Crónica de una mala práctica política
- Fecha12 de Junio
- Temática Artes visuales
La decisión de desmantelar Hiriartea constituye una "pérdida" para la ciudadanía de Pamplona, una nueva "intromisión política" y un "ninguneo" a los profesionales de la cultura.
"este es un ejemplo más que se suma a una larga lista de proyectos culturales que se ven instrumentalizados, manipulados o desarmados por parte de políticos de diferente signo que deciden sobre el devenir de la cultura entendiéndola como recurso para sus propios réditos e intereses". Es un fragmento del manifiesto Dejadnos hacer-Utzi sortzen difundido con motivo del desmantelamiento del proyecto Hiriartea-Centro de Cultura Contemporánea por parte del actual equipo de gobierno del Ayuntamiento de Pamplona. Una decisión que cortó en seco el desarrollo de una propuesta implementada en la legislatura anterior, con el consiguiente despido de la persona que superó un proceso de selección de personal y la pérdida de una estrategia basada en el pensamiento crítico, las prácticas contemporáneas y el uso de la mediación como herramienta para llegar a toda la ciudadanía. ¿A cambio? De momento, nada. En noviembre del año pasado, la concejala María García-Barberena dijo que algunos de los talleres realizados habían sido "interesantes", y que, por tanto, se iban a "seguir realizando", y que, además, habría "muchas más cosas". Sin embargo, a día de hoy no se sabe a qué se refería ni ha presentado un proyecto o una estrategia cultural para la ciudad.
En diciembre de 2018, la pamplonesa Arantza Santesteban, gestora cultural, comisaria, investigadora y cineasta, fue seleccionada para coordinar el proyecto Hiriartea lanzado por el área de Cultura municipal de entonces después de superar el proceso y las pruebas habilitadas por el Consistorio y que fueron juzgadas por un tribunal del que formaron parte: Juan Zapater, director de BilbaoArte; Javier Manzanos, técnico de Artes Plásticas del Ayuntamiento; Nuria Goñi, pedagoga municipal; Leire San Martín, responsable de mediación cultural del Centro Internacional Tabakalera de Donostia, y un enlace sindical del Ayuntamiento. Su propuesta se basaba en ir más allá de la programación de exposiciones para generar en la Ciudadela una dinámica que integrara todas las prácticas artísticas y la experiencia y el pensamiento contemporáneos. Como toda iniciativa que arranca de cero, "requirió de mucho esfuerzo, energía y visión estratégica, además de presupuesto y de habilitar espacios", comenta Santesteban, que desde el principio tuvo claro que lo más importante era "contar con la comunidad artística, los trabajadores de la cultura y la ciudadanía". De ahí, y aunque hasta junio se activaron las muestras Es o no es, una relectura de la Colección de Arte municipal junto con la de Pi y Fernandino –visitada por público adulto y escolar–, y Abstraktu, con visitas con artistas interdisciplinares y con escolares, además de talleres familiares, para esta profesional, las que marcaron "un antes y un después" fueron las dos jornadas Fabular Hiriartea, celebradas el 13 de abril y el 20 de junio. Más de 60 personas, "una cifra nada desdeñable para Pamplona", acudieron a escuchar y a dialogar sobre un proyecto que "no se impuso, sino que se pensó entre todas y todos". En ambas citas salieron cuestiones como la precariedad de la profesión cultural, la necesidad de cuidar los espacios y a las personas que se dedican a este ámbito y la importancia de ser conscientes de que los tiempos de la cultura no son los tiempos de la política, entre otras. "Y nos sirvieron para confirmar la intuición que ya teníamos al presentar nuestra propuesta", y es que existía –"y existe"– la "necesidad de crear un vínculo entre práctica artística y pensamiento crítico".


