Oscar Alegría: «He descubierto que tu fin del mundo puede ser tu origen»
- Fecha18 de Agosto
- Temática Audiovisual
Tomando una frase de la película, un náufrago siempre quiere abandonar su isla, pero, en su caso, quiere volver a ella.
-Es un regalo de la historia este escenario, dentro del drama que tiene, ya que el paisaje de tu infancia desaparece bajo el agua. Lo único que podemos hacer al final es robarle a la muerte la última palabra. Y zumiriki es, de hecho, la última palabra en ese diccionario de palabras de su pueblo que escribió mi padre. Y sí, hay un concepto en la película que me gusta mucho y es el del antináufrago. Este personaje no sale a pedir ayuda cuando escucha un helicóptero, sino que se esconde. Y como bien dices, un náufrago está deseando construir un barco para salir, frente a este, que quiere volver a esa isla, que es la isla de su infancia.
¿Al final, ‘Zumiriki’ es una película sobre la infancia, sobre todo sobre el territorio de una infancia feliz al que no podemos volver, pero cuyo recuerdo reconforta?
-Totalmente. Por eso quiero creer en la universalidad de esta película. Yo soy el protagonista de este pequeño viaje a la infancia, pero todos tenemos una isla o un verano que no tenía fin. En mi caso fue muy feliz. Imagínate, teníamos una borda junto al río, y allí estábamos todos los primos jugando en la orilla, en el río, rodeados de una montaña. Subirse a un árbol era importante, de hecho, creo que esta película hace un viaje vertical de la tierra hacia el aire. De pequeños subirnos a un árbol era un acto de rebeldía, porque lo teníamos prohibido. En ese sentido, la película regresa a ese acto de desobediencia y declara: Quiero abandonar la tierra, quiero estar en el aire. Por eso los libros que me llevé fueron de gente que se eleva subiéndose a una torre o a una roca. Ese mirar las cosas sin un sustento firme bajo los pies es una idea bonita.
La película también habla de parar el tiempo para vencer a la muerte.
-Eso es. Puede sonar como algo muy profundo, pero lo he hecho de manera lúdica. Yo voy recogiendo objetos del naufragio de mi pasado y, entre ellos, en la cocina de mis abuelos había un reloj parado a las 11 y 36 minutos y 23 segundos. He pensado muchas veces qué pasó en ese momento. Y me lo llevé a la cabaña, donde permanecía parado, claro. Es muy interesante dejar en la ciudad las prisas e irte al bosque para darte cuenta de que todavía tenemos una esencia algo salvaje.


