Naiel Ibarrola pone banda sonora a la obra de su abuelo Agustín
- Fecha22 de Enero
- Temática Artes visuales, Música
Naiel Ibarrola ha compuesto la ambientación sonora de la exposición dedicada al artista en la Sala Rekalde
"Quería cumplir una apuesta que hice con aitite hace muchos años". Quien habla es Naiel Ibarrola, nieto del artista Agustín Ibarrola. "Él pinta traviesas que pesan un quintal. Un día, bromeando, le dije que conseguiría tocar sus traviesas como una txalaparta", relata. Dicho y hecho. Porque es literalmente lo que han conseguido, grabando los golpes con el micro. "Lo más divertido es que cuando nos vio grabar, en lugar de decirnos que no golpeáramos así sus esculturas, nos ofreció un mazo más grande. Eso es algo que me ha marcado mucho de él. Siempre está dispuesto a jugar, a mirar de una manera diferente. Su lenguaje es muy expansivo", explica Naiel Ibarrola, autor de la ambientación sonora confeccionada para la exposición Agustín Ibarrola, naturalmente que se puede ver hasta el 4 de julio en la Sala Rekalde.
Naiel Ibarrola presentó el jueves, junto a Lander Macho, la banda sonora compuesta para el audiovisual original, dirigido por Josu Venero, que se puede ver en la exposición. "Es una composición que hicimos por su 90 cumpleaños y por ser quien es", explica el joven, quien ha grabado el sonido de elementos reales. "Son sonidos de las esculturas de mi aitite, de materiales con los que trabaja. Los hemos convertido en bases rítmicas con las que componer. La idea era que la composición del vídeo se hiciera con sonidos de su propia obra", añade. La composición no queda ahí. Cuando el visitante entra a la sala Rekalde se ve envuelto por cánticos de pájaros. "Son del valle de Oma", narra. "Lander y yo nos despertamos a las 6.00 para poder grabar una hora mágica, que es la que se da desde las 6.30 a las 7.30. Es un auténtico festival", indica. "La intención era que cuando se accediese a la sala se simulara la entrada a Oma", señala sobre la ambientación creada ex profeso en un valle al que él también está muy apegado.


