Apenas se conserva la mitad del casco, pero tiene el honor de ser la memoria más antigua de la navegación vasca. Durante más de 500 años durmió olvidado en el fondo de la ría del Urdaibai, hasta que en 1998 fue encontrado durante el transcurso de unas obras cerca de Gernika. Tras ser sometido a un importante proceso de restauración el Pecio de Urbieta ha cambiado las frías aguas por una cálida estancia en el Museo Marítimo de Bilbao, donde ha quedado expuesto. Construido en el siglo XV, se trata del barco más antiguo hallado en el Cantábrico.
De 12 metros de eslora y cuatro de manga, fue construido en los astilleros de ribera de la ría de Gernika. Se trató de una embarcación ligera y resistente propulsada con remos y velas y con capacidad para siete tripulantes.
Su vida, tal como indicó ayer el arqueólogo Iñaki García Camino, “no sobrepasó la quincena de años” antes de ser abandonado cerca del puerto de la Villa Foral donde acabó hundiéndose de tal forma que un lateral, expuesto a la acción de las mareas y la intemperie, se degradó mientras que el otro se encuentra en buenas condiciones. El experto indicó, tras haber estudiado los restos, que el patrón llevó a cabo diversas reformas al objeto de prolongar “lo máximo posible” su actividad.
Atraídos por la recuperación del barco, un importante colectivo internacional de historiadores y arqueólogos especialistas en el mundo marino han investigado la historia de la embarcación y la actividad del puerto de Gernika, “de la que prácticamente nada sabíamos hasta ahora”, explica la diputada vizcaína de Cultura Belén Greaves.
La técnica empleada en su construcción, el tingladillo –consiste en solapar tablas cosidas con clavos y remacharlas- ha sido una información “muy valiosa” para descubrir que a finales del siglo XV se empleaban en Bizkaia métodos descubiertos en los países escandinavos.
El director del Museo Marítimo, Patxi Garai, adelantó a los visitantes que la exposición les permitirá aprender a conocer un poco más en profundidad la vida de una marinos “que además eran comerciantes guerreros” y que fueron protagonistas en una época prematura aún para navegación vasca: “Aún faltaban 30 años para descubrir América y 50 para que los vascos partieran ala caza de la ballena”.
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