Determinantes sociales en la salud, una visión global

Fecha de publicación: 

Departamento de Salud; Bienestar, Juventud y Reto Demográfico. Equipo sociosanitario

Grupo de gente paseando

Grupo de gente paseando

El informe “World report on social determinants of health equity”, realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca que las condiciones sociales, económicas y ambientales determinan en gran medida el estado de salud de las personas. En el documento analizan las desigualdades que existen en salud, llegando a generar brechas de hasta 33 años de esperanza de vida entre países, incluso dentro de un mismo territorio.

Los factores que afectan a la salud son diversos: el nivel educativo, los ingresos, el género, la raza, el entorno, el empleo, la accesibilidad a servicios básicos y las políticas públicas. Además, la diferencia y las desigualdades entre los países de dichos factores no solo son evitables, si no que tienen raíces estructurales que deben ser abordadas mediante decisiones políticas y enfoques multisectoriales. El documento también destaca las consecuencias de la pandemia en dichas desigualdades y la falta de resiliencia de muchos sistemas sanitarios ante crisis sanitarias globales, aumentando así la brecha existente entre los diferentes países y territorios.

Asimismo, el informe ahonda en los determinantes sociales que influyen en la equidad en salud, es decir, los factores sociales, económicos, políticos y ambientales que influyen en nuestra forma de vida. La calidad de la educación, el acceso a la vivienda, agua y saneamiento, la alimentación o el transporte, entre otros, influyen en las condiciones de salud de la población y, por lo tanto, son aspectos que hay que valorar a la hora de tomar decisiones. Lo mismo ocurre discriminación por género, etnia o clase social, y las oportunidades o barreras estructurales que condicionan nuestra posición en la sociedad o dinámicas globales como el cambio climático y la transformación digital. Es por ello por lo que la OMS remarca que actuar sobre dichos determinantes no solo mejora la salud de las personas, sino que también contribuye a sociedades más justas, cohesionadas y resilientes.

Como muestra de la desigualdad existente, son varios los datos a tener en cuenta:

  • La mortalidad infantil global se redujo a la mitad entre 2000 y 2023, aunque sigue siendo 13 veces mayor en países de ingresos bajos que en los de ingresos altos.
  • La mortalidad materna cayó un 40 % en el mismo periodo, pero aún está lejos del objetivo de reducirla a menos de 16 muertes por cada 100.000 nacimientos para 2040.
  • Solo 34 países han logrado reducir a la mitad la mortalidad prematura antes de los 70 años en los últimos 20 años.
  • Más de 3.300 millones de personas viven en países donde el gasto en intereses de deuda supera al destinado a salud o educación.

Asimismo, la brecha social va en aumento entre países y señalan que la desigualdad de ingresos dentro de los países casi se ha duplicado en las últimas dos décadas, con el 10% más rico ganando 15 veces más que el 50% más pobre. Por otro lado, se estima que 3.800 millones de personas carecen de protección social básica, como ayudas por hijos, lo que agrava su vulnerabilidad sanitaria y social. En el caso de las mujeres, 2.400 millones no tienen las mismas oportunidades económicas que los hombres, una desigualdad que repercute también en la salud de sus familias y comunidades.

El informe advierte también sobre las limitaciones financieras de los países con menores ingresos: los 75 más pobres del mundo han cuadruplicado sus pagos por intereses de deuda en los últimos diez años, lo que restringe su capacidad para invertir en salud y bienestar. Por otro lado, el cambio climático y la contaminación del aire causan cerca de 7 millones de muertes prematuras al año, afectando especialmente a los grupos más desfavorecidos. Estos datos refuerzan la necesidad de adoptar políticas que reduzcan las desigualdades estructurales y promuevan entornos saludables para toda la población.

En consecuencia, en el informe se identifican cuatro grandes áreas de acción para abordar la brecha que existe entre los diferentes países:

  • Reducir la desigualdad económica y reforzar los servicios públicos universales, como salud, educación y protección social.
  • Combatir la discriminación estructural, tales como el racismo, sexismo y otras formas de exclusión, así como mejorar la respuesta en situaciones de emergencia o migración.
  • Orientar recursos a hacer frente a retos globales como el cambio climático y la transformación digital para promover la equidad en salud.
  • Implementar nuevas formas de gobernanza, fortaleciendo el papel de comunidades, gobiernos locales y la recopilación de datos desglosados.

En sus recomendaciones la OMS propone reformas fiscales, inversión en infraestructuras inclusivas, acceso universal a servicios esenciales y desarrollo de capacidades en los profesionales del sistema sanitario y social. También hace hincapié en la necesidad de realizar un seguimiento y evaluación de políticas con datos fiables, y promover la creación de entornos adecuados para la participación comunitaria. Por eso, la equidad de salud no es solo una cuestión técnica, sino una decisión política que exige voluntad, compromiso y visión compartida de justicia social.

Para más información, está disponible el informe completo “Informe mundial sobre determinantes sociales de la equidad en salud” (World report on social determinants of health equity, 2024) en la página web de la OMS.