Entrevista a Graciela Hernández Morales, socióloga y educadora.
Graciela Hernández Morales, socióloga y educadora. Participó en el VI seminario del programa Nahiko de Emakunde en diciembre del 2012 con la ponencia “La voluntad de decidir, elegir y crear la propia vida”: “Me imagino, un mundo lleno de color y vida, de cuerpos con los poros muy abiertos, de manos creativas y miradas curiosas. Un mundo, por tanto, en continuo movimiento”

Nuestra primera pregunta tiene que ver con el titulo de tu ponencia: ¿Son las mismas las posibilidades de niñas y niños para elegir y crear una vida propia?
Las posibilidades de unas y otros, no tienen que ver solo con las leyes o con cómo se gesta el poder, sino también con las expectativas puestas en uno y otro sexo, con los referentes de libertad que niñas y niños encuentran en su camino, con la propia historia, etc…
No sé, es tan complejo todo esto que me resulta difícil contestar con un no o con un sí. Pongo solo un ejemplo: pensad en una profesión como la mecánica, no es extraño que una chica sienta aversión a ejercerla cuando entra en un taller mecánico y ve el ambiente que se respira.
En este momento histórico, en el que la avalancha ultra capitalista nos acecha, las mujeres pierden oportunidades frente a los hombres.
En ese mismos sentido, afirmas que las mujeres y las niñas de hoy en día han aprendido que abrir su abanico de posibilidades adentrándose en lo que tradicionalmente se consideraba “propio de los hombres” es una ganancia para ellas, mientras que aún hoy hay muchos hombres y niños que sienten que adentrarse en lo que se ha considerado como “propio de las mujeres” es una pérdida.
¿En qué medida son diferentes todavía los proyectos vitales que construyen niñas y niños?
Es grande la presión para que las mujeres seamos iguales a los hombres, o sea, para que nosotras asumamos como propio los proyectos vitales que tradicionalmente han sido asumidos por hombres. Hablo de proyectos donde se obvia el hecho de que el ser humano es dependiente, necesita de cuidados y de atención. Hablo de ese hombre que se mueve en el mercado de trabajo sin preocuparse por nada más.
A pesar de ello, la gran mayoría de mujeres tienen en cuenta, no solo la necesidad de empleo, sino también la de sostenibilidad de la vida humana, empezando por su propia familia.
Y, como no puede ser de otro modo, hay cada día más hombres desertando de ese modelo de masculinidad que solo atiende a la rentabilidad económica. Quizás, ese empeño por captar a las mujeres hacia ese modelo, tiene que ver con la necesidad de suplir esa deserción.
Digo todo esto, porque creo que es importante que nos detengamos a mirar el horizonte que nos lleva lo que estamos creando. En este sentido, yo no aspiro a la homologación, sino a la diversidad. Una diversidad hecha de mujeres y hombres que, desarrollando todas sus facetas y potencialidades, tiene muy presente el cuidado y la sostenibilidad de la vida.
Señalas en alguno de tus textos dos grande objetivos para la coeducación; por un lado la justicia, que niños y niñas tengan iguales derechos y oportunidades y por otro lado la libertad, que unos y otras puedan expresar su “ser hombre” o su “ser mujer” como quieran, sin violencia y sin clichés preconcebidos. ¿Avanza la escuela de hoy en día en esa dirección?
Me temo que no.
Creo que el discurso dominante, hoy en día, tanto en el escuela como en otras facetas de este mundo, va hacia una banalización del cuerpo, del sexo, como si diera igual ser de un sexo u otro. Y, desde ahí, se están construyendo algunos modelos de igualdad.
O sea, no se está trabajando en la línea de que cada niña y cada niño reconozcan su propio sexo, su propio cuerpo sexuado y, desde ese reconocimiento, decida hacia dónde quiere ir, qué sentido le quiere dar al sexo que tiene con todas las oportunidades, derechos y recursos.
Por el contrario, creo que se está intentando crear algo muy etéreo, una igualdad sin cuerpo, sin carne. Y, esto, de algún modo, es volver a esa dicotomía patriarcal cuerpo/alma o cuerpo/razón.
Me da pena porque creo que se está perdiendo por el camino la riqueza que puede suponer la existencia de dos sexos diferentes, sin jerarquía ni desigualdad.
Planteas en tu ponencia la necesidad de pensar profundamente en qué igualdad queremos o que queremos decir cuando decimos igualdad. ¿A qué te refieres?
Con la respuesta a la pregunta anterior ya he ido contestando algo sobre esto.
Recalcaría el peligro de intentar que las mujeres nos igualemos a los hombres. Traigo dos ejemplos recientes. Hace unas semanas, unas mujeres se reunieron en la bolsa de Barcelona reclamando su derecho de estar en la alta dirección de las empresas del IBEX. Esa misma semana, el Pentágono dio luz verde a una normativa que garantiza puestos en la primera línea en las guerras para las mujeres.
¿Es eso lo que queremos? Más gente dispuesta a ir a la guerra y a especular enla Bolsa.
Yo, desde luego, aspiro a otra cosa. No quiero una igualdad patriarcal (hecha a la medida del modelo de hombre patriarcal) ni capitalista (hecha a partir del modelo de hombre que prioriza la rentabilidad económica sobre la vida).
Me parece urgente pensar en todas estas cosas.
¿Cómo, desde un proyecto coeducativo, se pueden elaborar herramientas para entender y manejarse en el mundo de una forma igualitaria para niñas y niños?
Creo que es importante tener presente que el mundo es un solo y que los sexos son dos.
¿Qué quiero decir con esto? Que hace falta reconocer la experiencia histórica femenina con toda su riqueza y complejidad y traerla a la escuela, para que niñas y niños entiendan que lo masculino es parcial, o sea, es solo una parte del mundo.
Asimismo, es fundamental que conozcan también otras formas de ser hombre y no solo la de los ‘grandes vencedores’. Hablo de que el profesorado traiga riqueza y aprenda a encontrar riqueza en la diversidad humana.
A partir de ahí, se trata de confiar en las niñas y en los niños, escucharles, acompañarles en su camino y ayudarles a que sean justo aquello que su deseo les dicta, justo aquello que les hace felices.
¿Nuestra tarea es la de orientar a niños y niñas para la vida o para el mercado? ¿Para un trabajo que sirva a la vida o para una vida que sirva al trabajo? Esa orientación ¿en qué medida está lastrada hoy por los estereotipos de género?
Creo que ya he ido dando respuesta a esta pregunta.
Una mujer que no ha renunciado a serlo, o sea, que no ha dado la espalda a la historia femenina ni a su propio cuerpo, sabe lo qué cuesta sostener la vida, cuidar, hacer viable este mundo, etc.
Ella, para que la vida siendo vida, tendrá que aprender a cuidar sin descuidarse, pero no a dejar de cuidar.
Él, por su parte, tiene todo un mundo por descubrir aprendiendo de estas mujeres y compartiendo su vida con ellas, o sea, sin colocarse en una posición de poder ni pretendiendo que ellas sean una réplica suya.
Creo que, desde a ahí, unas y otros seríamos más libres y felices.
Tú afirmas que: “Reconocernos cuerpo significa tomar contacto con nuestra vulnerabilidad y dependencia” ¿Cómo encaja tu afirmación en un modelo donde se pone cada vez más énfasis en la independencia y la autonomía, entendidas como prescindir de la otra o el otro? ¿Significa el cuerpo hoy en día lo mismo para mujeres y hombres?
Basta recordar el hecho de que ninguna mujer ni ningún hombre estaríamos hoy aquí si nuestra madre no nos hubiera parido, si no nos hubieran cuidado ni dado alimentos, si no nos hubieran dado afecto ni atención.
Me da pánico esa apuesta por la independencia. Creo que, de algún modo, es olvidarse qué significa ser humano y también cómo afecta cada vida a las demás vidas.
Esta forma de entender las cosas ha sido propia del modelo de masculinidad patriarcal. Un modelo que desprecia a quien te lava la ropa y te prepara la comida. Un modelo que hace que algunos chicos piensen que es de tontos dar las gracias o pedir ‘por favor’.
Por otra parte, las mujeres tienen que aprender que el hecho de ser dependientes no implica someterse, sino simplemente reconocerse humanas, sin que ello implique perder el propio centro ni dejar de ser dueñas de la propia vida.
A mí, particularmente, saberme dependiente, me da libertad, no me la quita. Me da una libertad en relación, más humana y vivible.
Remarcas en tus escritos la idea de prestar atención a la singularidad de niñas y niños ¿Cómo hacerlo? Y ¿Cómo relacionarlo con la construcción social de las personas?
Yo pondría más acento a la escucha que al adoctrinamiento, más acento al presente que al futuro, más acento a la relación que a la rentabilidad, más acento, al sentido que a las notas.
Creo que todo ser humano trae consigo un potencial enorme que, sin escucha ni confianza, es difícil sacarlo a la luz.
Me imagino, desde ahí, un mundo lleno de color y vida, de cuerpos con los poros muy abiertos, de manos creativas y miradas curiosas. Un mundo, por tanto, en continuo movimiento.
Para terminar, ¿Eres pesimista u optimista respecto a la igualdad?
Por todo lo dicho, cada día me resulta más difícil hablar de igualdad. Me resulta más cómodo hablar de justicia y de libertad. Cada día veo a más mujeres haciéndose dueñas de sus cuerpos y sus vidas, y a más hombres buscando un modo más humano de vivir. También veo una corriente ultraconservadora que viene arrastrando con fuerza.
Con todo, confío en el ser humano y en sus ganas de SER, de vivir plenamente y de resistir.