Igor Ijurra: «La seña de identidad de nuestros coros es el sonido de los tenores»

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Naiz

  • Fecha4 de Enero
  • Temática Música

Tras titularse en Canto en el Conservatorio Sarasate y en Dirección Coral en Musikene, y habiendo dirigido a la Coral de Etxarri y el Coro de Hombres de Iruñea, Igor Ijurra asumió la dirección del Orfeón Pamplonés en 2005, coincidiendo con una reestructuración del coro que lo ha llevado, en la última década, a un gran crecimiento en lo musical y a colaborar con directores y orquestas de proyección internacional.

Igor Ijurra comienza el año planificando la agenda de trabajo que el Orfeón Pamplonés deberá seguir en los próximos seis meses, de cara a varios conciertos con obras nuevas para el coro y una nueva invitación del director ruso Valery Gergiev, que ha invitado al Pamplonés al famoso festival Noches Blancas de San Petersburgo. 

¿Cómo fue para usted asumir la titularidad del Orfeón Pamplonés en 2005, con solo 32 años?

Fue una gran responsabilidad porque es un coro de los que yo denomino “institución”. Conjuntos corales como el Orfeón Donostiarra, el Orfeó Català o la Sociedad Coral de Bilbao tienen tanto peso social y una historia tan rica, que entrar a dirigir uno de ellos va más allá de lo puramente musical. Yo llevaba dirigiendo coros desde los 19 años, había labrado mi experiencia con la Coral de Etxarri, un coro de 55 personas en una población de apenas 2000 habitantes y con unas voces excelentes. Con ella ganamos concursos, colaboramos con la Orquesta de Navarra... así que ya estaba empapándome del repertorio sinfónico coral, que conocía además de cantar varios años con la Coral Andra Mari. Así que, cuando me llamaron para dirigirlo, para mí fue un paso natural.

Sus primeros contactos con el Orfeón no fueron fáciles.

En aquel momento el coro estaba en una situación interna muy delicada. Me pidieron que los preparara para una “Sinfonía n.º 2” de Mahler y, aunque no reinaba el mejor ambiente entre las filas de los cantantes, al final fue un éxito porque me conocía muy bien la partitura. Unos meses después me propusieron coger las riendas del Orfeón y lo vi como una oportunidad, aunque al principio fue duro: era un coro en precario y muchos cantantes lo abandonaron, pero al mismo tiempo teníamos grandes retos por delante, como unos conciertos en Málaga y en Bilbao con Juanjo Mena. Aquello hizo que el grupo humano se fortaleciera y mejorara musicalmente, y desde entonces el crecimiento comenzó a ser constante.

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