo de hombres que se va incorporando a nuestro movimiento y el interés de los medios de comunicación. No tengo ninguna duda que parte del mérito corresponde al Gobierno Vasco, Emakunde y los chicos de Guizonduz.
¿Optimista o pesimista?
Nunca seremos tan numerosos como el movimiento de mujeres y hay los que dudan de que podamos llamarnos movimiento. Seguimos lejos de la igualdad en lo cotidiano y tenemos que permanecer alerta para seguir avanzando, pero nunca he dudado de que la igualdad es la próxima etapa en el camino hacia la felicidad ni que nuestro movimiento esta llamado a representar a los hombres en el diseño y la construcción de la sociedad igualitaria que sugiere el feminismo.
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