Gordailua: La casa de los recuerdos

  • Gordailua: La casa de los recuerdos
    Un visitante observa unas baldas llenas de grandes tinajas y alfarería antigua

  • Fecha1 de Julio
  • Temática Patrimonio, Otros

Arte, etnografía, maquinaria industrial, arqueología... El centro de conservación Gordailua de Irun alberga miles de piezas que son “testigos de la historia de Gipuzkoa”, colecciones públicas y privadas que duermen a 20 grados, sin bichos ni humedad

Gordailua es como una caja de sorpresas de tres plantas. Un lugar sagrado, casi mágico, donde un grado de temperatura arriba o abajo marca la diferencia entre la excelencia y la mediocridad;el ser o no ser. Allí duermen infinidad de obras de arte, herramientas y máquinas históricas, documentos, ropas, tesoros, todos ellos, “que han sido testigos de la historia de Gipuzkoa”. Desde el primer tractor matriculado en el territorio a las obras de arte del escultor Nestor Basterretxea. Un lugar “bastante desconocido”, pese ofrecer visitas guiadas gratis bajo petición. “La gente se sorprende cuando lo conoce”, admite su director, Carlos Olaetxea.

En sus 4.000 metros cuadrados, acoge las colecciones patrimoniales de la Diputación de Gipuzkoa, los bienes del museo San Telmo de Donostia y de otras entidades públicas y privadas. Todo tiene cabida en este centro, si tiene una historia que contar. Si tiene valor. La mayor parte de este patrimonio son piezas etnográficas y obras de arte: en total más de 70.000 objetos. Y es también, desde 2015, el depósito de Arqueología y Paleontología de Gipuzkoa para la custodia de las piezas obtenidas en excavaciones, prospecciones o hallazgos casuales: 10.000 cajas que esconden unas 200.000 piezas.

Levantada en la antigua fábrica de Radios de Irun (URI) en 2009, con tecnología puntera y un diseño a la carta, Gordailua se ha convertido en la casa de los recuerdos de Gipuzkoa y a menudo provee de material a museos o exposiciones temáticas. Muchas de las piezas que alberga dormían hasta entonces en naves industriales, almacenes o antiguas fábricas que alquilaba la Diputación y estaban expuestas al calor en verano, al frío en invierno y de forma permanente a su “peor enemigo, la humedad”.

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