Mila Beldarrain: «Cuando me meto en un libro, me disuelvo y me olvido de todo»

  • Mila Beldarrain: «Cuando me meto en un libro, me disuelvo y me olvido de todo»
    Mila Beldarrain repasa unos papeles en el salón de su casa.

  • Fecha3 de Abril
  • Temática Literatura

La escritora donostiarra cree que «la economía saldrá muy tocada» y que «tendremos que plantearnos la vida de otra manera»

La escritora Mila Beldarrain (Donostia, 1951) reconoce que ni el obligado confinamiento en casa, ni las circunstancias que rodean esta crisis le impiden concentrarse en la lectura o en su trabajo como novelista. Al contrario: «Soy hipocondríaca y tengo la estabilidad emocional de Calígula, así para mí entrar ahí es una isla. Me disuelvo y me olvido de todo». Beldarrain, que recomienda someter el encierro a los rigores de un horario fijo, también aprovecha para revisionar películas antiguas por las noches.

- Casi tres semanas de confinamiento. ¿Qué tal va?

- Sinceramente, lo llevo bien. Otra cosa es el miedo y la angustia que produce ver la situación en los hospitales de Madrid. Tengo perro además, tengo la rutina de sacarle sin ir muy lejos, tampoco. Y para hacer ejercicio, tengo la casa como los chorros del oro: la limpio enloquecidamente. Como me resulta aburridísimo hacer tablas y cosas de esas, pues limpio, arriba, abajo. Y luego, leo y escribo.

- ¿Logra concentrarse?

- Perfectamente. No me cuesta y eso que mi casa es de música. Y no escribo en un cuarto, separada, no: en medio de todo el lío. Tengo una capacidad terrible para concentrarme. Estoy leyendo 'Ordesa', de Manuel Vilas, y una biografía nueva de Pérez Galdós. Y luego estoy escribiendo mis cosas, que para mí es bufff… Me disuelvo, me olvido de todo y entro ahí.

- Pues hay gente que comenta que la realidad ahora mismo es tan potente que le cuesta meterse en los libros.

- A mí, no. Al revés, lo necesito. Soy hipocondríaca, tengo la estabilidad emocional de Calígula y entonces meterme ahí, que para mí es una isla. Ese rato estoy bien. Luego, la situación me parece durísima. No sólo me angustia la situación de aquí, sino que pienso que si entra este bicho en las favelas de Brasil o a los campos de refugiados será terrible. Así que esos ratos que estoy ahí metida me sirven para evadirme porque soy muy imaginativa, para lo bueno y para lo malo.

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