Garbiñe Ortega: "En Gasteiz hay personas haciendo un trabajo fantástico pero nos faltan espacios y momentos para el encuentro"

  • Garbiñe Ortega:
    Garbiñe Ortega, Comisaria de cine

  • Fecha15 de Enero
  • Temática Audiovisual

Tras vivir y trabajar en Estados Unidos y México, Garbiñe Ortega afronta los nuevos retos profesionales que le aguardan de nuevo desde su Vitoria natal. Especializada en el cine de no-ficción y experimental, su próximo reto es dirigir, en Pamplona, el Festival Internacional de Cine Documental Punto de Vista

Su labor con el séptimo arte, tanto en el papel de comisaria como en otras ocupaciones (jurado, productora, programadora...) ha llevado su nombre y su trabajo por diferentes países. Ahora, de nuevo en Gasteiz, sigue desarrollando diferentes proyectos e impulsando plataformas de encuentro y trabajo en colectivo como Kalakalab. Para lo que, por el momento, no queda tiempo es para la música, esa pasión que le llevó, por ejemplo, a dirigir una Escolanía Samaniego que, por cierto, en este 2018 cumple 50 años.

Estamos en el siglo de la imagen, o eso dicen, pero ¿estamos educados y estamos educando para entender ese lenguaje, para comunicarnos a través de él?

Cuando me empecé a interesar por la educación y la imagen en movimiento, y de eso han pasado unos años, ya decía que llegábamos muy tarde. En la última década, además, ha habido todo un desarrollo tecnológico que hace que los más jóvenes se desarrollen con herramientas que a los adultos nos cuesta entender. Estamos muy tarde y hay mucho trabajo por hacer, no sólo para aprender a descifrar códigos y aprender todas las posibilidades de este lenguaje, sino para seguir el avance tan veloz de la tecnología. Hay gente que en Europa está llevando a cabo proyectos maravillosos de creación y de análisis. Aquí también se están dando pasos puntuales. Pero hay un trabajo que hacer desde las escuelas para implantar una asignatura o una formación específica que tenga que ver con la imagen en movimiento y con cómo aprendemos a manejarnos con ese lenguaje. Lo mismo podría decir de las redes sociales. Hemos llegado a manejarnos en universos virtuales sin tener mucha idea de cómo funcionan, cómo afectan, cómo esa rapidez está generando nuevas formas de relacionarnos... Es un tema muy complejo, que está evolucionando de manera muy rápida y al que, lamentablemente, no damos la importancia que tiene.

En su caso, ¿qué le atrajo del mundo de la imagen?

Siempre pensé que me iba a dedicar a la música. De hecho, llegué al cine bastante tarde y estuve compaginando ambos mundos. Claro que de niña y de joven veía cine, pero como lo hacía el resto de mi generación. Cuando me decanté por hacer Comunicación Audiovisual en la universidad, aquello terminó siendo un acercamiento al cine que no me interesó mucho. Pero poco a poco me empecé a encontrar con la fascinación por un montón de cines a los que no había tenido acceso hasta ese momento. Descubrir los cines de vanguardia fue lo que impulsó mi pasión por lo que hago hoy en día.

Son muchos los que escuchan hablar de cine de vanguardia o experimental y por dentro se les encienden las alarmas: raro, incomprensible... ¿Qué encontró usted para dejarse atrapar?

Para empezar, muchas posibilidades de leer la realidad porque no ofrece ni patrones ni mensajes cerrados que quieren, de manera clara, conducirte a una lectura. El cine experimental me estimula en cuanto que es todo lo que tú quieras. Hay una participación muy activa por parte del espectador;es muy sensorial y por lo tanto es otro tipo de viaje a nivel de experiencia;y me parece muy libre, que es algo que me encanta. Está muy bien que me cuentes una historia, pero también me estimula mucho el dejarme llevar, y el poder aportar yo. Es verdad lo que decías antes. Tendemos a categorizar todo y tenemos muchos prejuicios. Pero por eso también me gusta mucho mi trabajo, que pasa por tratar de eliminar esas barreras que tienen que ver con el cine. Cuando programo cine experimental, según el contexto, no digo que es cine experimental para dejar que la gente se sorprenda porque, por desgracia, tenemos muchos prejuicios en muchos aspectos. Si a un niño que no sabe lo que es el cine experimental le pones una película de Norman McLaren, le maravillará. No le tienes que decir: bueno, es cine experimental, que es un cine raro o difícil de entender. No, esos son tus prejuicios. Un niño va a conectar inmediatamente con ese universo, con esos estímulos visuales y sonoros. Al final, con niños y con adultos, mi trabajo es dar acceso y crear contextos para que la obra se disfrute.

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