Jose Lainez y Concha Martínez: «La necesidad de crear surge de preguntas sin respuesta; todavía no sabemos qué es la danza»
- Fecha24 de Mayo
- Temática Artes escénicas
Los “nervios” ante el acto del próximo sábado en Olite están a flor de piel en la primera pareja que se alza con el Premio Príncipe de Viana de la Cultura.
Charlar con los Lainez, donostiarras afincados en el valle navarro de Etxauri, es disfrutar de la cercanía y la autenticidad. La misma con la que, en su día, revolucionaron la danza sin proponérselo, derribando las barreras existentes entre el arte y la vida. Y vaya si ha valido la pena. “Volveríamos a hacerlo”, dicen sin pestañear. Y, lo mejor, se han divertido haciéndolo. Sus sonrisas lo reflejan mientras recuerdan aquellos tiempos en los que fueron pioneros, rompedores, vanguardistas. Su pasión y su trabajo disciplinado y honesto, auténtico, les ha hecho merecedores del Premio Príncipe de Viana de la Cultura 2017. Lo recibirán en el Palacio Real de Olite en compañía de sus familias, venidas de Donostia y de Valencia, donde viven los dos hijos de Concha y Jose, David y Alfonso Lainez Martínez, y el único nieto que tienen, de nueve años.
Nunca han sido muy amigos de los protocolos, del hecho de recibir galardones; incluso una vez en Sitges se escabulleron de la entrega de un premio...
-(Ríen) Jose Lainez: Sí, nos escaqueamos, y eso que era un premio importante, el Premio Internacional de Teatro de Sitges, para un montaje que hice con la compañía TEN (Teatro Estable de Navarra). Pero como esos rollos de los premios no me gustan...
¿Cómo se sienten a una semana de recibir el Príncipe de Viana?
-Concha Martínez: Nerviosos.
-J.L.: Sí, seguimos nerviosos, como cuando nos dieron la noticia, pero muy contentos porque es bueno para la danza. A ver si le hacen un poco más de caso de vez en cuando.
¿Saben ya cómo enfocarán su discurso en Olite?
-J.L.: No, porque como nunca hemos hablado en público y no nos gusta nada, y bailar ya no podemos porque estamos viejos... (Ríe) Aparte de los agradecimientos, aún no tenemos claro qué surgirá. Contar otra vez toda nuestra historia es un rollo; nos gustaría enfocarlo en qué va a pasar con nosotros a partir del premio en adelante, porque con la danza en Navarra sabemos que va a ir muy bien.
¿Y con los Lainez?
-J.L.: No lo sé, no sé lo que haremos.
Es la primera vez que el Premio Príncipe de Viana de la Cultura se otorga a dos personas, un tándem indisoluble y perfecto en este caso...
-J.L.: Sí, siempre hemos trabajado juntos, desde que empezamos a hacer danza en la escuela de Uruñuela en Donostia, hace 59 años. (Concha ríe)
¿Qué se han aportado mutuamente en el trabajo con la danza?
-J.L.: Es que nos entendemos de maravilla; ella me mira y ya sabe lo que voy a hacer y lo que ella tiene que trabajar para que lo que he pensado se ponga en marcha, como la maquinaria de un reloj, ajustándose unas piezas con otras. La labor de Concha es mucho más importante de lo que ella cree.
-C.M.: Trabajar con Jose para mí siempre ha sido tan natural, que nunca me ha supuesto ningún esfuerzo. La danza nos unió, cuando éramos unos críos de 16 y 18 años, y ese ha sido nuestro mundo. Sin forzar nada. Simplemente teníamos claro que queríamos bailar, y que íbamos a hacerlo por encima de todo. A partir de ahí todo surgió de una manera natural.


