Xabier Olarra: "Hay que acometer la lectura del "Ulises" con buen humor, ganas y un poco de paciencia"
- Fecha16 de Junio
- Temática Literatura
El traductor Xabier Olarra presenta la segunda edición de su traducción al euskera de "Ulises", la famosa novela del escritor irlandés James Joyce, que publica la editorial Igela.
El pasado día 2 de febrero se cumplieron cien años desde que Sylvia Beach, librera y editora de la librería parisina Shakespeare & Co, publicara el Ulises de James Joyce, una de las novelas más importantes escritas nunca en inglés y una de las más influyentes de la historia de la literatura universal.
No se trata de una efeméride cualquiera; según algunos y algunas expertas en literatura amantes de lo categórico, la novela nació con Cervantes y murió con el Ulises, aunque bien es cierto que, afortunadamente para todo el mundo, el cadáver de la novela ha dejado y está dejando ulteriores obras también de gran interés.
De todas maneras, desde 1922 hubo que esperar bastante, hasta 2015, para poder leer el Ulises también en euskera, hito que fue posible gracias al empeño del incansable traductor (gracias a su impagable labor se puede leer en euskera a Truman Capote, Francis Scott Fitzgerald, Jack London, William Faulkner, Agatha Christie, Tokien, Raymond Chandler… ) Xabier Olarra (Tolosa, 1953).
Ahora, Olarra ha revisado, pulido y completado con más notas aquella traducción que le granjeó en premio Euskadi de Literatura 2016, para acompañar mejor a aquel o aquella que se atreva a sumergirse en esta compleja novela que cambió para siempre la literatura.
Para saber más sobre esta segunda y provisional edición de la traducción ("las traducciones del Ulises siempre serán provisionales", nos dice Olarra) que publica la editorial Igela, hemos hablado con Xabier Olarra, que nos introduce en un libro que, según afirma el escritor y crítico literario español Eduardo Lago, "permanece joven sin cansarse de ver envejecer a sus lectores".
Publicamos la entrevista, además, el 16 de junio, coincidiendo con el Bloomsday, el día en el que está situada la novela y que se celebra en muchos sitios del mundo, sobre todo en Dublín, rememorando las andanzas de su protagonista, Leopold Bloom. Este año, además, Pamplona también tendrá su Bloomsday.
Se dice que leer el Ulises es poco menos que una hazaña, y no pocas personas abandonan su lectura. ¿Con qué actitud crees hay que acometer su lectura? ¿Qué recomendarías a quien vaya a leer el libro o a quién le dirías que no lo leyera?
Hay que acometer la lectura del Ulises con buen humor, ganas y un poco de paciencia. Con buen humor, porque es una farsa maravillosa; con ganas, porque es bastante largo; y con paciencia, porque a veces te puedes perder durante la lectura. ¿Quién no lo debería leer? Aquel o aquella que lleva regular o muy justas las lecturas actuales.
¿Cuándo leíste el Ulises por primera vez?
Comencé por primera vez a los veinte años, porque se trataba de una lectura "obligatoria" para todo aficionado a la literatura. Solo leí los primeros capítulos, y el final, el monólogo de Molly Bloom.
Entonces, lo intenté con la única edición que estaba disponible en castellano, la del argentino José Salas Subirat. Veinte años más tarde, después de otro intento con la traducción de José María Valverde, leí el original, entero, durante una Semana Santa, gracias a la edición comentada de Jeri Johnson.
Tengo que subrayar eso. El Ulises se puede leer sin la necesidad de notas, pero entenderás menos de la mitad, y es una pena. Ahora, gracias a la edición en euskera, la persona que está leyendo la obra tiene el asunto resuelto: la edición de Igela cuenta con unas 2000 notas.
¿Cómo y cuándo se te ocurrió traducir el libro al euskera, y cómo ha sido el camino hasta esta segunda edición de la traducción?
Lo comentamos en una cena entre cuatro amantes de la literatura, alrededor del año 2000. Las otras dos obras más importantes de Joyce, Dublineses y Retrato del artista adolescente, ya estaban traducidos al euskera, pero Ulises es la obra principal de Joyce, y creíamos que había que llenar ese vacío.
Pero hasta diez años después no comencé a pensar que, si nadie acometía esa ingente tarea, tendría que hacerlo yo mismo.


