Un abrazo por la paz

  • Un abrazo por la paz

  • Fecha4 de Diciembre
  • Temática Artes visuales

Este mes se cumplen 20 años del abrazo de Zabalaga, en el que Eduardo Chillida y Jorge Oteiza se reconciliaron después de tres décadas de enfrentamiento personal. Un mensaje de paz que traspasó el ámbito artístico

“Solo cuando llegué a Hernani me dijeron que quería que fotografiara el abrazo, era secreto”

E DUARDO Chillida: - No hay que preguntar quién es este...

Jorge Oteiza: - Ya sé que soy un inválido. ¿Cómo estás, viejo? ¡Qué alegría! (emocionado).

Chillida: -Se acabó toda esta etapa estúpida. Y tú, ¿cómo estás? Cuando tenga tu edad ya no estaré. Yo voy a durar menos. Tú siempre has sido así, hemos vivido en un país muy complicado.

Oteiza: - El ejemplo principal lo tenemos que dar los artistas;es la fuerza nuestra. Estamos dando un ejemplo que debe seguir el país.

Las palabras de los dos tótems del arte vasco todavía resuenan en la memoria del fotógrafo Ángel Ruiz de Azua veinte años más tarde. El que fuera por aquel entonces responsable de fotografía de Deia fue testigo de excepción, junto a las cámaras de ETB, del reencuentro el 15 de diciembre de 1997 entre Jorge Oteiza, de 89 años, y Eduardo Chillida, de 73, que acabó con tres décadas de enfrentamiento personal. El marco elegido para sellar la paz fue una escultura de hierro tituladaBesarkada (Abrazo), en el caserío de Zabalaga, propiedad de la familia Chillida, donde ya estaba en marcha el proyecto de Chillida-Leku.

“Oteiza le pidió al productor del televisión Jon Intxaustegi que me llamara para que hiciera las fotos del encuentro, pero que no me dijera nada de lo que iba a suceder. A Jorge le habían gustado mucho las fotos que le saqué para varios reportajes del periódico. Quedé con Jon en Donostia y allí me pidió que le siguiera con el coche. Solo cuando llegué a Hernani me contaron que querían que plasmara con mi cámara el abrazo de reconciliación entre los dos escultores”, explica este fotógrafo, que capturó cientos de instantáneas del emotivo encuentro.

Una reconciliación que trascendió el ámbito artístico. “Vivíamos tiempos convulsos en Euskadi, los partidos políticos no llegaban a acuerdos... Jon, que fue como un hijo para Oteiza, me explicó que el abrazo entre estos dos genios del arte vasco se podía convertir en un mensaje de paz para la sociedad vasca”.

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