Eugenio Ibarzabal: "Recuerdo a Xabier Lete como alguien que quiso vivir la vida intensamente"

  • Eugenio Ibarzabal:
    Eugenio Ibarzabal, periodista y escritor José Mari Martínez

  • Fecha23 de Noviembre
  • Temática Música, Literatura

Erein rescata la entrevista de dos horas de duración que Eugenio Ibarzabal le hizo a Xabier Lete en 1978 y que publica con el título de 'Xabier Lete, de un tiempo, de un país'

 En 1978, Eugenio Ibarzabal entrevistó al poeta y músico de Oiartzun en Radio Popular. Fue una conversación de dos horas que, ahora, la editorial Erein recupera en un libro titulado Xabier Lete, de un tiempo, de un país.Ibarzabal ha prologado también esta entrevista, que supone prácticamente un momento congelado en el tiempo, una instantánea que hay que entender en su contexto.

¿Cómo recuerda la entrevista?

–Como una época en la que los dos, Lete y yo, vivimos peligrosamente, y en la que la inseguridad laboral, en mi caso, a los 27 años, era total. La de Lete también lo era, y además era de edad mayor que yo. Todo ello en un ambiente de inseguridad política y económica, pues lo que estaba claro entonces es que no había nada que estuviera realmente claro. No se veía luz. Temíamos que se produjera un golpe militar. En vísperas del 23-F, tres días antes, Lete y yo entrevistamos a Juan Luis Cebrián en su despacho de El País. Qué hombre tan soberbio. Al decirle que temíamos un golpe militar, el muy listo se rio de nosotros. Nos dijo que eran bulos para meternos miedo. A los días lo tuvo que corregir, pero la corrección fue aún peor. Tengo todas las pruebas de lo que digo. Hoy en día el tal personaje sigue pontificando. A veces conviene recordar, comparar y recobrar la perspectiva. Y, a pesar de todo, el recuerdo que guardo es, ya digo, la de haber vivido a tope. Me alegro de haber tenido la suerte de que nos tocara vivir el inicio de una nueva época, por difícil que fuera.

¿Cuánto tiempo mantuvo relación con Lete?

–De 1972 a 1987. Quince años. Al principio yo no era sino alguien que acudía a sus festivales, pero luego la relación con él fue muy intensa, porque las coincidencias políticas fueron cada vez mayores, y él se sentía muy comprometido. Sin embargo, a partir de 1987, a pesar de que jamás nos enfadamos, no nos volvimos a encontrar. Recuerdo tan solo habernos saludado años después en un restaurante, eso sí, muy amablemente. Pasamos del todo a la nada. Quedó algo pendiente entre los dos, una conversación, al menos para mí. La escisión que sufrió el PNV fue decisiva. Él se quedó en un lugar y yo en otro. Yo fui al Gobierno Vasco y él se quedó en la Diputación de Gipuzkoa. Le ofrecimos a Lete ser consejero de Cultura, pero no quiso. Lo mismo me ocurrió con Koldo Mitxelena, aunque en este caso la relación era la del maestro con el alumno. Una verdadera pena, o algo peor, difícil de explicar para una mente de hoy, y buena muestra de que, si a veces no somos felices, es exclusivamente por nuestra culpa, tal vez porque no queremos serlo. Muchas veces el sufrimiento lo creamos nosotros mismos. Todo aquello fue lamentable y en contradicción total con los ideales que se pretendían defender. Y la mejor prueba de lo que digo es que ya casi nadie recuerda ni la razón ni el porqué. Lete y yo fuimos víctimas colaterales, como se diría hoy. Creo que es mejor no recordar ni continuar.

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