Juan Kruz Igerabide y Elena Odriozola. Cuentos del país de los vascos

  • Juan Kruz Igerabide y Elena Odriozola. Cuentos del país de los vascos
Deia

  • Fecha2 de Enero
  • Temática Artes visuales, Literatura

Cinco historias de la tradición oral que reviven y se actualizan cada vez que una familia las cuenta a su manera se recogen, para deleite de niños y mayores, en un libro escrito por Juan Kruz Igerabide con bellas ilustraciones de la donostiarra Elena Odriozola.

Las historias de la tradición oral son, como dice el escritor guipuzcoano Juan Kruz Igerabide en el prólogo de su libro, “cuentos sin fronteras”. “Habitan el mundo y corren de un país a otro, de una lengua a otra, se transforman, se acortan, se alargan, se mezclan con otros cuentos”. Y en ese proceso se actualizan de manera natural, reviven;o mejor aún, se vivifican.

Así ha ocurrido con cuentos de la tradición oral de la cultura vasca como los cinco que rescata el libro Cuentos del país de los vascos, editado en castellano y también en euskera -Euskal Herritako ipuinak- por la editorial navarra Cénlit y su sello para obras en lengua vasca Denonartean. Ajito/Baratxuri, Zapaterito/Zapatari txikia, El huevo del pájaro/Txoritxoaren arrautza, El rey y la sal/Erregea eta gatza y El perro del molinero y el pájaro cantor/Errotariaren txakurra eta txori kantaria son las cinco historias que reviven en esta bella publicación, enriquecida con maravillosas ilustraciones de Elena Odriozola.

Juan Kruz Igerabide (Aduna, 1956) ofrece una relectura de estos cuentos de las tierras vascas a ambos lados del Pirineo, recogidos por diversos investigadores. Se ha basado especialmente en los que José María Satrustegi recogió en Nafarroa y José Miguel de Barandiaran y José Arratibel, en Gipuzkoa. “Son historias que he utilizado tanto con mis alumnos cuando fui profesor de Primaria como luego, y sobre todo, en casa. “Se cuentan de diversas maneras, según las comarcas y las tradiciones familiares. En este libro los cuento como lo hacemos en casa”, dice Igerabide, quien en este sentido apunta que las historias no son una transcripción fiel de lo recogido por los investigadores, sino que “eso ha sido revivido dentro de casa”. En concreto, ha realizado una labor de “actualización del lenguaje, intentando que sea vivo, el que yo he utilizado en casa a la hora de contar estas historias que contaban los abuelos y las abuelas hace cien años en los caseríos. Yo las he contado tal y como las contaría ahora. Conservando los símbolos, pero cambiando en ocasiones las formas de las creencias sociales”, dice.

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