Musikari: "Han reventado entre nuestras manos problemas que ya teníamos"
- Fecha16 de Diciembre
- Temática Música
La asociación Musikari tiene nueva junta directiva, y hemos hablado con tres de sus miembros para saber más sobre la situación de los músicos y los retos de la asociación en defensa de sus intereses.
La pandemia ha sacudido todo a su paso; se ha dejado notar, como es sabido, en todos los ámbitos. Pero, evidentemente, las desgracias (tampoco las desgracias) no afectan a todos por igual, y las consecuencias de esta sacudida han sido más graves en aquellos entornos más vulnerables, ha zarandeado con más vigor a quienes estaban asentados sobre bases más inestables.
Es el caso de la música, condenada ya desde antes de la aparición de la covid-19 a una inestabilidad perenne, en la que, más allá de los cálidos y cegadores focos y ensordecedores y fascinantes sonidos, campan a sus anchas en el día a día de los músicos la precariedad, la dejadez, la provisionalidad, las inercias, la necesidad de tomar riesgos individualmente y la falta de un marco legal para su actividad.
Ante esta situación, siete mujeres músicas (Eneritz Dueso, Idoia Hernandez, Lide Hernando, Miren Narbaiza, Izaro Andrés, Olatz Salvador y Garazi Esnaola) han dado un paso adelante, y han decidido pasar a dirigir Musikari, asociación sectorial que busca “impulsar la defensa de la labor de los músicos y facilitar contactos con otros agentes e instituciones”.
Hemos hablado con Dueso, directora de Musikari; Hernandez, secretaria; y Hernando, tesorera.
¿Qué carencias estructurales detectasteis para decidir en febrero formar la nueva junta rectora de Musikari? ¿Qué creíais que se podía o se debía mejorar?
Eneritz Dueso: Es cierto que febrero y marzo de 2020 son fechas significativas, ya que durante esos días, con la paralización de los conciertos y la mayoría de la actividad cultural, quedó absolutamente en evidencia la precariedad del sector musical. Por ejemplo, de la noche a la mañana nos dimos cuenta de que los derechos laborales más elementales de esos nombres conocidos que no paramos de oír no están garantizados, y menos aún los de aquellos que no son tan conocidos.
Pero para nosotras son fechas aún más significativas porque nos dieron el tiempo y la oportunidad necesarios para juntarnos, aunque fuera con una pantalla de por medio. De alguna manera, los problemas que teníamos desde hace tiempo reventaron en nuestras manos, y sentimos la necesidad de encauzar y dar un sentido a la rabia y la impotencia que aquello nos generó. Musikari era una posibilidad para ello.
Pero, como he dicho, las carencias y problemas que necesitan una solución no eran nuevos para nosotras: por un lado, podemos afirmar que no hay nada escrito sobre nuestro oficio, no hay ni leyes ni, en muchos casos, manera de legalizarnos, así que todo ha estado basado en costumbres, en cómo lo hace este o aquella y en el boca a boca. Y también en una competitividad estéril entre nosotras que ha interesado a algunos.
¿Qué significa eso? Pues que cuando empiezas en esto sin ninguna información fiable te tienes que fiar de tu intuición y de lo que te dice el de al lado. ¿Quieres cobrar un caché en un concierto y no sabes cuánto pedir? ¿No sabes cuáles son tus derechos y obligaciones cuando vas a grabar y publicar un disco? ¿Qué ventajas e inconvenientes tiene la alegalidad, ser autónoma o asalariada? Y lo que es peor: esto no ocurre solo en salas privadas o por parte de voluntarios y voluntarias en espacios autogestionados. No, esta falta de información, estos comportamientos tan cuestionables son promovidos por espacios y proyectos gestionados por instituciones públicas. Precisamente, por aquellas que deberían ser ejemplares.
Por tanto, ¿qué se puede mejorar? Podríamos decir que todo está por hacer. Nuestra intención es tomar el relevo de aquellos y aquellas que han trabajado desde la sombra durante estos años en esta dirección, y continuar. Todo está por hacer, pero, afortunadamente, no tenemos que empezar desde cero.


