Josu Martinez: "He querido contar el siglo XX de los y las euskaldunes"
El cineasta Josu Martinez presenta una doble propuesta en la sección Zinemira del Zinemaldia: la película colectiva "Bizkarsoro", que relata la desaparición "programada y planificada" del euskera, y un retrato fílmico del escritor Jon Mirande.
Josu Martinez y el Zinemaldia de San Sebastián prolongarán este año su duradero idilio. Martinez presentó por primera vez su obra en el Festival en 2009 (Itsasoaren alaba), y desde entonces han sido seleccionados varios trabajos más del cineasta e investigador cinematográfico nacido en Bilbao en 1986.
Este año, Josu Martinez presentará dos trabajos en la sección Zinemira del Zinemaldia, dedicada al cine vasco, y ambas películas optarán al premio Irizar. Una de ellas es Bizkarsoro, un largometraje colectivo que recopila cinco historias globales recogidas en Baigorri y llevadas a la pantalla por sus habitantes. A través de estas narraciones, se articula un relato en el que se describe el proceso entre 1914 y 1982 por el que el idioma mayoritario de algunas pequeñas localidades vascas pasó de ser el euskera a ser el castellano.
Además, el Zinemaldia también ha seleccionado para su programación Mirande. Film bat egiteko zirriborroa. Esta obra de Josu Martinez ahonda en la figura y la producción literaria del escritor Jon Mirande a través de sus propias palabras (lo encarna el actor Peio Berterretxe) y testimonios de expertos y expertas (Joseba Sarrionandia, Itxaro Borda, Amaia Elizalde…) y familiares, sin eludir, por ejemplo, sus actitudes filonazis.
Llegas al Zinemaldia con dos películas bajo el brazo. ¿Cómo ha sido el proceso de creación de ambas obras?
El desarrollo de ambos trabajos ha sido muy diferente. Bizkarsoro es un proyecto popular, sobre todo en su contenido pero también en su forma. Lo hemos ido creando por partes desde 2018, a razón de un capítulo al año.
En el caso de Mirande, hace ya tiempo que teníamos la película terminada. Al principio, quería estrenarla a finales del año pasado, pues se cumplían 50 años desde que encontraran el cadáver de Mirande en su apartamento de París. Pero algunos miembros de la dirección del Zinemaldia vieron la película, les gustó mucho y nos dijeron que estaban interesados. Así que nos pareció una buena opción esperar y estrenarla ahora.
Tienes una larga y estrecha relación con el Zinemaldia. ¿Qué función cumple el Zinemaldia dentro de la cinematografía y la industria cinematográfica vasca?
Sí, tienes razón, estuve por primera vez en 2009, con el documental Itsasoaren alaba, y, desde entonces, si no me equivoco, he presentado allí diez películas. La verdad es que no soy muy festivalero, no suelo moverme por saraos y similares, pero no cabe duda de que presentar un trabajo aquí dota a la película de una gran visibilidad; se trata de una gran oportunidad para aquellos que, como yo, hacemos películas pequeñas.
En ese sentido, es una suerte tremenda tener en Euskal Herria un gran festival como este, que se muestra sensible con los y las creadoras locales.
De todas formas, creo que existe una especie de trampa en esa fortuna. Quiero decir que durante una semana parece que todo el mundo es amante del cine y que toda la gente quiere ver películas, pero luego, durante todo el año, eso desaparece por completo, y ya no digamos en el caso de los trabajos realizados en euskera.
Como ocurre con la Durangoko Azoka, parece que se tratara de una dosis anual. Que Dios nos libre de la falsedad.
¿Cómo vives el Zinemaldia, participes en él con una película o no, y cómo te gustaría vivir el de este año?
Iré a las presentaciones de mis películas, nada más. Más allá de eso, ya tengo bastante trabajo como padre y como profesor de la UPV.
De todas maneras, me apetece vivir el momento del estreno con la gente. Para Bizkarsoro, por ejemplo, vendrá un montón de gente de Baigorri, gaiteros incluidos… Será precioso compartir ese momento con los y las ciudadanos.
Precisamente en Bizkarsoro, sacas cinco fotografías al siglo XX, para mostrar cómo en esa época el francés fue tomando el lugar del euskera en boca de los y las habitantes de algunos pueblos vascos. ¿Por qué esos cinco momentos concretos?
Al igual que Bertolucci cuenta en Novecento la historia del movimiento obrero en el siglo XX, yo he querido contar la de los y las euskaldunes; no la historia del euskera, sino la de los y las euskaldunes: cómo muere un idioma.
Todavía se oye mucho que el euskera está muriendo inevitablemente en Euskal Herria, como si se tratara de la muerte natural de una abuela. Y yo quiero mostrar que no, que la del euskera es en todo caso (¡aún está vivo!) una muerte programada y planificada.
A principios del siglo XX, en muchos pequeños pueblos vascos, el francés y el español no eran mayoritarios, mientras que para finales de siglo la situación era diametralmente opuesta. ¿Qué ocurrió en ese intervalo? Dos guerras, la escolarización obligatoria, la lucha de clases, presión social… Es decir, la construcción de una nación (la construcción de la nación francesa).


