ATENCIÓN SANITARIA EN CUBA: UNA EXPREIENCIA DE COOPERACIÓN
El pasado año y gracias a La Fundación para el Desarrollo de La Enfermería (Fuden), tuve la oportunidad de cumplir uno de esos proyectos que habitualmente rondan en la mente de muchos profesionales sanitarios. Viajé a Cuba en Septiembre, mis primeras vacaciones solidarias, y siempre que lo recuerdo es inevitable que esboce una sonrisa, fue una experiencia inolvidable y muy enriquecedora.
Es difícil resumir en unas pocas líneas todo lo acontecido durante ese mes. Miles de objetivos y proyectos en mi cabeza y con un solo fin compartir la enfermería. Convivir con sentimientos enfrentados, aprender a manejar la impotencia, los momentos de alegría y también los de tristeza,…. hicieron que me enriqueciera como persona y como profesional sanitario.
Desde el momento de los preparativos todo eran interrogantes, ¿qué me encontraré?, ¿qué necesitaré?, ¿podré ayudar?, ¿quiénes serán mis compañeras?....A la llegada, en el aeropuerto de La Habana, nos encontramos con nuestra mas fiel compañera de viaje Nancy. Ella sería nuestra guía durante todo el mes y si pienso en describirla sólo me salen buenos adjetivos.
Enseguida nos hicimos con una rutina, los desayunos en la residencia y nuestra “guagua” que diariamente y siempre “puntual” pasaba a recogernos. Camino hacia el hospital nos encontrábamos una ciudad con muchísima vida pero llena de contrastes: carreteras desgastadas por el paso de los años, edificios derrumbados y a su lado grandes casas de principios de siglo restauradas como edificios oficiales, coches que parecían sacados de una película, calles sucias y la gente……que puedo decir.
La primera toma de contacto con el sistema sanitario fue en el Hospital Hermanos Ameijeiras, en Ciudad de La Habana. Era inmenso pero en su estructura se podía ver claramente las huellas del paso del tiempo y la falta de renovación. Veinticuatro plantas por las que íbamos a rotar y donde cada día descubriríamos un poquito más de la enfermería cubana marcada por la grandísima falta de recursos. Posteriormente rotamos por diferentes centros de salud, y es aquí dónde conocimos más de cerca el día a día de los pacientes. Visitas domiciliarias, controles de niño sano, aplicación de inyectables (jeringa de cristal y aguja reutilizable) y sobre todo poder compartir con los pacientes sus problemas y carencias. ¡Quizá esta parte fue la más dura!
Las noches en la residencia se convertían en pequeños foros de debate donde cada una opinaba sobre todo lo que había visto y vivido durante la jornada. Hablábamos mucho de historia, ya que esta era la única manera de comprender la situación en que se encuentra el sistema sanitario cubano. Muchas preguntas que poco a poco contestábamos, “pues a mi me han dicho”, “yo he visto”,…
Finalmente logramos descubrir una sanidad “parada en el tiempo” por la falta de recursos materiales, contrastada con una gran calidad de profesionales sanitarios que diariamente luchaban por salir adelante tanto en su vida como en su trabajo.
Cristina Vaamonde García. Enfermera. Comarca Bilbao.