Amaia Egidazu: «La tradición oral es importante en el desarrollo de nuestra cultura e identidad colectiva, y aunque pueda estar cambiando de forma, no creo que esté desapareciendo»
Amaia Egidazu es bióloga, cuentacuentos, escritora y dibujante, y también dirige grupos de lectura y talleres creativos. En 2021 ganó el premio Etxepare con el álbum ilustrado Dorotea, y el año pasado realizó su primera traducción profesional. Entre otras cosas, hemos hablado con ella sobre literatura y pedagogía infantil, sobre compartir historias y conocimientos, sobre el lugar que están ocupando las pantallas y los proyectos que tiene entre manos.
Eres bióloga de formación. ¿Cómo surgió tu interés en la literatura y la pedagogía infantil?
Aunque sea bióloga de formación, siempre he tenido intereses variados: las artes plásticas, las relaciones humanas, la creación... Al elegir los estudios, tenemos que elegir un interés concreto, pero más allá del campo académico podemos seguir desarrollando el resto, y así ha sido en mi caso.
Concretamente, el interés por la pedagogía infantil me surgió con la maternidad. La maternidad supuso una gran revolución en mi interior, sentí la necesidad de profundizar en el proceso de crianza y desarrollo infantil, y de esa manera me sumergí en el campo de las pedagogías activas. Durante varios años he sido acompañante de niños y niñas en una escuela activa, y personalmente ha sido muy enriquecedor, porque estar rodeada de niños y niñas es la mejor manera de conocerse a una misma, un modo de desaprender y volver a aprender muchas cosas. Gracias a los niños y a las niñas me acerqué también a la literatura infantil, y encontré placer en ello, un universo que se abría a mi imaginación. Soy muy aficionada a la literatura infantil, la leo mucho y participo tambien como mediadora en los clubes de literatura infantil.
Soy miembro del seminario de literatura infantil y juvenil que organiza cada año Galtzagorri Elkartea, y una vez al mes nos reunimos en Donostia para leer todos los libros infantiles publicados en euskera y elaborar criterios para su valoración. Son encuentros muy enriquecedores, absolutamente recomendables.
En todos estos años, te has dedicado aquí y allá a realizar sesiones de cuentacuentos para el público infantil. ¿Cuál es el aspecto más atractivo de ello? ¿Y cuál, al contrario, el más difícil?
Amo la frescura de los niños y de las niñas, su naturalidad, su visión del mundo y la capacidad que tienen de emocionarse. En las narraciones dirigidas al público infantil hay muchas sorpresas y preguntas/respuestas muy ingeniosas, sin filtro, auténticas, y nosotras las narradoras tenemos que estar de algún modo preparadas para responder e improvisar en todas las situaciones. Me gusta mucho esa relación improvisada, el diálogo con los y las oyentes, que convierte cada narración en algo especial y único.
Lo más difícil suele ser gestionar la falta de participación de los padres y de las madres en algunas situaciones. Puede ocurrir que algún niño o alguna niña en un momento concreto no esté en disposición de escuchar cuentos (por haber estado sentado o quieto todo el día y necesitar movimiento, porque está inquieto o cansado, o porque la narración no es la apropiada para su edad...), y muchas veces los padres y las madres no suelen ser capaces de ver la situación, de ponerles límites, o, si resulta necesario, de sacarlos de allí. Otras veces no se respetan los aforos, la acústica no es buena, las personas mayores hablan entre ellas... Para que haya condiciones y una atmósfera apropiadas para contar los cuentos, hay que cuidar muchos elementos, y en algunos casos, la organización no los tiene en cuenta.
En 2021 recibiste el premio Etxepare por el álbum ilustrado Dorotea. Tú lo escribiste y lo ilustraste. ¿Qué y cómo quisiste contar?
Dorotea es una abuelita que vive en el campo, y tiene un gran problema: su casa se ha llenado de moscas, está verdaderamente harta, y busca una solución para matar a todas las moscas. Así pues, piensa: "a quién le gusta comer moscas?". Para que las moscas desaparezcan, llena la casa de arañas, creando así un nuevo problema. De este modo, atrayendo diversas especies animales, el problema se complica cada vez más, hasta un final que nos sorprende enormemente.
Esta historia tiene algo de biográfico: vivo en un caserío, en algunas épocas la casa está llena de moscas, y fastidian todos mis intentos de hacer siesta. En ocasiones como esas, irritada, me he preguntado: "¿qué hacer para que desaparezcan las moscas?". Y es entonces cuando aparece mi instinto de bióloga, pensando en el control biológico de plagas: "nunca quitaré la telaraña de ése rincón, a ver si todas se quedan atrapadas...". Y tomando como punto de partida esta experiencia escribí la historia de Dorotea.
En cuanto a la escritura, me gusta mucho jugar con el idioma, y decidí escribir un texto repetitivo completado con rimas.
Por otro lado, en los álbumes ilustrados es especialmente importante lo que cuentan las ilustraciones, y fue una bonita tarea pensar en qué contaría el texto, qué las ilustraciones, y cuál sería la interacción entre ambas. Yo diría que todas las partes del libro cuentan algo: la portada, la contraportada, las guardas... El libro ofrece muchas capas de lectura, y creo que el lector o la lectora descubrirá cosas nuevas en una segunda lectura.
No es el único libro que has escrito para el público infantil. De hecho, en 2022, creaste la minicolección "Poltsikorako poemak", junto con Saroa Bikandi. ¿Cómo fue el proceso creativo?
A menudo escribo en un cuadernillo pequeños poemas e historias cortas. En un taller conducido por la ilustradora Irati Eguren, ilustré uno de esos poemas en una hoja con pliegues, y me entraron ganas de representar otros poemas en el mismo formato. Un día me encontré con Saroa, y casualmente me comentó que también ella tenía la misma idea sobre hacer poemas; así, uniendo las ideas de las dos, decidimos trabajar conjuntamente. De este modo creamos "Poltsikorako poemak", poemas que se pueden escuchar, ver y tocar. Algunos de ellos los he escrito yo, otros son populares o recibidos de otros autores y otras autoras, y uno de ellos, titulado "Goizaldean", es especialmente querido para mi, ya que es un verso que mi abuelo Gregorio nos cantaba cuando yo era pequeña.
Saroa y yo trabajamos como mediadoras de lectura, y buscábamos un modo de acercar a niños y niñas la poesía, la rima y el ritmo de una manera lúdica. Creamos las ilustraciones mediante la técnica de collage, y disfrutamos mucho del proceso. Ha sido maravilloso compartir todo lo que nos ha ocurrido luego, con "Poltsikorako poemak" ofrecemos talleres de poesía y narraciones para niños y niñas, y disfrutamos de cada sesión. Estoy segura de que ésta no será la única colaboración que hagamos juntas.
El año pasado hiciste tu primera traducción profesional. Tradujiste el album de Nieves García y Marina Gibert Por la mar salada al euskera, con el título Itsaso gazian. Sin embargo, no fue sólo una traducción, sino que creaste una melodía que no tenía el original. ¿Cómo te llegó la oportunidad? ¿Cómo fue la experiencia?
Tal como he comentado, el álbum Dorotea es un texto rimado, y como soy amante de la naturaleza, aparecen un montón de animales. Teniendo en cuenta esto, cuando la editorial Pamiela decidió traducir Por la mar salada al euskera, pensaron que mi perfil podía ser el adecuado, ya que además de tener que cuidar la métrica y la rima, la protagonista es la fauna marina. En principio no era un reto menor, ya que los textos con esas características no suelen ser fáciles de traducir a todos los idiomas, porque la rima y la composición de las frases puede quedar muy forzada. Cuando me enviaron el texto, pensé que podíamos hacer algo de calidad en euskera, aunque el título era complejo, ya que esa frase tiene en castellano un sentido que no tiene en euskera. De todos modos, me pareció que el título en euskera sugería el sonido del mar y las olas, y quedé satisfecha con el resultado. Fue una experiencia muy enriquecedora, que no me importaría repetir.
En cuanto a la melodía, dirijo grupos de lectura de niños y niñas de diferentes edades, incluidos los de niños y niñas de 0-3 años y familias, y tengo tendencia a inventar melodías para los libros de los más pequeños y las más pequeñas y así poder contarlos cantando. A esa edad la canción nos ayuda mucho a conectar con los niños y las niñas, a mantener la atención, a crear un vínculo mediante el ritmo y la musicalidad, y con Itsaso gazian también lo hicimos. Se puede encontrar las propuesta de melodía que yo he creado en la página web de Pamiela, pero yo suelo animar a los padres y las madres a coger el libro y jugar, a probar distintas maneras de contar, a buscar cada uno y cada una su magia en ese trinomio adulto-niño-libro. A cada niño o niña le llamará la atención un pasaje, ilustración o palabra concreta, y en cada casa se creará una interacción diferente alrededor del libro, su propio ritual. Quienes escriben e ilustran hacen su trabajo, pero cuando un libro llega a nuestras manos, le damos vida, cada cual a su manera.
También llevas a cabo cursos para promover el hábito de la lectura entre los más pequeños y ofrecer a padres y madres los recursos que posibiliten ese recorrido. ¿Qué les enseñas? Cualquier labor realizada para promover la lectura es imprescindible, ¿no es así?
Sí, así es, dirijo grupos de lectura con niños y niñas de todas las edades, y es realmente importante la presencia de los padres y de las madres, puesto que uno de los objetivos principales es que lo que hacemos tenga continuidad en casa. En las sesiones, los padres y las madres conocen bibliografía de calidad, ven maneras diferentes de contar historias, reciben recomendaciones de libros, tienen conocimiento de diversos géneros...
Compartir la lectura con nuestros niños y niñas refuerza el vínculo afectivo, nos ofrecemos mutuamente tiempo de calidad, atención completa, cercanía, seguridad. Esas experiencias placenteras con los libros influyen positivamente en la afición a la lectura, puesto que es indispensable unir la lectura con el placer, dejando a un lado el objetivo de "trabajar" éste u otro tema. A menudo, cuando los niños y las niñas empiezan a leer por su cuenta, la costumbre de compartir la lectura se abandona por completo: "tú ya sabes leer por tu cuenta, lee tú solo", y puede convertirse en una carga, algo que hay que hacer obligatoriamente. Yo recomiendo a los padres y a las madres que sigan leyendo juntos, para comentar lo que han leído, buscar nuevas lecturas en común, desarrollar el espíritu crítico... La lectura compartida es enriquecedora en cualquier etapa de desarrollo, sin duda alguna.
También llevas a cabo otro tipo de cursos, para gente de diferentes edades, en solitario o en colaboración con otras personas. Por ejemplo, has colaborado frecuentemente con Miren Amuriza. ¿Cómo son esos cursos de formación?
Si, Miren y yo formamos un bonito tándem, y dirigimos diferentes talleres de creatividad conjuntamente. Las personas receptoras suelen ser de diferentes edades: niños y niñas, jóvenes, personas adultas e incluso ancianas; la creatividad, al final, no tiene edad.
Todo el mundo tiene algo que contar (recuerdos, vivencias, lo oído a otra persona, lo leído e imaginado...), las formas de contar son muchas (por escrito, mediante imágenes, en voz alta...), y nosotras, aparte de poner en práctica todo eso, facilitamos espacios para compartir lo que creamos, puesto que es muy enriquecedor alimentarnos e inspirarnos de los demás y con los demás.
Adecuamos las dinámicas según la franja de edad del grupo, pero todas tienen componentes similares: ejercicios y juegos unidos con palabras e imágenes, experimentado con diferentes técnicas: redacción libre o guiada, collage, dibujo, etc. Ofrecemos propuestas para hacer frente a la hoja en blanco, y luego, cada persona hace su camino.
Mucha gente llega con muy baja autoestima sobre su capacidad de creación, ya que somos nosotros mismos nuestros jueces más exigentes: "no sé escribir", "no sé dibujar"... Y suele ser agradable cuando, al finalizar el taller, las personas participantes se dan cuenta de que han superado muchos de sus límites, cuando descubren que pueden hacer lo más inesperado.
Escuchar —escuchar atentamente— ¿ha perdido peso en esta era de las pantallas? ¿Hay todavía motivo para ser optimista en cuanto a la oralidad y la transmisión cultural?
A mí me gusta ser optimista. La necesidad de compartir conocimientos y escuchar se mantendrá siempre viva, porque es una necesidad básica, orgánica de la especie humana, imprescindible para comunicarnos y completar nuestra identidad. La tradición oral es importante para el desarrollo de nuestra cultura e identidad colectiva, y aunque quizá esté cambiando de forma, no creo que esté desapareciendo. Es enorme la transmisión de conocimientos y opiniones que se hace hoy en día mediante podcast o video; esos son los medios modernos de contar.
Al mismo tiempo, tengo que decir que la pantalla nunca podrá superar el poder de la voz, porque la palabra dicha tiene una carga emocional y afectiva que no tiene la pantalla. Estoy segura de que niños y niñas y jóvenes son capaces de percibir el encanto de la historia contada oralmente, de sentir lo que representa una mirada directa o un silencio, de valorar el aspecto humano. Pero para que exista un equilibrio entre la pantalla y la transmisión oral, es importante hacer sitio a la voz, crear espacios para compartir y programar acciones culturales. Yo, al menos, seguiré con atención la agenda de Kulturklik, porque tengo muchas ganas de seguir escuchando.
¿Qué estás haciendo ahora? ¿Hacia dónde te gustaría dirigirte en el futuro?
Por lo que respecta a la creación, en este momento tengo un par de proyectos entre manos: por un lado, con otra gente, estoy creando un juego de cartas basado en la historia de Euskal Herria; por otro lado, estoy escribiendo e ilustrando un álbum ilustrado. Cuando termine con esos trabajos, tengo pensadas un par de creaciones dirigidas al público infantil, pero sin prisa, porque no tengo suficiente tiempo para hacer frente a todo.
En cuanto al futuro, no tengo tendencia a pensar en ello, funciono a corto plazo en general. Aquí y ahora, estoy en temas que me gustan, pero quién sabe cuántas cosas se pueden cruzar en el camino; estoy abierta a nuevas aventuras. Pero sospecho que, también en el futuro, aquí o allá, de una manera o de otra, estaré escuchando, narrando, creando y compartiendo.
(Especial publicado el 29 de mayo de 2025)


