Raúl de la Fuente: "El infierno" se adentra en las profundidades de la desolación"
- Fecha21 de Enero
- Temática Audiovisual
El cineasta navarro opta este sábado al Goya al mejor cortometraje documental por “El infierno”, retrato de las misérrimas condiciones de vida en la prisión de Pademba, en la capital de Sierra Leona.
Dice Raúl de la Fuente que el infierno en la tierra está en Freetown, capital de Sierra Leona, en la cárcel de Pademba Road, donde sobreviven hacinados más de 2300 reclusos, muchos enfermos, en un monumento a la inhumanidad construido para 300 personas.
“El infierno”, trabajo necesario que le ha valido a De la Fuente y a la productora Amaia Remirez (Kanaki Films) la nominación al premio Goya al mejor cortometraje documental, se adentra en las tinieblas de Pademba para mostrar la miseria, la injusticia y las implacables fauces de barbarie en un relato que, aunque huye del morbo y de la recreación en el sufrimiento, muestra sin contemplaciones el angustioso reverso de lo que debería ser una sociedad.
Solo la historia de Chennu, un antiguo preso que vive para ayudar como puede a los reclusos que ocupan su viejo lugar en el presidio, aporta luz y esperanza a “El infierno”, un trabajo con el que De la Fuente vuelve a los Goya, premio que ganara ya con el documental “Minerita” (2014) y la película de animación “Un día más con vida” (2019).
Hablamos con el cineasta navarro, precisamente, minutos después de saber que “Un día más con vida” quedaba fuera de las nominaciones de los Óscar, donde ya estuvieron con “Minerita”. “Esta vez nos lo esperábamos, viendo las películas que competían en esa categoría”, afirma.
¿Cómo supisteis de la existencia de la prisión de Pademba? ¿Cuándo decidisteis que queríais grabar el documental?
Yo sabía de la existencia de este lugar por el trabajo del fotógrafo Fernando Moleres, y la idea de hacer el documental surgió allí mismo, en Freetown. Yo estaba allí rodando otro documental sobre niñas en situación de prostitución con el salesiano argentino Jorge Crisafulli, y me contó que también trabajaban en prisión para tratar de ayudar a los presos más desfavorecidos.
Me interesó la historia, entré con Jorge a la prisión y ahí arrancó todo.
¿Cómo definirías lo que encontraste allí dentro la primera vez que entraste? Todas las referencias palidecerían ante la realidad…
Es como retroceder muchísimo en el tiempo y caer en una gruta, en una caverna. A veces le encuentro ciertas similitudes con ‘Minerita’. Para esta película entramos en las entrañas de una gran montaña, y esta vez, en “El infierno”, nos hemos adentrado en las profundidades de la desolación. Sientes todo el peso de la presión que allí se vive, un ambiente muy agobiante, porque, nada más poner un pie dentro, sientes la desesperación de los presos.
La primera vez entré sin cámara junto a Jorge Crisafulli, y nunca había visto algo así. La situación de los presos era extrema: algunos famélicos, pesando 36 kg… Era una cosa muy impresionante, y te llaman la atención la desesperación, los rostros, las enfermedades, cómo se abalanzaban hacia Jorge en busca de ayuda…
Me quedé bastante impresionado, y varios días después accedimos a la cárcel, ya con las cámaras.


