Txani Rodríguez: "Quedarse en una etapa feliz ya pasada puede ser una trampa mortal para el ánimo"

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  • Fecha3 de Junio
  • Temática Literatura

Aunque el coronavirus obligó a aplazar su presentación, Txani Rodríguez ve cómo por fin se encuentra con los lectores ‘Los últimos románticos’

Con dos meses de retraso ayer llegaba a las librerías la cuarta novela de la escritora de Llodio –además de periodista, guionista y profesora de narrativa y escritura creativa- Txani Rodríguez. Se titula Los últimos románticos, se ha publicado a través de la editorial Seix Barral y a cada ejemplar acompaña una faja en rojo en la que plumas consagradas como Bernardo Atxaga, Karmele Jaio y Manuel Jabois dan su parecer.

"A Juan, por situarme frente a la imagen de la que parte este libro". Dedicatoria curiosa.

–Es un conocido mío que trabaja en una fábrica de papel cerca de Llodio y, un día llegó a casa con una bolsa llena de los rollos que la empresa entrega a cada trabajador como regalo mensual. Yo sabía que en esa empresa elaboraban tres productos muy concretos: papel sábana para las camillas de quirófanos o consultas médicas; servilletas de papel para cadenas de restaurantes de comida rápida; y papel higiénico industrial para gasolineras. Y pensé: aquí hay algo que me pone muy nerviosa, ¡es nuestra vida moderna en una bolsa: gasolineras, comida rápida y hospital!. Así surgió la ocupación de mi protagonista, Irune, una empleada de una fábrica de papel, que trabaja en la sección de papel higiénico. Y sí, es algo muy premonitorio lo de los rollos de papel higiénico, porque está escrito desde muchos meses antes de empezar a oír hablar de coronavirus. Sin quererlo me ha salido una novela muy post pandémica (risas).

También dedica el libro a todas las personas "que fueron amables conmigo alguna vez". ¿Son un rara avis?

–El mundo que conocimos está extinto o a punto de desaparecer. Mi padre trabajó en Aceros de Llodio y toda la solidaridad que hubo durante las huelgas en lucha por la permanencia de la empresa, no solo entre trabajadores afectados, sino en todo el municipio resulta impensable hoy día. Nos hemos vuelto muy individualistas, aquí cada cual va a lo suyo y eso lo he querido reflejar en Irune, la única de toda una empresa que, aún no afectándole para nada la situación de unos huelguistas, se pone a apoyarles poniendo en riesgo su puesto de trabajo. Y eso es algo que se puede extrapolar a cualquier comunidad de vecinos. Antes eran gente muy cercana, entrábamos y salíamos de la casa de la vecina como si fuera la nuestra€ esa forma de vida se ha perdido. Con el confinamiento nos hemos enterado de quién vive en frente y cómo se llama€ es muy triste y, sobre todo, cuando se trata de gente mayor que necesita ayuda o está muy sola. Otra cosa que se ha perdido es el paisaje, no solo de forma estética o visual, va mucho más allဠy ¿me preguntas si hay amabilidad?. Claro que la hay, en general, somos amables, y también lo plasmo en la novela en el periplo médico que debe hacer Irune, y toda la gente anónima que la calma ante el miedo a la enfermedad. Ser amable no cuesta nada y es muy reconfortante para quien la recibe, sobre todo si está asustado, y es algo muy valioso que yo también me he encontrado en mi vida personal. Lo que faltaría es dar un paso más y comprometernos. Parece que en estos tiempos la maldad está más prestigiada que la bondad y hay que darle una vuelta a eso. No se es más tonto por ser bueno. A menudo confundimos inteligencia con maldad.

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