Bella Easo, Perla del Océano... son sólo algunas de las expresiones de admiración hacia Donostia-San Sebastián. Situada a orillas del mar Cantábrico y rodeada de los verdes montes de Urgull, Igeldo y Ulia, ha ejercido una enorme atracción desde el siglo XIX, época en la que fue sede del veraneo real y centro de reunión para la alta sociedad. La capital guipuzcoana de hoy es una ciudad de servicios en la que viven alrededor de 180.000 habitantes, uno de los principales centros culturales y turísticos de Euskadi.
La imagen más conocida de la ciudad es, sin duda, la hermosa bahía de La Concha, ese amplio trozo de mar alrededor del cual se asienta, serena y elegante, la ciudad. Es el marco incomparable donde cada verano se celebra uno de los principales acontecimientos deportivos de Euskadi, la regata de La Concha. Es altamente recomendable la subida en funicular a Igeldo para disfrutar de la panorámica de la bahía donostiarra en cualquier época del año.
Desde allí, es posible dar un agradable paseo hasta el
Palacio Miramar, de estilo inglés, o más allá de Ondarreta, hasta el
Peine del Viento, obra del genial escultor Eduardo Chillida que celebró su 30 aniversario en 2007. Son tres espectaculares piezas de acero aferradas a las rocas y rodeadas del mar formando un espacio mágico, ejemplo único de armonía entre el arte y el paisaje.
El pintoresco
puertoes también de mención obligada. Al final del mismo, y en dirección al mar, se encuentran el
Museo Navaly el renovado
Aquarium, cuyo oceanario es atravesado por un túnel de metacrilato que permite una visión de 360º.
El Boulevard, concurrido eje que divide el Ensanche de la
parte vieja, el monumental
Teatro Victoria Eugenia, uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, totalmente remodelado y transformado en un espacio escénico innovador, y el
Palacio de Congresos Kursaal, sobre la
playa de la Zurriola, son otras tres señas de identidad de Donostia-San Sebastián. Epicentro de la actividad cultural y congresual de la ciudad, acoge más de 300 eventos y 600.000 asistentes al año. El autor de esta singular obra, el prestigioso arquitecto Rafael Moneo, diseñó dos cubos de vidrio translúcido como ‘dos rocas varadas’ en un intento por ‘perpetuar la geografía y, en la medida de lo posible, subrayar la armonía entre lo natural y lo artificial’.
Al adentrarnos en el centro, la
Catedral del Buen Pastorse alza ante nuestra mirada. Se trata de un templo centenario de estilo neogótico diseñado por el arquitecto donostiarra Manuel de Echave, y sus 75 metros de altura lo hacen visible desde muchos puntos de la ciudad.
La parte vieja
La hermosa parte vieja peatonal es el corazón de la ciudad, el mejor lugar para conocer de primera mano la historia de Donostia-San Sebastián y para gozar de su excepcional gastronomía.
El punto de partida es la porticada
Plaza de la Constitución, con balcones enumerados que recuerdan que antaño fue un coso taurino. Es el centro de las principales celebraciones locales, incluida la tamborrada con la que cada 20 de enero la ciudad conmemora el Día de San Sebastián.
Al atardecer y durante los fines de semana, las calles del casco histórico suelen estar muy concurridas por gente que acude a los comercios y, especialmente, a los bares, para disfrutar de una de las tradiciones más arraigadas de Euskadi, el txikiteo, y para degustar los admirados pintxos de Donostia-San Sebastián.
Actividades culturales
Pero Donostia-San Sebastián es mucho más que una ciudad cosmopolita donde se vive y se disfruta del ritmo sosegado que brinda estar situado junto al mar. Su intensa oferta cultural es otro de sus principales atractivos turísticos, un calendario en el que destacan el Festival de Jazz, la Quincena Musical, los Cursos de Verano, etc. y, sobre todo, el Festival Internacional de Cine de San Sebastian-Zinemaldia, que se celebra en el mes de septiembre. Se trata del acontecimiento cultural vasco de mayor repercusión internacional y una de las grandes citas cinematográficas europeas que, gracias a la llegada de estrellas de cine de reconocido prestigio y a la masiva presencia de aficionados, hace que todo el que visita la ciudad en esas fechas vibre y se emocione con el cine, contagiada por ellos.